Cuando los grandes y poderosos te c******
Voy a contarles la historia con una gran simplicidad. Y la historia comienza cuando yo pensé que sería una buena idea crear una aplicación sencilla, fácil de llevar a todos lados, como una manera de escribir libros. Sí, porque cuando escribes un libro las ideas se te pueden ocurrir en cualquier momento y se trata de que, en donde sea que estés, puedas escribirlas y convertirlas en parte de ese libro.
Pues hice el programa y le di el muy imaginativo nombre de "Escritor". Lo pueden ver; si están leyendo esto existe aun; no lo voy a matar. Lo que no puedo hacer es anunciarlo a través de un servicio que se llama Google Ads.
Yo estaba seguro que era una cosa tan sencilla como hacer tu anuncio pequeñito, como esos que salen en las páginas de Google como YouTube, las búsquedas, te llegan a tu Gmail, etcétera. Eso sería todo, sin mayor problema. Preparamos las páginas que llaman landing —páginas de aterrizaje— y pensamos que todo estaba en orden.
Nos aseguramos de que la aplicación no falle en ninguna de las instrucciones que se le den o de las misiones que se le encarguen.
Si tú usas nuestro programa escritor te vas a dar cuenta de que es muy fácil escribir en él porque no necesitas ocuparte del formato. Solo en la idea, como a mí me está pasando en este momento que estoy escribiendo esto. Si tú lo lees y tienes práctica en entender español por escrito, vas a entender lo que estoy diciendo.
Pues si tú sabes escribir en español o en inglés o en portugués o en francés vas a poder usar la aplicación llamada "Escritor". Pero no es solo eso sino que "Escritor" divide tus escritos en capítulos, marcas cuando quieres que se convierta en un subtítulo del capítulo, en un sub subtítulo del capítulo de un subtítulo etcétera. Marcas con gran facilidad y sin despegar el dedo del teclado. Sin usar la tecla control para negrillas o itálicas (cursivas) o listas numeradas o no numeradas.
En fin todo está allí con toda facilidad. Quien quiera escribir ya no va a tener el pretexto de que no tiene tiempo y que por eso nunca puede avanzar su libro. Con este programa se acaba ese problema. Todo el que realmente tenga ganas de comunicar por escrito en forma de literatura una idea, lo podrá hacer con una gran facilidad, usando esa idea que yo llamé el "Programa Escritor".
Así de sencillo publiqué una página de presentación —página de aterrizaje— y en esa te digo las formas de poder usarlo. Son básicamente tres: 1) una cuenta demo con credenciales públicas para que tú inmediatamente entres al programa y hagas lo que quieras con él; 2) un formulario de suscripción para que tomes el plan que quieras; 3) el WhatsApp para que te comuniques conmigo y platiquemos cuáles podrían ser las dudas que tendrías.
A mi entender, la propuesta estaba suficientemente clara: Escritor es una herramienta para quienes quieren escribir un libro, organizarlo por capítulos y exportarlo en formatos útiles. Al investigar el mercado, encontré algo evidente: muchísima gente dice que quiere escribir un libro algún día. También encontré software especializado en escritura de libros con millones de descargas, aunque solo una parte mucho menor parece mantenerse como usuario activo.
Es decir: muchos sienten la intención; pocos convierten esa intención en trabajo constante.
Con esa expectativa lancé anuncios en Google Ads para México. Durante los primeros dos días, Google mostró los anuncios a más de 7,000 personas. De ellas, alrededor de 380 hicieron clic y llegaron a la página de Escritor.
El resultado fue desconcertante: ni una sola persona usó la cuenta demo, aunque no requería registro ni pago; ni una sola persona se suscribió; y unas 30 personas escribieron por WhatsApp, casi siempre con preguntas que no correspondían realmente al uso de la aplicación.
Al tercer día, Google Ads detuvo la campaña. El motivo informado fue que los anuncios estaban limitados por una política aplicable a un país de orientación: México, que era justamente el único país al que se dirigía la campaña.
El problema no fue solamente la suspensión o limitación. El problema fue la falta de claridad. Google Ads no indicó con precisión qué texto, elemento visual, página, promesa, palabra, flujo de pago o característica del sitio debía corregirse. Solo informó que una política impedía mostrar los anuncios en México.
Todas las variantes del anuncio quedaron marcadas de la misma forma, sin una explicación práctica que permitiera corregir el problema.
La experiencia deja una conclusión incómoda: no basta con tener un producto funcional, una página clara y una oferta razonable. En la práctica, una plataforma publicitaria puede detener por completo la prueba comercial sin ofrecer una ruta clara de corrección. Y, al mismo tiempo, los clics obtenidos no necesariamente representan intención real de uso, mucho menos intención de pago.
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