viernes, 27 de diciembre de 2013

Intercambio

El término o concepto de intercambiar es solo un desprendimiento, una extensión del concepto de Modelo del dinero. La gente acepta el dinero como única forma de coexistir con cierta paz, porque tiene una inyección cultural letal, consistente en la idea del intercambio.

Ningún ser humano —es la teoría detrás del concepto de intercambio— tiene derecho a sobrevivir a menos que se lo gane. Y ese derecho se gana con los trabajos. Es decir, por eso todos los seres humanos deben contar con un trabajo.

Pero los trabajos no son algo que el individuo que los necesita pueda crear, sino algo que la sociedad como un todo, genera, incluso sin que alguien sepa que eso está sucediendo. Los trabajos que las personas tienen la obligación de tener son formas de ocupación en las que los individuos son aceptados y a los cuales se les encargan tareas. Quien no hace bien esas tareas, pues pronto será despedido, y otro vendrá para tratar de hacer bien esas mismas tareas. Así va sucediendo, hasta que los que ocupan los puestos de trabajo finalmente le atinan al asunto y se mantienen firmes.

Los que no hicieron bien esos trabajos, deben continuar en su búsqueda hasta encontrar otros que sí puedan hacer bien. En el ínterin —es decir, en tanto encuentran el trabajo adecuado— nadie sabe cómo lo harán para sobrevivir. (Ah, perdón, para eso existen las caridades, ¿no es así?)

Detrás del concepto de la necesidad de tener un trabajo está el obligatorio concepto de Intercambio: “Tú das esto y aquello, yo doy esto y eso, él da eso y eso otro, ella da esas cosas y aquellas; entonces todos podemos usar lo que los demás hicieron”. Y así, el cuento de hadas sugiere que todo funcionará “de maravilla”. Nosotros sabemos —por el mundo que vemos ante nuestros ojos todos los días— que la realidad es diferente.

El asunto es que el modelo cuenta con la contradicción:

  1. Solo puedes triunfar si sabes hacer bien algún trabajo
  2. Solo puedes tener trabajo si alguien necesita que tú hagas eso que sabes hacer
  3. No es asunto de la sociedad en conjunto qué harás si eso que sabes hacer no lo necesita alguien todo el tiempo

Por lo tanto, nadie tiene seguro un trabajo, o sea, una forma de sobrevivir. Lo que se produce en las sociedades solo puede ser aprovechado por las personas que tienen habilidades o saben hacer algo que otros necesitan. Si lo que tú sabes hacer (te gusta hacer o estás convencido que debe hacerse) no le interesa a los demás, ¡pues no tendrás la oportunidad de probarlo! De todas maneras, cuando encuentras un trabajo y sabes ya lo mal que se siente el no tenerlo, te vas a callar la boca y vas a dejar que las cosas continúen con el ritmo que llevan, aunque intrínseco a su estructura, estarán generando todo tipo de inexactitudes.

Pero, por otro lado, todas las tendencias humanizantes de todas las sociedades modernas, incluyendo en buen lugar al organismo llamado Las Naciones Unidas, tienen el convencimiento de que es un Derecho Humano Básico el de sobrevivir. Por lo tanto, si seguimos la lógica de esa consigna, debemos concluir que la sociedad no puede (no tiene derecho, le está prohibido) mantener condiciones en las que algunos individuos no tengan trabajo —o sea, no tengan derecho a sobrevivir.

La realidad es totalmente diferente. El Modelo del Dinero se desprende de, o genera el concepto de Intercambio. Uno y otro van en paralelo, aunque uno genera al otro. Probablemente el concepto de intercambio es algo que se vuelve “natural” como cuando se utiliza en forma regular la agricultura, en vez de la convivencia en terreno común y toma de la madre tierra el fruto de la supervivencia. No hay necesidad de intercambio en la medida en que el fruto de la supervivencia está allí, libre, para que quien lo requiera, solo lo tome. Ah, pero todo cambia cuando el fruto para sobrevivir es resultado del trabajo de uno o varios individuos. Entonces ellos sienten que si alguien quiere hacer uso de sus productos, entonces debe dar algo a cambio.

