Cambio que no debemos interrumpir
La historia de nuestro país nos muestra un trayecto difícil. Las dos grandes revoluciones que hemos tenido como país —la de 1810 y la de 1910— fueron luchas veladas de clases, con alto contenido racial. El resultado de esa historia fue lo que vimos a lo largo del siglo 20. La política —que es la cosa pública— se fue concentrando en los políticos . Estos deberían ser congruentes con la “revolución” y trabajar siempre a favor de los que se levantaron en armas para reivindicarse como seres humanos con los mismos derechos. El México de hoy cuenta con legislación que cancela cualquier diferencia de derechos por raza, religión, género o preferencia sexual. Pero una cosa es lo que constitucionalmente está sustentado y otra lo que se percibe. Al observar la conformación de la gente en las ciudades y los campos, lo primero que debemos traer a la mente es el marco legal en el que suceden las cosas. Las oportunidades económicas, educativas, de salud y políticas son legalmente idéntica...