domingo, 30 de junio de 2013

Trampa económica cultural

¿Qué está pasando en el país? Hablamos de México: ¿qué se puede decir cuando a escasos 7 meses de haber tomado el poder otro partido político los indicadores más importantes —empleo, industria, agricultura, servicios— no solo han dejado de crecer, sino que han decrecido?

Algunos no entendemos cómo debemos leer esos datos. Son un hecho: es lo que está sucediendo. Algunos lo han notado con las dificultades que muchos pequeños negocios están pasando para lograr sus cobranzas. Y cuando las cobranzas se hacen difíciles, algo más importante ya se hizo difícil y será aún peor: las ventas.

Todos los negocios —la base de las fuentes de empleo— requieren, para subsistir, que se realicen ventas. Sin ventas, los negocios no tienen razón de existir. Sin embargo, la economía del país —y en general, del sistema capitalista— requiere la existencia de negocios que producen artefactos que no son de primera necesidad, pero son atractivos para que una pequeña parte del ahorro personal se vaya en esa dirección, supliendo así fuentes de empleo y forzando la “redistribución” de la riqueza.

Pero cuando eso no sucede, cuando los recursos deben cuidarse —de lo contrario se caería en una situación de inflación— el individuo de a pie siente la dureza en su imposibilidad de realizar esas “ventas de lado” de las que subsistía. Son “de lado”, porque no se trata de artículos o servicios de primera necesidad para los que normalmente los consumen, sino de gastos que solo pueden efectuarse cuando hay sobrante en la economía.

Ah, interesante, sin embargo: exportación e importaciones continúan en sus mismos niveles o con un ligero ascenso. Esto significa dos cosas. Por un lado, tenemos que los negocios mexicanos orientados a vender sus productos en el exterior, continúan produciendo lo mismo y exportando con un ligero ascenso en sus volúmenes. Las importaciones deben mantener el mismo nivel. Por desgracia una gran parte de los insumos de los exportadores provienen de importación. Además, en la medida en que el país se ha inmerso en el mundo global —que a muchos molesta por mala captación de lo que significa a largo plazo— el consumo de los mexicanos contiene más elemento importado. Esto se puede financiar porque, de la misma manera, otras sociedades, otras economías, están también recurriendo a producto mexicano que ellos importan.

La cuestión es que el mercado interno no progresa. Está estancado. En tanto esto sucede, el gobierno nuevo está más preocupado por ver cómo capta más impuestos que por ver cómo los negocios se liberan de cargas y orientan sus recursos más al crecimiento y generación de empleos. Todo lo que se va hacia el gobierno solo sirve para financiar gasto público que puede o no resultar en beneficio para el país. Todo lo que se reinvierte en crecimiento en la empresa privada, redunda en más empleo y, por ende, crecimiento inmediato del mercado interno.

El mayor error que continúa cometiendo nuestra sociedad —el país entero— con los políticos en el poder a la cabeza, es creer que los impuestos son la salvación. La aspiración al puesto público en México es casi un asunto de características socio-patológicas. Y es que se sabe que las condiciones de ese tipo de empleo se convierten en seguridad para el individuo, aunque ésta se dé gracias a un pacto en el cual se acepta el estancamiento como proyección.

Los impuestos, no solo son onerosos, sino que el proceso para llegar a ellos es complejo, costoso, generador de falta de competitividad, improductivo y demás similares. Y todo esto podría cambiar si las cosas se simplificaran. Para ello hay que empezar con el concepto de declaración. ¿Cómo que “declaración”? ¿No tiene el sistema tributario del país una completa base de datos que le informa todo lo que todos facturan y lo que todos pagan? Un gobierno que tiene controlado todo lo que se factura y todo lo que se paga (lo que pasa por los bancos) para qué rayos necesita una declaración? Es obvio que es una manera de retar a la sociedad, como si ésta fuera enemiga y habría que encontrarle en dónde puede estar dejando de cumplir.

La desgracia es que el costo en energía social de cumplir se hace oneroso en detrimento de la competitividad. Y esto es lo que no es posible mantener. Es un lujo que nos está costando a todos en falta de crecimiento del mercado interno. Es algo que estamos obligados, como país, a detener. No podemos jugar con la política en este renglón, porque es jugar con el bienestar del resto de los ciudadanos. El sistema tributario del país tiene que convertirse en algo automático; de lo contrario, el costo continuará impidiendo crecimiento sano.