Un modo de producción —la agricultura— da como resultado una forma de existencia: la necesidad del intercambio. Esta necesidad se hace práctica con el invento del dinero. Éste, en sí, ni sirve para nada ni es útil para sobrevivir. El valor solo es un reflejo de lo que lo sustenta: quien lo tiene, supuestamente ha hecho algo por los demás en algún otro lado. Eso que hizo lo intercambió por dinero, una forma de certificado de derecho a lo que otros hayan producido.

Entonces, detrás de la tragedia humana —tragedia que se genera a partir del momento que un grupo decide acudir a la agricultura en vez de la toma pasiva de los frutos del territorio— está el concepto de intercambio. El concepto está ahora a tal grado arraigado en la mentalidad del humano de 2013 —y desde hace diez mil años— que en un grupo será difícil encontrar a 3, entre 10 mil, que ven factible la anulación del intercambio y el movimiento hacia un modelo de vida que prescinda de esa necesidad.

¿Prescindir del intercambio? Pero, ¿cómo sería eso posible? Entonces, ¿yo voy a dar todo lo que yo puedo y sé, y no tendré ninguna seguridad de que los otros van a hacer lo mismo? Así suena la pregunta dentro de nuestro modelo cultural en diciembre de 2013. La realidad es que prescindir del concepto del intercambio significa dar y jamás esperar recibir.

La potencia de la especie sería máxima en es forma. Mucha gente es obligada a dar lo que ni tiene ni entiende ni sabe. Se le obliga a hacerlo por el concepto de intercambio. Mucha gente con mayor capacidad, inventiva y potencialidad para aportar al colectivo de la humanidad, está pasiva debido a que el intercambio dicta otro camino. La mediocridad en la que progresivamente vamos cayendo —que significa no desarrollarnos con nuestra verdadera potencialidad— se convierte en lo normal.

La realidad es que nos vamos estancando. Entramos a un verdadero círculo vicioso, del cual solo podremos salir si aceptamos la necesidad de movernos de paradigma y erradicar el concepto de la necesidad de intercambio, convirtiéndonos en agentes naturales del progreso humano natural.

Para ello necesitamos entender que debemos erradicar el *modelo del intercambio.

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sábado, 12 de octubre de 2013

Ni endeudamiento ni posibilidad de caer en él

La fórmula de la libertad

¿Quieres ser libre? No esperes una revolución, porque quién sabe cuándo llegue —aunque tú bien puedes cooperar para que sea lo más pronto posible. Pero de todas maneras, quieres ser libre, ¿verdad? Sí, claro que sí. Eso pensé. Entonces vamos a analizar qué es lo que hace a la gente más ajena de sí misma.

Las deudas. Deber dinero a otros y no tenerlo completo para pagarlo es la perfecta fórmula para vivir como los esclavos vivieron alguna vez en las sociedades en las que era legal. Estoy hablando de las personas que quieren permanecer siempre libres de escribir, de pensar, de hablar, de verse en todos lados. No hablo aquí del criminal cínico que debe y eroga como si fuera millonario, cuando solo se trata de más deuda que ha acumulado… que probablemente jamás pagará.

Sí, claro, hay un elemento de valor en este asunto. Sí, un juicio de valor: creemos que quien incurre en una deuda, está en la obligación de pagarla, sin importar lo que haya o no firmado que lo obligue en cierta forma, también legalmente. También existen las deudas involuntarias, pero que se originan en uno mismo. Lo decente es reconocerlas y hacer todo lo posible para pagarlas.

Pero, ¿qué pasa cuando no se pueden pagar? ¿Qué pasa cuando el vaivén de la vida no gira a tu favor y cada vez estás más lejos de poder devolver eso que otros te dieron prestado? ¿Qué puedes hacer? El suicido es una posible solución; pero si eres ético, no recurrirás a él, pues los seguros de vida no incluyen el pago si así terminó de funcionar tu vida. Y como eres ético, te importa el recuerdo que la gente tendrá de ti —uno de los pocos valores de formar un ego o identidad cultural, que, por cierto, realmente solo funciona en muy contadas minorías.

