jueves, 31 de enero de 2013

La promiscuidad sería lo natural para el humano

Lo que he escrito abajo, es producto de haber leído lo que encontré en esta página:

¿Es la promiscuidad algo que está de moda?

Me exigía a mí mismo hacer estos comentarios:

El asunto es que eso de la promiscuidad no existiría de no ser algo que está en la esencia misma del humano. O, ¿creen los autores de este artículo que la monogamia, la pareja de “felices para siempre” es algo intrínseco a nuestros genes? ¡Nada qué ver!

Basta con darle una leidita al libro llamado Sex At Dawn para darse cuenta de que lo que está mal, es la forma en que en la cultura, a partir de la invención y el uso de la agricultura, hemos tratado de organizar la sexualidad.

El humano es sexual por placer, no para la reproducción. Todas las enfermedades llamada venéreas o las que se transmiten por la vía sexual, han existido siempre. Pero hay muchas cosas que hacemos mal hoy. Hemos metido a nuestras vidas un friego de virus que provienen de animales que comemos, cuando nuestros cuerpos están diseñados para ser herbívoros. Por allá tenemos una gigantesca puerta de la muerte.

Si decidiéramos de verdad ser una humanidad feliz, habríamos de darnos cuenta de que:

La sexualidad es asunto de placer y solo de paso es para la reproducción. Nuestros parientes más cercanos, los bonobos tienen, en promedio, más de 3500 cópulas sexuales por embarazo. Los humanos, hoy en día, tenemos en promedio unos 800 coitos por cada embarazo: estamos muy por debajo de lo que nuestra especie requiere. Por eso andamos todos hambrientos por resolver el asunto de la sexualidad. Nos faltan por lo menos, en promedio, unas 2700 cópulas por embarazo, cuando solo estamos teniendo, en promedio, 800.

Es nada más cuestión de pensar esto: ¿no nos estaríamos todos muriendo de sueño, todo el día, y buscando cómo dormirnos, si solo pudiéramos tener en promedio 1.5 horas o 2 horas de sueño al día? ¡Ya nos habríamos vuelto locos!

Más o menos eso está pasando con nuestra sexualidad. Es un asunto que está todo el tiempo presente, porque nos falta todo el tiempo. Nunca tenemos suficiente. No basta el sexo entre una pareja: siempre, en el fondo, se desea más, se busca más, porque no se tiene realmente lo que nuestra especie está biológicamente programada para tener.

Toda la terrible problemática proviene de que a partir del invento de la agricultura, se determinó que era necesario saber quién es el padre de las criaturas. A partir de ese momento todo cambió.

Miren, hay algunas tribus que quedan, de esas que llaman “primitivas”, en las cuales aún no es asunto importante saber quién es el padre. Para todos, cualquiera puede ser el padre, incluso la madre. ¡No es importante para nadie! Por lo tanto, hay una razón más para evitar la competencia entre las personas; por eso la vida entre estas personas es más de cooperar que de competir. Y, ¿saben qué? ¡no le interesa a nadie la pornografía! Claro, todo el tiempo andan desnudos y el sexo es parte natural de la vida, casi casi como dormir lo es para nosotros.

No le anden buscando: está mal que comamos proteína animal. Nuestro cuerpo es de herbívoros y solo deberíamos comer lo que viene de las plantas. Nuestro cuerpo no necesita nada de los animales: NADA. Si crees que sí, es porque te has tragado la píldora de la cultura de los vaqueros del oeste gringo.

Así como comemos mal, vivimos mal en cuanto a la sexualidad. No mal: súper mal. Estamos totalmente equivocados. Obvio: no es un asunto fácil. Realmente necesitamos una revolución.

Además del libro Sex At Dawn que les recomiendo, por allí tienen la novela Diez mil años de crueldad, que más bien se refiere a un grupo humano que decide terminar con la crueldad de la cultura haciendo ellos sus propias formas de vida ¡en total promiscuidad entre ellos y los que entren…! Claro, previo análisis de salud.

martes, 29 de enero de 2013

La Confianza ha sido destruida por los medios de México

Confianza: si desaparece, todo se vuelve más difícil. Sucede en todo tipo de relación entre humanos.

Sería tonto sugerir que se promueva confiar en todos. Por desgracia, eso no es posible. Pero queda el otro extremo: no confiar. Negarles confianza, en forma automática, a todos. Esto también resultará contraproducente.

¿Se pierde más confiando en quien no se debiera, o desconfiando de quien se debiera? Solo ideológicamente —con ganas de ser positivo— afirmaría que se pierde más desconfiando de quien se debería confiar. Está difícil, ¿verdad? Nadie quiere que “le vean la cara”. Entonces la tendencia es a desconfiar de todos. La vida se vuelve un asunto que puede llegar a ser muy desagradable.