Si la idea de la erradicación del concepto de “declaración” es algo nuevo, es decir, algo que no se ha practicado en otros lugares del mundo, entonces lo que procede es lanzarla globalmente. Los sistemas informáticos del día de hoy permiten la automatización total, completa y sin pretextos personalizados, del pago de contribuciones de acuerdo a leyes que al ser elaboradas, tomen en cuenta esas posibilidades.

La “declaración” fiscal está haciéndose cuando se emite una factura. Ésta es, siempre, un “documento público”. Lo es porque está sujeto a escrutinio de la sociedad. ¿Por qué ahora se promueve la inexistencia del “secreto bancario” pero se mantiene el secreto de la facturación? No tiene sentido.

La cuenta bancaria fiscal está ahora totalmente sujeta al escrutinio del Estado en el momento en que éste lo pida. Obvio, el Estado legal es representante de la sociedad; ésta es el colectivo de todos nosotros. Ése es el punto perfecto para el filtro del tributo al tesoro central al cual todos estamos obligados a cooperar.

¿Estamos realmente obligados? Sí, en la medida en que seamos una sociedad llena de desigualdades. El objetivo debe ser la cancelación de esas desigualdades; es una meta que perseguirá la conversión del país en una sociedad igualitaria. La idea es que nadie tiene por qué ser premiado cuando hace uso de facultades circunstanciales. Como tales, son facultades sin mérito personal; por ello, no tienen por qué ser “premiadas” con riqueza que haga, a quienes las tienen, diferentes a los demás. El filtro para la cobranza de impuestos concentra en el tesoro de la nación esos recursos que se ponen a disposición de la sociedad entera.

Algún mecanismo deben tener los países llamados igualitarios como Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega, Holanda, Bélgica y unos cuantos más. Son sociedades que han enseñado desde la cuna la necesidad del igualitarismo. Los que producen mucho y se podrían convertir en millonarios, saben que deben pagar grandes cantidades en impuestos. Estos pagos son lo que finalmente los deja a todos a los mismos niveles. Nadie tiene que preocuparse por educación, salud, aposento, ropa, alimento, entretenimiento y demás elementos sustanciales a la vida humana en cultura.

Por desgracia, el mundo tiene un monstruo que se llama Estados Unidos de América. Hoy es la cuna del sistema monetario mundial. Ellos han puesto reglas del juego que todos deben obedecer o sucumbir. México se encuentra inmerso en ese ámbito de reglas. Son reglas aparentemente adecuadas para que el sistema de la libre oferta y demanda funcione eficientemente. Sin embargo, es la política económica de ese mismo país, el factor que en forma más brutal ha roto las mismas reglas que les impone a los demás países. Ellos han puesto en circulación en el mundo entero una gran cantidad de cheques sin fondos; pero se llaman Dolares USA y circulan porque son deseados por todas las economías del mundo. Es el billete que sirve para que se paguen entre sí sus deudas; la ventaja para los EEUU es que es un dinero que no regresará para ser cobrado en el territorio de quien firma como responsable del mismo.

Esta incursión de razonamientos, al dar la vuelta nos ha mostrado cómo los puntos de partida se unen. Allí tenemos el panorama; es obvio que exige solución y ésta no se está dando.

domingo, 9 de junio de 2013

Libertad de Expresión, derecho manoseado

Ayer fue 7 de junio de 2013, día que el ex presidente Miguel Alemán Valdés instauró como para celebrar la Libertad de Expresión en México. Hoy, día 8, después de 24 horas de más o menos pensar qué se puede decir del tema, escojo lo que expongo.

Los mexicanos siempre encontramos la manera de hacer elásticas las leyes, así como también las obligaciones, pero sobre todo los derechos. En esta forma, el derecho a la Libertad de Expresión, se ha convertido en tema de polémica: cada quien desea que esa libertad se extienda hasta donde le convenga al que quiere hacer uso de ella.

Así, la libertad de expresión se ha convertido en un caos politizado de información falsa o escogida verdadera, para hacer que personas, cosas, eventos, entidades, grupos, etc., parezcan lo que el comunicador quiere, y no lo en realidad son.