Entonces, ¿cuál es la fórmula de la libertad? Muy sencilla: abstenerse en forma constante de aceptar deudas, por insignificantes que estas parezcan ser. Que se murió un pariente y hay que encontrar dinero para el entierro: hazte a un lado; no puedes cumplir, no tienes por qué meterte en ello. ¿Es ético este consejo? Sí: porque no queremos que caigas en el otro problema: el de las deudas.

El mundo de las deudas

Las deudas se van formando poco a poco. Se necesitan años, pero a veces en solo meses se puede perder toda la libertad en la vida. Es necesario decir no a cualquier forma de endeudamiento. Lo contrario del endeudamiento es el ahorro. Siempre debe uno erogar menos de lo que se ingresa. Hacer lo contrario es firmar la sentencia de la esclavitud, que puede ser mucho peor que la muerte o la peor enfermedad.

Repito, no puedo hablar aquí del cínico y desvergonzado, que justifica su imposibilidad de pagar en alguna forma —generalmente son juegos de palabras— que no puede ser éticamente aceptable para nadie. La muerte se convierte en el camino más seguro de la libertad de las deudas: ¿alguien quiere llegar a ese punto? La respuesta es un no rotundo.

Sin embargo, la vida económica moderna nos empuja a todos a endeudarnos. El mundo depende del endeudamiento de la gente. El sistema funciona en base a la creación de empleos. Cada empleo es un dinero que se le tiene que pagar al empleado. Ese empleado debe producir algo: lo que sea. Ese algo debe tener alguien que lo compre: ese debe tener ya sea dinero o capacidad de endeudamiento.

Pero, ¿qué pasa con el dinero? Lo que sucede es que el dinero se queda en grandes cantidades en poder de una muy escasa minoría de personas. Esas personas tienen que acumular más y más. La única forma de que eso sea posible es que haya más gente haciendo más cosas que no son útiles para nadie, pero que se encargan de vender a través de la mercadotecnia, que cada día goza de mayores formas sofisticadas de enganchar compradores. Son llamados consumidores; pero se trata de compradores o personas con algo de dinero o bien, con algo de capacidad de endeudamiento, que es una forma de asegurar que vas a poder pagar lo que compraste más adelante —obvio, on un ligero costo en intereses.

Si en vez de erogar el dinero comprando las cosas que los últimos empleos inventados ofrecen, se ahorrara, ¿qué sucedería? Veamos:

  1. Los bancos tendrían grandes cantidades de dinero guardadas
  2. Los bancos tendrían que encontrar qué uso darle a ese dinero y lo ofrecerían a muy bajo precio
  3. Los ahorradores, por lo tanto, no ganarían casi nada por su dinero, dado que este abundaría, dado que todos los demás estarían ahorrando también.
  4. Habría dinero barato para darles prestado a los que crean que pueden hacer empresas para ofrecer nuevos productos.
  5. Sería más factible crear empresas tomando dinero prestado de los bancos, porque el costo de este dinero estaría más bajo.
  6. Sin embargo, los nuevos negocios tendrían muy pocos consumidores, pues la gran mayoría tendría el hábito de ahorrar.
  7. Los nuevos negocios ganarían muy poco; cosa que ya estaría sucediendo con los viejos negocios también.
  8. Los nuevos negocios contratarían a más empleados y estos continuarían con el hábito de ahorrar, o sea, regresar una buena parte del dinero que les pagaran al banco.
  9. Las empresas también estarían teniendo utilidades, quizás pocas, pues solo contarían con los consumidores realmente interesados en lo que ofrezcan.
  10. Pero las empresas ganarían y también tendrían el hábito de ahorrar, lo cual haría que haya aún más dinero en los bancos.
  11. Más dinero en los bancos haría aún más fácil la disponibilidad de créditos para nuevos negocios.