La vida en sociedad tiene reglas. La básica y fundamental de todas esas reglas es evitar hacerles a los demás lo que uno no quisiera que le hagan. Parece sencillo, ¿verdad? Sin embargo, requiere una alta dosis de honestidad. Nada se logra si en la primera oportunidad —al notar que “los demás” están descuidados— se actúa en contra de ese principio. Es obvio que no quisieras que se lleven tus objetos de valor cuando estés ausente de tu casa en donde los guardas. Entonces, ¿por qué lo haces?

La respuesta es muy sencilla: porque hemos llegado al punto del cinismo. Todo mundo solo busca la oportunidad para dar un sablazo y quedarse con algo que no le pertenece. El beneficiario de objetos que no le pertenecen, no quisiera que alguien le haga lo mismo, pero lo hace de todas maneras. La regla de oro quedó violada.

Es obvio que este muy breve análisis nos lleva a concluir que es muy difícil que la confianza prevalezca en el seno de una sociedad en la que constantemente deben mantenerse miembros con la labor o misión exclusiva de vigilar que el pacto no se rompa. El más grave y potente perjuicio que se le genera a la sociedad no radica en el atentado a los bienes de los demás, sino en el atentado al tesoro más valioso que podrían conservar los humanos en grupo: confianza entre sí.

La teoría detrás de todos los sistemas democráticos de gobierno —basados en la delegación de funciones y poder— se sustenta en la confianza que depositan los ciudadanos en manos de los políticos; confían en que los elegidos actuarán a favor de los intereses de los ciudadanos colectivamente considerados.

Esa actuación —la correcta— de los políticos puede darse o no darse. Sin embargo, la percepción de lo que realmente sucedió podría estar totalmente divorciada de la realidad. La inyección de mensajes sesgados —no necesariamente son falsos— a favor o en contra de los políticos, altera irremediablemente el sentido de la percepción. Levantar una encuesta entre los ciudadanos solo nos indicará qué es lo que los medios han logrado hacer en la opinión pública.

La realidad de lo que los políticos hacen solo puede medirse en base a datos concretos relacionados con los resultados de sus gestiones. Por desgracia, los medios también se encargan de presentar los datos rodeados de parafernalia acorde con la agenda que traen. ¿Qué nos queda?

La respuesta es: nuestra capacidad de juicio objetivo. Es decir, ignorar cuidadosamente lo que rodea cualquier nota y tratar de utilizar exclusivamente la información que se encuentre en ella. Luego, si de verdad se desea saber lo que realmente está sucediendo, será necesario leer el mismo tema de la nota, en otras redacciones de otros medios y comparar lo que dicen unos y otros.

Los editoriales sobre temas que nos interesen generalmente aportan opiniones que los autores tratan de sustentar con datos. Va a ser necesario comparar los datos dados por los autores de editoriales, con los datos extraídos de las notas.

Por último, será necesario acudir a los portales públicos de los políticos y leer la versión que ellos mismos desean darles a los ciudadanos sobre sus acciones. Allá de nuevo volveremos a encontrar los mismos datos —que, desde luego, deben coincidir entre así, o de lo contrario habremos descubierto mentiras francas— y podremos formarnos opiniones más sustentadas para tomar decisiones.

El proceso es largo, tedioso y los medios no lo están haciendo más fácil, sino todo lo contrario. Los medios en México han vivido, tradicionalmente, de decir las cosas en la forma que alguien paga para que así se digan. Ese alguien fue, tradicionalmente —entre 1917 y 2000— el propio gobierno de México, a través de la Secretaría de Gobernación. A partir del año 2000 —concretamente, del primero de diciembre— las cosas cambiaron y el gobierno dejó de pagar para que los medios dijeran las cosas como al gobierno le convenía. El resultado fue la perecepción que culminó con la derrota de la candidata de Acción Nacional el 1 de julio de 2012.

Tradicionalmente, en México se entendía, al terminar cada sexenio, que lo que parecía que se estaba haciendo, era simulación. Cuando un presidente subía a la tribuna del Congreso de la Unión, en tanto que se le escuchaba con gran pompa y absoluto respeto —hasta que Muñoz Ledo rompió esa costumbre— la gente se burlaba de los informes, llamándolos el “recuento de mentiras”. ¡Nadie les creía nada! Era igual que fuera verdad o no lo que proclamaran: para el gran público, se trataba de un “recuento de mentiras”.

Hubo un ligero cambio en la percepción de sentido de los informes de Fox y de Calderón. Pero el pueblo de México es muy especial: cuando parecería que el recuento sería de hechos ¡se buscó hasta la saciedad la manera de evitar que lo que Fox y Calderón dijeran en el Congreso de la Unión, permeara entre los mexicanos!