Así, los políticos le temen a esa libertad y andan viendo cómo mantienen tranquilos a los que manejan los medios. Los políticos saben que en el momento que lo deseen, los comunicadores capaces pueden lanzar textos llenos de verdades a medias —la forma más peligrosa de decir mentiras— que se mezclan con sucesos muchas veces sin ninguna relación con quien mencionan.

Pero es lo que permite la Libertad de Expresión. Y mucho cuidado con que alguien ose sugerir que esa libertad debe ser “regulada”. No, ¡por favor! ¡Esa sería un sugerencia sacrílega! Aunque hoy por hoy, todos los días, el pésimo uso de esa libertad está generando ciudadanos muy mal informados, incapaces de tomar decisiones colectivas de valor para sus comunidades.

Vivimos en un sistema de escasez: nada es infinito en nuestro sistema. Por lo tanto, el “pastel” debe ser cuidadosamente distribuido entre todos los que más o menos van justificando su derecho a un pedazo —o varios. La Libertad de Expresión se usa para comunicar las cosas de tal forma que los intereses de quienes comunican sean los que queden mejor parados. Hay que hacer que “se vean bien” las entidades que dan provecho a los comunicadores, ¿no es así?

El argumento es muy sencillo: el comunicador vive de lo que le pagan los que tienen interés en publicar algo en sus medios. El único comunicador libre es el que puede realmente decir lo que piensa, aquello en lo que está honestamente convencido y que no tiene nada que ver con los intereses de las entidades que protagonizan los escritos. Esto es posible cuando el medio solo es aprovechado como vehículo para llevar mensajes comerciales, en donde la calidad de lo que se anuncia es responsabilidad de quien lo anuncia.

Pero, ¿qué ha pasado en el país? Que los políticos de colmillo largo, han encontrado la manera de dominar a las entidades comerciales, de tal forma que las centrales de medios solamente utilicen medios que publiquen contenido “amigable” con los políticos en turno ejecutivo.

Y eso, ¿es legal? Eso es canallesco; en un mundo perfecto jamás podría ser legal. Pero México está lejos de ser una cultura perfecta. En algunas culturas modernas existirían maneras de acudir a instancias legales y acusar a los políticos que actúen en esa forma. El dinero público que se use para comunicar al ciudadano lo que sus gobiernos hacen, debe ser equitativamente distribuido entre todos los medios.

La realidad es que la calidad de la Libertad de Expresión está en manos de la ética de los directores de medios. Ellos y ellas son quienes pueden hacer de la información en México, algo que genere una nación mejor, o algo que continuará estancado en callejones culturales que no parecen tener fin.

¿Qué puede hacer el público en general? Sencillo: favorecer la lectura de medios que demuestren ética simple en la manera de tratar cualquier tema o cualquier postura política. El rechazo de la lectura de medios que no pueden ser considerados objetivos o éticos, provocará el triunfo del sitio que en forma más equilibrada y ética expone información.

sábado, 8 de junio de 2013

Sin ética, el mensaje es basura

La BBC o British Broadcasting Corporation, es un ejemplo importante en la historia de la humanidad con respecto a la manera en que una sociedad se provee a sí misma de un medio de comunicación que no responderá a intereses ajenos a los de informar con el máximo, estricto, apego a los hechos, a la colectividad que la sostiene.

En el territorio de las islas británicas, la BBC se mantiene con las aportaciones que se obtienen de todos los que cuentan con aparatos para recibir la señal de TV a través de la cual se transmite.

En México sí existe algo parecido, pero siguiendo el modelo USA. La estación mantenida con impuestos de mexicanos, trata de competir con los consorcios televisivos privados, perdiendo la batalla. El auditorio de la televisora que podría corresponder al modelo de funcionamiento de la BBC, quizás no cuente ni con 3% del auditorio nacional.

Pero además, habría otro problema. La costumbre del político en México es ocupar el cargo de elección que le toca y cumplir con el compromiso de partido con que llega. Este “compromiso” incluye poner los recursos del Estado al servicio de los intereses del partido político. Obvio, aquí no vamos a ver propaganda abierta transmitida por la televisora; eso ya no es posible, por ley. ¿Entonces?

Lo que vamos a ver en estos casos, es noticias dadas con el sesgo que el gobierno en turno necesitará para “verse bien”. El mexicano dependerá totalmente del criterio político del partido al cual le toque gobernar. Por lo menos, un partido se abstuvo de intervenir para dictar el sentido de las noticias que se transmitirían en el canal oficial. Los demás no parecen haber actuado en esa misma forma.