Como podemos fácilmente deducir, el mundo sería mucho mejor, porque el dinero que se vería circular en las calles sería el que ya está por derecho propio en manos de quien lo paga cuando consume. Es decir, el plástico como forma de pago solo sería por razones prácticas y estarían en uso solo las tarjetas de débito.

Otra Forma de Vida

La gente usaría el tiempo más para actividades sin costo:

  1. Tertulias familiares y entre amigos
  2. Paseos a los parques
  3. Ejercicios para mejorar condición física
  4. Actividad sexual suave y natural
  5. Convivencia comunitaria constante
  6. Lectura
  7. Foros de discusión —tanto virtuales como reales
  8. Cocinar en las casas y disfrutar las comidas familiares, en vez de pedir “pizzas”

Demasiado tiempo, el día de hoy —en la economía del endeudamiento— se pierde en bares, restaurantes con comida mediocre —barata o cara—, discotecas que solo buscan atraer clientela que en alto porcentaje paga con tarjetas de crédito —o sea que no disponen de dinero y lo tendrán que pagar, “a ver cómo” algún día en el futuro.

La gente, indiscutiblemente, sería mucho más práctica y utilizaría menos combustible, menos llamadas telefónicas —haría que el celular se convierte en un instrumento con la tecnología de la comunicación proveída por la sociedad global. Es obvio que los viajes fuera de las ciudades serían mucho menos frecuentes. Esto haría que los aviones hagan sus corridas con gente en su interior yendo a donde tenga que ir por razones realmente válidas y no porque pudieron endeudarse para pagar un viaje que muchos ni entienden por qué lo están haciendo.

Decir NO al endeudamiento

Es la fórmula mágica para vivir sin ser esclavo. Esto es solo pesado y molesto para quienes ahora ya se encuentran endeudados. Lo único que se les puede decir es que se abstengan de endeudarse más. Usen todo el dinero que reciben —el máximo, para no quedarse sin comer— para devolver a quienes les deben algo. Paguen lo más pronto posible todas las deudas que tengan. No se sientan tranquilos sino hasta haber terminado con todas las deudas, de tal manera que pueda decir públicamente que pudieron salir de una gran trampa.

Sí: el endeudamiento es una gran trampa. Muchas tarjetas de crédito que se ofrecen actualmente vienen con la recomendación de que al menos que se usen por lo menos una vez, tendrán un costo de X pesos al año. Esto quiere decir que necesitan que, de entre los millones de tarjetas que reparten, por lo menos se haga una compra. Es lógico. Veamos por qué.

Cuando una persona hace un pago de MX$500 con su tarjeta de crédito, el banco recibe por lo menos MX$12.50 de ese pago. El vendedor recibirá MX$488.50, aunque el comprador pagará MX$500.00. Parece poco, ¿verdad? Un banco de media talla tiene en circulación unas 2 millones de tarjetas de estas. ¿Qué representa esa compra mínima? ¡Estamos hablando de veinticinco millones de pesos solo por una operación al mes por cada tarjetahabiente! Pero si no pagan —o solo pagan el mínimo— entonces el negocio de los bancos se vuelve geométrico.

En todo caso, lo correcto sería que la sociedad, en vez de cobrar impuestos, se convierta en banco de los ciudadanos y que el impuesto —o sea, el dinero para hacer obra pública y dar servicios que todos necesitan— sea la utilidad de las operaciones financieras que estarían prohibidas para la iniciativa privada. Obviamente, el ahorro de la gente sería el dinero que la misma sociedad usaría para hacer obra, y los intereses que se les pagarían a los ahorradores, vendrían de las utilidades financieras de las empresas que requieran de ese dinero para financiarse.

Porque, eso de quitarles a los ciudadanos parte de lo que ganan para que contribuyan —cuando ya le quitaron al pagar cualquier cosa que compren— no parece ser del agrado de nadie. Además de que, los servicios personales, jamás deberían causar pago de contribuciones obligadas.