En el caso del primero, las intervenciones previas al informe eran libres y se dedicaban a provocar que la percepción del público tomara en cuenta que todo lo que habían hecho estaba mal. En el caso del segundo, los conflictos con el partido político de las izquierdas, provocó que Calderón jamás pudiera presentarse al Congreso de la Unión. La llegada de EPN al poder probablemente regrese el formato del informe anual a como era antes de Fox y Calderón. La cuestión es: ¿volverá el público en general a regresar a considerarlo un “recuento de mentiras”?

Lo triste es que en México la confianza se ha perdido. Cuando tuvieron el poder para hablar libremente, el público lo interpretó como que se dedicaron a contar mentiras; luego, cuando no tuvieron el poder, pero pusieron a funcionar la Ley de Transparencia —que permitiría corroborar cada cosa que dijeran en la tribuna— entonces se les impidió, a los presidentes, subir a la tribuna y decirle a los ciudadanos cuál era el estado en que se encontraban las cosas en sus gobiernos.

La pérdida de confianza es, como sea que se considere, un asunto de graves consecuencias para el funcionamiento del país. Esa pérdida de confianza se está dando a todos los niveles de gobierno: federal, estatal, municipal; se ha perdido la confianza también de los poderes legislativo y judicial. ¿Qué tiene que suceder en el país para que los ciudadanos vuelvan, algún día, a confiar en lo confiable y a saber percibir las cosas como realmente son?

lunes, 28 de enero de 2013

El fin de escribir para vivir

DRM, o Digital Rights Management: son las palabras que sirven para nombrar el concepto de Manejo de Derechos Digitales. Si compras un libro digital, ganas el derecho a leerlo, pero no ganas el derecho a copiarlo y a repartir las copias que hagas. El problema con DRM es que solo funciona un poquito, no todo lo que debe funcionar. Es decir, en el momento en que un libro es buscado en su versión pirata, ese libro va aparecer, porque pronto aparecen decenas de programas para liberar los libros del DRM comercial.

Entonces, ¿qué pasa si tú compras un libro que no tiene DRM? En primer lugar, estás pagando por una copia idéntica a la que acaba de adquirir tu hermano, tu amigo, tu hijo o tu esposa. A ambos les interesó el libro pero, son tan honestos que procedieron a pagar, cada uno, por su copia.

En cambio, si tu amigo compra una copia DRM, lo primero que vas a hacer es pedirle que te deje leer el libro a ti también. Es lo lógico. Y el amigo no va a cometer la pesadez de decirte que no puede hacerlo, pues su copia está “protegida”. Entonces tú, o el mismo amigo —el que tenga más interés en que lo de la copia funcione— va a hacer su búsqueda en Internet y va a encontrar en dónde puede obtener lo que se necesita para que la copia que ha comprado, quede liberada del DRM.

La pregunta es: ¿lo va a lograr? ¡Claro que sí! Por desgracia, todos los que lo quieran hacer, lo van a lograr.

El gran negocio de Amazon.com ha sido que vende todos los libros según el autor decida: con o sin DRM. El formato que usa Amazon.com, sin embargo, es el adecuado para leer en sus dispositivos llamados Kindle, ya sea el físicamente comercializado para efectos de leer esos libros en forma especial, o bien, los dispositivos de software, que Amazon.com ofrece gratuitamente para PC, Mac, iPad, iPhone, iPod, Android, etc.

¿Qué va a suceder con la venta de libros electrónicos en Amazon.com cuando descubra que dejó de ser negocio hacer libros electrónicos? Por desgracia, podríamos estar en la puerta de un retiro: Amazon.com podría decir: “No me interesa hacer copias para que todos copien sin que yo gane un centavo.” Y ese sería el principio del fin del libro electrónico.

En los dispositivos iBooks, Apple también protege los libros que vende con DRM. Solo pueden leerse en los dispositivos para los cuales están autorizados. Es decir, está usando su propia versión de un dispositivo, que es el encargado de aplicar las pruebas para determinar si la copia está o estuvo protegida.

Posiblemente estemos viendo el fin de los escritores que ganaban mucho dinero con la venta de sus libros. Eso se quedó en la era de los libros impresos en papel. En el presente, todos los libros que se escriban deberán tener muy explosivas exhortaciones para provocar que los que adquieran una copia pagando por ella, se abstengan de entregar y regalar copias. Es decir, las exhortaciones van a estar dirigidas a que tengan compasión con los escritores —personas que se pasan intentando plasmar en palabras, ideas, cuentos, historias, divulgación científica, etc., con el gran riesgo de que posiblemente jamás ganen un solo centavo por haberlo hecho.

