Los torcidos del mundo afectan la calidad de vida de todos
Enciendes esa PC, portátil o en el escritorio, y esperas. Esperas a que el conjunto de programas se active para que puedas comenzar tu trabajo. Cada día las computadoras tienen componentes más y más potentes, una gigantesca cantidad de memoria de altísima velocidad. Cada día son, en pocas palabras, más poderosas. ¿Por qué entonces cada día tardan más y más en ayudarle a uno a hacer las tareas más sencillas? Si abres tu navegador, tienes que esperar decenas de segundos hasta que brota la pantalla que te permitirá abrir esa página que requieres. Y si te has descuidado, antes de que te permita llegar a esa página, te habrá mostrado una serie de gráficas con animación que no te interesaban pero que, de pronto, captan tu atención y olvidas lo que ibas a hacer. Y cuando intentas hacer lo que deberías o lo que ahora te ha distraido, notas que tienes que esperar, esperar y esperar más. No esperas a que las páginas sean servidas a través de Internet. No, eso es cada día más veloz. Esperas a que...