Impuestos: una forma de ahorro

O bien, educar al ciudadano a que entienda que lo que ahorra —porque ya estamos de acuerdo en que la tendencia debería ser ahorrar, para no endeudarse— es en parte para el uso de la sociedad global, para que en forma pública se hagan todas aquellas obras y se provean todos esos servicios que no son atractivos para empresarios, dado que dejarían poca utilidad y les sería difícil devolver el crédito que tomarían para empezar los negocios —además del ahorro personal que inicialmente aportaran.

Los pagos de las contribuciones deben verse como ahorros de la sociedad. Sin embargo, lo decente sería que la empresa que contrata a cualquier persona, pague, por esta persona, al Estado, o sea, a la sociedad global, una cantidad determinada por concepto de hacer uso de la capacidad de un miembro de la sociedad a favor de sí misma, para generarle utilidades. El impuesto no lo estaría pagando el empleado, sino la empresa. El impuesto que pagaría el empleado sería a través de lo que compre que tenga alguna forma de impuesto al consumo y pagaría más impuesto en tanto más consuma.

Claro, al hacer las cosas en esa forma, de inmediato se argumentará que “entonces las empresas buscarían la manera de contratar a la cantidad menor de personas posible”, lo cual equivale exactamente a lo que están haciendo hoy, nada más que quizás con más ganas, porque estarían pagando no solo el sueldo, sino también impuestos sobre esos sueldos.

El círculo del problema sin solución

Todo lo que hemos argumentado aquí queda siempre con callejones sin salida. Es decir, no hay solución justa o equilibrada cuando se trata del dinero. Y todo el esfuerzo mental de lo que hemos expuesto aquí va dirigido a tratar de encontrar maneras justas y equilibradas de usar el dinero.

No existen. En tanto el dinero se continúe usando, los problemas como los que hemos planteado aquí siempre quedarán abiertos a que se les dé soluciones favorables solo a algunos, pero muy perjudiciales para las grandes mayorías.

La única solución para el futuro de la humanidad es la buena voluntad o una educación de solidaridad automática, en vez de una educación de competitividad constante. Sí, la competetitivdad es favorable para un individuo: en el momento en que tienes 100 individuos competitivos para hacer la misma cosa, ¿qué sucede? Tienes 1 solución y 99 problemas. Así funciona el mundo de la escasez.

Si, en cambio, modificamos el modelo al del trabajo voluntario, libre en tiempo y espacio, vamos a tener un mundo muy diferente. Algunos de los elementos que debemos resolver funcionarían en forma muy diferente:

  1. Los niños y jóvenes serían educados por personas que tuviesen gusto en hacerlo, porque su única paga sería la de todos los demás: tomar lo que necesiten de los centros de distribución disponibles para todos.
  2. Los enfermos —que habría muchos menos— serían atendidos por médicos que lo serían por amor e interés en la disciplina, y no por ganar dinero.
  3. Los ancianos serían activos muchos más años, pero finalmente, serían siempre atendidos por personas dedicadas a ellos por gusto, por encontrar la labor atractiva.
  4. Además, nadie tendría que hacer nada para toda la vida, sino únicamente por el tiempo que lo desee, que se sienta bien haciéndolo. Esto haría que un tiempo fueran unos los ocupados en ciertas labores, pero con el paso del tiempo, vendrían otros.
  5. La producción del alimento estaría a cargo de quienes hoy saben perfectamente bien cómo hacerlo y solo no lo hacen mejor porque están ocupados en ver cómo ganar dinero en vez de ver cómo hacen mejor las cosas; están ocupados en cómo resistir las deudas en vez de hacer las más deliciosas papayas que jamás haya probado un paladar humano.
  6. Los elementos de tecnología estarían a cargo de quienes se prestaran para hacerlo, sin importar lugar y tiempo. Serían producidos por personas que habrían diseñado fábricas no para cumplir leyes por protección del consumidor, sino para ser más eficientes en lo que fuera que hicieren, dado que los productos, a fin de cuntas, solo tendrían razón de ser si fueren útiles para alguien.
  7. Algunas personas —quizás muchas algunas veces, menos otras, y todo dependiendo de los diferentes lugares del planeta— no harían cosa alguna durante muchos meses o años; otras veces esas mismas personas harían muchas más cosas que otras. El trabajo se haría por personas que estuviesen convencidas de querer hacerlo, durante el tiempo que pensaran que estarían a gusto en ello.
  8. Ninguna empresa o particular produciría algo solo para aparentar que es bueno o útil —y cobrar algo de dinero por ello. Al contrario: solo se fabricaría lo que efectivamente fuera de la más elevada calidad, y estaría puesto a disposición de quien lo necesite realmente, bajo supervisión de la comunidad.