La compasión por el escritor incluiría comentarios que podrían ir en una forma de estas:

  • Compré el libro electrónico. Aquí lo tengo. Te podría dar una copia, pero que creo que el escritor merece que pagues por la tuya. Dale, cómprala para que la comentemos.
  • La verdad, compré el libro, pero no me pareció la gran cosa. Mira, te doy una copia si me pagas la mitad de lo que pagué.
  • Está re malo el libro. No quiero saber nada de él. Te regalo la copia si la quieres, porque ya lo voy a borrar.
  • En mi opinión, este libro lo debes leer. Toma, aquí tienes tu copia. Ojalá que algún día le pagues al autor por haber hecho posible que entiendas lo que vas a entender de la vida después de leerlo.

¿Qué es lo que tienen las diferentes posiciones? Una constante: la calidad del libro. Si es bueno, quienes ya lo compraron van a querer que quienes aún no lo han leído, lo lean y los exhortarán a pagar por sus copias.

Por lo tanto quedarán flotando en el ambiente 2 cuestiones: 1) la calidad del libro en sí y 2) la honestidad del lector que tenga una copia por la cual haya pagado.

Obvio, ¿qué sucederá con las copias por las cuales nadie pagó? Obvio: sin DRM, el negocio de los libros, se acabó. Vamos a escribir porque nos gusta. Pero no lo vamos a dejar de hacer.

sábado, 5 de enero de 2013

Atando cabos culturales: “Diez mil años de crueldad”

¿Lees novelas? ¿Cuántas novelas al año lees?

Mira, te tengo dos posibilidades:

(1) Tú sí lees novelas.- ¿Es tu costumbre leer novelas? Si eres de las personas que han leído las novelas esas buenas que han sido publicadas, entonces la próxima novela que tú tienes que leerte —es realmente una obligación existencial, histórica— es Diez mil años de crueldad, por *Franz de J Fortuny**.

(2) No lees nada.- Pues entonces es el momento de que te inaugures a leer algo realmente que te va a impresionar, en buena forma o en mala forma —no sabemos exactamente. ¿No te atrae la idea de compenetrarte en la lectura de una novela cuyos personajes sugieren una forma de vida que se más acorde con la naturaleza humana?

En fin, ya sea que leas o no, la realidad es que Diez mil años de crueldad es una novela que no puedes dejar pasar. Si no lees, para que empieces a leer —porque te vas a dar cuenta que te estás perdiendo mucho. Pero si lees, entonces tienes la obligación existencial humana de hacer parte de tu acervo cultural, de cúmulo de conocimientos, las ideas que vas a ver que manifiesten los personajes de Diez mil años de crueldad.

¿Por qué el nombre?

La hipótesis más aceptada con respecto a la historia de la humanidad, es que esta empezó a ser lo que es hoy hace unos diez mil años, cuando nuestros ancestros inventaron la agricultura.

Nuestra forma de vida había sido muy diferente antes de que existiera la agricultura. La existencia de la agricultura marca un momento crucial en la historia de nuestra especie. Todo se vuelve diferente en la vida del humano a partir del surgimiento de la agricultura.

Es el primer momento en la historia del humano cuando los alimentos no se toman libremente del medio ambiente en que se habita, sino que se producen con el trabajo de algunas personas —que no todas— de una comunidad. Esta forma de hacer las cosas plantea una gran cantidad de cambios que tendrían que hacerse.

La cultura hoy

Nuestros sistema culturales el día de hoy, son una respuesta social a lo que la introducción de la agricultura requirió.

No podemos estar seguros de que todos esos cambios fueron los más inteligentes o los mejores que nuestros ancestros pudieron haber pensado. El caso es que son los cambios que fueron más o menos aceptados por diferentes seres humanos en diferentes puntos del globo terráqueo a los cuales la especie humana había llegado.

Sociedades libres de agricultura

Las sociedades libres de agricultura nominal, no sufren las consecuencias de las sociedades que dependen 100% de la producción agrícola, que llevan a cabo unos cuantos individuos, en tanto el resto se dedica a otras actividades.

Las sociedades libres de esa necesidad cultural de saber “quién es el padre”, son las que mejor y más felices se han mantenido hasta el día de hoy. Claro: sucede que cuentan con un hábitat que les permite realmente disfrutar de bastante libertad en cómo hacerse, todos, de lo que necesitan para sobrevivir.

La novela “Diez mila años de crueldad”, atadora de cabos

La historia humana tiene muchos cabos sueltos. Hoy, el resultado, tiene más cabos sueltos que jamás hubo. Y esta forma de organización social generalizada, provoca en la vida del humano un alto índice de incertidumbre.

La novela muestra cómo es posible que las cosas cambien. Claro, para ello, se requiere que muchas personas cambien y acepten una forma de vida totalmente diferente. Algunos ya habrán realizado sus vidas, otros estarán en proceso de definir qué es lo que quieren para sus vidas.

El tema es que es la actitud de cada persona lo que permite que se liberen o no.

Pero tu actitud no puede cambiar a menos que conozcas y entiendas alternativas.