Ese mismo fenómeno se ha visto con las televisoras estatales. Se convierten en la propaganda política más peligrosa, porque lo que se transmite no es presentado como propaganda, sino como “noticia”. Y sí, es noticia, pero redactada y escogida para que sea compatible con los intereses de quienes en ese momento detentan el poder.

Con Internet y los medios que allí han proliferado, la cosa no es diferente. El “tono” de las notas —lo mismo que la selección y omisión de las mismas— responde a los intereses propagandísticos del grupo en el poder. La posibilidad de que el ciudadano promedio quede objetivamente informado queda prácticamente nulificada.

La calidad de la información depende totalmente del criterio de los que dirigen y deciden qué se publica y cómo. ¿Cuántos directores de medios emiten instrucciones que podrían sonar en este sentido:?

Informen lo que la gente debe conocer para tomar decisiones apegadas a la realidad. No omitan lo importante; consideren importante todo aquello que puede afectar la vida del individuo, de la comunidad y del país. Eviten publicar conjeturas o especulaciones que no están probadas.

“Es que, señor, esta entidad de gobierno nos paga un anuncio... No nos conviene publicar la cosa en esta forma” podría ser el argumento esgrimido por alguien encargado de decidir qué se publica, cómo, en qué parte del medio, etc.

La pregunta de un director apegado a la simple ética podría ser: “¿Se está mostrando el anuncio pagado de acuerdo al contrato? Sí, ¿verdad? Entonces, así como cumplimos con nuestro contrato con esa entidad como cliente, debemos cumplir con la sociedad entera el contrato tácito de informar con equilibrio y objetividad...”

A los pocos días, cuando toque renovación de contrato de publicidad, podría suceder que la entidad mencionada con alguna sugerencia negativa en el medio, decida retirar su publicidad: “No pago para que me peguen...”

¿Qué hace la sociedad ante esto? Es obvio, que un colectivo de ciudadanos capaces de entender este problema, buscará la manera de que los medios más capaces de ser objetivos y éticos en lo que informan, sean los que se mantengan funcionando en forma garantizada, con una constante vigilancia.

Los medios que emiten notas, noticias y editoriales a través de Internet, van a verse favorecidos por las lecturas de sus páginas si el contenido es aprobado por los ciudadanos. A más páginas leídas, más banderolas publicitarias se podrán mostrar, enriqueciendo las posibilidades de facturación del medio.

Una Banderola Publicitaria es un corto mensaje —texto e imagen— que aparece en lugares claramente visibles de las páginas que aportan información, rodeando esa información y fotografías. La banderola que se muestra, anuncia un producto comercial, cuyas características, presentaciones, precios, condiciones, etc., se podrán ver con todo detalle en otra página de Internet que el lector podrá escoger ver con solo cliquear sobre la banderola.

Jamás el que pone publicidad y el que quiere saber de un producto, combinados, tuvieron un medio más idóneo que Internet tanto para dar a conocer un producto —por parte del que se anuncia— como para entender ese producto cabalmente —por parte del potencial consumidor.

En Internet, además, el que gana es el que es capaz de hacer dos cosas:

  1. Ofrecer verdadero contenido de valor
  2. Encontrar, inicialmente, la manera de promoverse

Sin (1), aunque se tenga eficiencia en (2), tarde o temprano —esperemos que temprano, para el bien de la sociedad— dejará de ser visitado. Por otra parte, con un buen contenido, un sitio de Internet irá creciendo en visitantes y páginas leídas conforme los buscadores detecten que el comportamiento de lectores anteriores fue bueno —buen tiempo en la página después de ser sugerida por el buscador.

Las condiciones tecnológicas están dadas para que, con una mínima inversión en tecnología, pero una constante mejora en calidad de contenido, los sitios informativos que ofrecen verdadero valor a la sociedad, deberán proliferar siguiendo las leyes de la oferta y demanda.

Sin embargo, regresamos obligadamente a que, sin ética en la dirección, la mejor presentación no se convertirá en beneficio de la sociedad. Progresivamente esto será entendido con mayor agudeza por el ciudadano; es cuestión de tiempo. Y el tiempo será menor en la medida en que quienes están encargados de educar, lo hagan también con simple ética.