La vida sería muy diferente de lo que conocemos hoy. Y es una forma de vida que podemos tener todos en el momento en que decidamos hacerlo. El cambio se da cuando todos cambiamos y solo podemos cambiar todos si todos entendemos qué significa el cambio que se daría. El cambio importante entre los humanos solo puede darse cuando todos los humanos cambian en conjunto. El cambio entre los humanos, para que realmente tenga significativo histórico, tiene que darse en forma colectiva.

Una vida mejor está en manos de todos en forma colectiva, no será posible si solo unos cuantos cambian. Es quizás la idea contraria de esa que se ha pregonado durante algunos años, que si “tú cambias, todo cambia”. Es la mejor manera de mantener el status quo o dejar que todo siga igual, “calmando” al inquieto para que haga nada. No es aceptable. El cambio es asunto de todos o no se dará jamás.

jueves, 3 de octubre de 2013

Ateos y delitos reales

Si aplicas un cuestionario con preguntas perfectamente elaboradas como para detectar si una persona es atea o es creyente, vas a obtener que más o menos 10% de la población, por lo que responde, es atea; es decir, no cree en nada después de la muerte, como tampoco cree en uno o más dioses. Este estudio se hizo en la población normal y esos datos son los arrojados por la población normal; pero nos queda la no normal, y en este caso, la diferente es la población que está en la cárcel, en prisión, pagando tiempo por uno o más delitos. Resulta que allí, adentro, solo 0.2% resultaron ser ateos, de esos que no creen en nada después de la muerte o en uno o más dioses.

“Pero, ¿cómo puede ser esto? Se supone que creer en Dios —uno o más— te debe hacer una persona mejor…” Pues es lo que muchos tenderíamos a creer, pero la realidad es muy diferente. Todo parece ser que las personas que deciden pensar que no hay nada después de la vida y que no existe un Dios o varios dioses, son las personas que mejor saben cumplir con la ley.

Esta es una realidad que pueden salir a medir las personas que así lo deseen. Van a encontrar datos idénticos o quizás aún mejorados con respecto a la población “atea”.

Esto es interesante porque a diario es posible escuchar de voz de alguien —que obviamente, desconoce los resultados de la investigación sociológica— que dice que “el mundo está peor cada día porque la gente se ha alejado de Dios”. Es obvio de toda obviedad que con solo conocer los resultados de las investigaciones sociológicas, nos vamos a dar cuenta de que la razón de que “el mundo esté peor cada día”, definitivamente no puede adjudicarse a las creencias que se tengan con respecto a la vida después de la muerte o bien, a la creencia o falta de ella que se tenga en uno o más dioses.

Si los que andan activamente buscando la manera de resolver los problemas del mundo, continúan en una línea que desconozca lo que aquí acabamos de asentar, es obvio que terminarán allá, solos, sin obtener resultados y ejerciendo, quizás, cada vez más recursos. Será un esfuerzo con muy buenas intenciones, pero con muy pocas probabilidades de hacer una labor que haga alguna diferencia.

Se dice por allí que se le preguntó al Dalai Lama qué sugería para provocar un verdadero cambio entre la gente. La respuesta fue: inducir más y más pensamiento crítico. El máximo pensamiento crítico en el mundo actual es, sin duda, el que sustenta al ateo en sus convicciones, sin que estas le impidan ser fieles obedientes a los preceptos sociales. El ateo es crítico, pero se adapta y obedece, sin dejar de continuar buscando, con crítica activa, cómo darnos un mejor sistema de vida.

