sábado, 8 de junio de 2013

Sin ética, el mensaje es basura

La BBC o British Broadcasting Corporation, es un ejemplo importante en la historia de la humanidad con respecto a la manera en que una sociedad se provee a sí misma de un medio de comunicación que no responderá a intereses ajenos a los de informar con el máximo, estricto, apego a los hechos, a la colectividad que la sostiene.

En el territorio de las islas británicas, la BBC se mantiene con las aportaciones que se obtienen de todos los que cuentan con aparatos para recibir la señal de TV a través de la cual se transmite.

En México sí existe algo parecido, pero siguiendo el modelo USA. La estación mantenida con impuestos de mexicanos, trata de competir con los consorcios televisivos privados, perdiendo la batalla. El auditorio de la televisora que podría corresponder al modelo de funcionamiento de la BBC, quizás no cuente ni con 3% del auditorio nacional.

Pero además, habría otro problema. La costumbre del político en México es ocupar el cargo de elección que le toca y cumplir con el compromiso de partido con que llega. Este “compromiso” incluye poner los recursos del Estado al servicio de los intereses del partido político. Obvio, aquí no vamos a ver propaganda abierta transmitida por la televisora; eso ya no es posible, por ley. ¿Entonces?

Lo que vamos a ver en estos casos, es noticias dadas con el sesgo que el gobierno en turno necesitará para “verse bien”. El mexicano dependerá totalmente del criterio político del partido al cual le toque gobernar. Por lo menos, un partido se abstuvo de intervenir para dictar el sentido de las noticias que se transmitirían en el canal oficial. Los demás no parecen haber actuado en esa misma forma.

Ese mismo fenómeno se ha visto con las televisoras estatales. Se convierten en la propaganda política más peligrosa, porque lo que se transmite no es presentado como propaganda, sino como “noticia”. Y sí, es noticia, pero redactada y escogida para que sea compatible con los intereses de quienes en ese momento detentan el poder.

Con Internet y los medios que allí han proliferado, la cosa no es diferente. El “tono” de las notas —lo mismo que la selección y omisión de las mismas— responde a los intereses propagandísticos del grupo en el poder. La posibilidad de que el ciudadano promedio quede objetivamente informado queda prácticamente nulificada.

La calidad de la información depende totalmente del criterio de los que dirigen y deciden qué se publica y cómo. ¿Cuántos directores de medios emiten instrucciones que podrían sonar en este sentido:?

Informen lo que la gente debe conocer para tomar decisiones apegadas a la realidad. No omitan lo importante; consideren importante todo aquello que puede afectar la vida del individuo, de la comunidad y del país. Eviten publicar conjeturas o especulaciones que no están probadas.

“Es que, señor, esta entidad de gobierno nos paga un anuncio... No nos conviene publicar la cosa en esta forma” podría ser el argumento esgrimido por alguien encargado de decidir qué se publica, cómo, en qué parte del medio, etc.

La pregunta de un director apegado a la simple ética podría ser: “¿Se está mostrando el anuncio pagado de acuerdo al contrato? Sí, ¿verdad? Entonces, así como cumplimos con nuestro contrato con esa entidad como cliente, debemos cumplir con la sociedad entera el contrato tácito de informar con equilibrio y objetividad...”

A los pocos días, cuando toque renovación de contrato de publicidad, podría suceder que la entidad mencionada con alguna sugerencia negativa en el medio, decida retirar su publicidad: “No pago para que me peguen...”

¿Qué hace la sociedad ante esto? Es obvio, que un colectivo de ciudadanos capaces de entender este problema, buscará la manera de que los medios más capaces de ser objetivos y éticos en lo que informan, sean los que se mantengan funcionando en forma garantizada, con una constante vigilancia.

Los medios que emiten notas, noticias y editoriales a través de Internet, van a verse favorecidos por las lecturas de sus páginas si el contenido es aprobado por los ciudadanos. A más páginas leídas, más banderolas publicitarias se podrán mostrar, enriqueciendo las posibilidades de facturación del medio.

Una Banderola Publicitaria es un corto mensaje —texto e imagen— que aparece en lugares claramente visibles de las páginas que aportan información, rodeando esa información y fotografías. La banderola que se muestra, anuncia un producto comercial, cuyas características, presentaciones, precios, condiciones, etc., se podrán ver con todo detalle en otra página de Internet que el lector podrá escoger ver con solo cliquear sobre la banderola.

Jamás el que pone publicidad y el que quiere saber de un producto, combinados, tuvieron un medio más idóneo que Internet tanto para dar a conocer un producto —por parte del que se anuncia— como para entender ese producto cabalmente —por parte del potencial consumidor.

En Internet, además, el que gana es el que es capaz de hacer dos cosas:

  1. Ofrecer verdadero contenido de valor
  2. Encontrar, inicialmente, la manera de promoverse

Sin (1), aunque se tenga eficiencia en (2), tarde o temprano —esperemos que temprano, para el bien de la sociedad— dejará de ser visitado. Por otra parte, con un buen contenido, un sitio de Internet irá creciendo en visitantes y páginas leídas conforme los buscadores detecten que el comportamiento de lectores anteriores fue bueno —buen tiempo en la página después de ser sugerida por el buscador.

Las condiciones tecnológicas están dadas para que, con una mínima inversión en tecnología, pero una constante mejora en calidad de contenido, los sitios informativos que ofrecen verdadero valor a la sociedad, deberán proliferar siguiendo las leyes de la oferta y demanda.

Sin embargo, regresamos obligadamente a que, sin ética en la dirección, la mejor presentación no se convertirá en beneficio de la sociedad. Progresivamente esto será entendido con mayor agudeza por el ciudadano; es cuestión de tiempo. Y el tiempo será menor en la medida en que quienes están encargados de educar, lo hagan también con simple ética.

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