El ateo tiene la convicción de que esta vida es la única que jamás verá cada individuo. El ateo sabe —por convicción racional— que después de la muerte todo es oscuro —La Nada— para quien alguna vez estuvo vivo. El ateo sabe que no existe la reencarnación. El ateo intuye que los pensamientos y los sentimientos radican en la combinación de las conexiones entre las neuronas del cerebro. El ateo está seguro de que eventualmente habrán instrumentos científicos que podrán probar esto sin duda alguna, como hoy sabemos que muchas cosas que no eran evidentes, pero que abrimos los ojos y estudiamos: cómo se generan los truenos y los rayos, cómo se genera la lluvia, la forma del planeta, cómo gira el planeta alrededor del sol, cuántos planetas más hay en torno al mismo sol, en qué parte de la galaxia nos encontramos, más o menos a qué distancia están las próximas galaxias, de qué tamaño es nuestra galaxia, cuál es la estructura de la materia, cómo las partículas forman los átomos y estos forman las moléculas y éstas lo que llamamos objetos materiales, cómo todo eso puede decirse que es “energía”.

Y como nos demuestran los estudios sociológicos, los ateos resultan ser las personas más confiables dentro del sistema social, dado que son los que prácticamente no llegan a las cárceles. Y sin embargo, en los Estados Unidos de América, las encuestas demuestran que la gente en general preferiría poner de presidente a un pederasta que a un ateo, siempre y cuando el pederasta diga que “reconoce su debilidad pero se pone en manos de Dios”.

El ateo no obedece la ley ciegamente, sino racionalmente, sin dejar de mencionar enfáticamente la necesidad de cambiarla cuando la misma atenta contra los derechos humanos básicos, mismos que reconoce y ha contribuido a formar activamente. Quizás eso de tener consciencia —o por lo menos, creerlo con certidumbre— de que la vida es un evento único e irrepetible —para la consciencia que se forma en el individuo— y que, por lo tanto, es necesario vivirlo con realismo e intensidad, hace que la vida sea un fenómeno muy querido para el ateo. De allí que persigan un mundo justo, porque lo que sienten y quieren para ellos, saben que es más factible de mantenerse si los demás también lo disfrutan.

No hay que temerle a la muerte, sino al desperdicio de la vida. En fin que si hay otra vida, es seguro que habremos tenido dos experiencias de primera, en vez de una solo para esperar una segunda… que podría no llegar jamás.

lunes, 8 de julio de 2013

Virtudes humanas básicas

Encontré por allá, en español y tal cual las copio, 24 virtudes humanas que parecen contener, en sus definiciones, formas de actuar, de hacer las cosas, que me parecen llenan en forma perfecta los principios de la Simple Ética: Abstenerse de hacerles a los demás lo que no quisiéramos que nos hagan a nosotros.

Dentro de todo el panorama existe, desde luego, el concepto intrínseco de aceptar las responsabilidades de las decisiones que se toman, cuidando —con todo derecho, pero con respeto— a que los involucrados hagan también la parte que les correspondió.


  1. Amistad.- Es lo que se llega a tener con algunas personas, que ya se conocen previamente por intereses comunes de tipo profesional o de tiempo libre, diversos contactos periódicos personales a causa de una simpatía mutua, interesándose, ambos, por la persona del otro y por su mejora.
  2. Audacia.- Es emprender y realizar distintas acciones que parecen poco prudentes, convencido, a partir de la consideración serena de la realidad con sus posibilidades y con sus riesgos, de que puede alcanzar un auténtico bien.
  3. Comprensión.- Reconocer los distintos factores que influyen en los sentimientos o en el comportamiento de una persona y profundiza en el significado de cada factor y en su interpelación —ayudando a los demás a hacer lo mismo— y adecua su actuación a esa realidad.
  4. Flexibilidad.- Adaptar el comportamiento con agilidad a las circunstancias de cada persona o situación sin abandonar por ello criterios de actuación personal.
  5. Fortaleza.- En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, resistir las influencias nocivas, soportar las molestias y entregarse con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes.
  6. Generosidad.- Actuar en favor de otras personas desinteresadamente y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo.
  7. Humildad.- Reconocer las propias insuficiencias, cualidades y capacidades y aprovecharlas para obrar el bien sin llamar la atención ni requerir el aplauso ajeno.
  8. Justicia.- Esforzarse continuamente para dar a los demás lo que le es debido, de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y de acuerdo con sus derechos —como personas, como padres, como ciudadanos, como profesionales, como gobernantes, etc.— y a la vez, intentar que los demás hagan lo mismo.
  9. Laboriosidad.- Cumplir diligentemente las actividades necesarias para alcanzar progresivamente la propia madurez natural y sobrenatural, y ayudar a los demás a hacer lo mismo, en el trabajo y en el cumplimiento de los demás deberes.
  10. Lealtad.- Aceptar los vínculos implícitos en su adhesión a otros —amigos, jefes, familiares, patria, instituciones, etc.— de tal modo que refuerce y proteja, a lo largo del tiempo, el conjunto de valores que representa.
  11. Obediencia.- Aceptar, asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y ejerce la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia, y realizar con prontitud lo decidido, actuando con empeño para interpretar fielmente la voluntad del que manda.
  12. Optimismo.- Confiar razonablemente, en las propias posibilidades, y en la ayuda que le pueden prestar los demás y confiar en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier situación, distinga, en primer lugar, lo que es positivo en sí y las posibilidades de mejorar que existen y, a continuación, las dificultades que se oponen a esa mejora, y los obstáculos, aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad y alegría.
  13. Orden.- Comportarse de acuerdo con normas lógicas, necesarias para el logro de algún objetivo deseado y previsto, en la organización de las cosas, en la distribución del tiempo y en la realización de las actividades, con iniciativa propia sin que sea necesario que alguien se lo recuerde.
  14. Paciencia.- Una vez conocida o presentida una dificultad a superar o algún bien deseado que tarda en llegar, soportar las molestias presentes con serenidad.
  15. Solidaridad Social.- Reconocer lo que la sociedad le ha dado y le da. Ofrecer el honor y servicio debidos, reforzando y defendiendo el conjunto de valores que representa, teniendo, a su vez, por suyos los afanes nobles de todo su país y de los países.
  16. Perseverancia.- Una vez tomada una decisión, llevar a cabo, las actividades necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades internas o externas o pese a que disminuya la motivación personal a través del tiempo transcurrido.
  17. Prudencia.- En su trabajo y en las relaciones con los demás, recoger una información que enjuicia de acuerdo con criterios rectos y verdaderos, pondera las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás antes de tomar una decisión, y luego actuar o dejar de actuar de acuerdo con lo decidido.
  18. Pudor.- Reconocer el valor de la intimidad y respetar la de los demás. Mantener la intimidad a cubierta de extraños, rechazando lo que puede dañarla y descubriéndola únicamente en circunstancias que sirvan para la mejoría propia o ajena.
  19. Respeto.- Actuar o deja de actuar, procurando no perjudicar ni dejar de beneficiarse a sí mismo ni a los demás, de acuerdo con sus derechos, con su condición y con sus circunstancias.
  20. Responsabilidad.- Asumir las consecuencias de los actos intencionados, resultado de las decisiones que tome o acepte, y también de los actos intencionados, de tal modo que los demás queden beneficiados, lo más posible o, por lo menos, no perjudicados preocupándose a la vez de que las otras personas en quienes puede influir hagan lo mismo.
  21. Sencillez.- Cuidar que su comportamiento habitual en el hablar, en el vestir, en el actuar, esté en concordancia con intenciones íntimas, de tal modo que los demás lo puedan conocer claramente, tal como es.
  22. Sinceridad.- Manifestar, si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa, lo que siente, etc., con claridad, respeto a su situación personal o a la de los demás.
  23. Sobriedad.- Distinguir entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y utilizar razonablemente sus cinco sentidos, su dinero, sus esfuerzos, etcétera, de acuerdo con criterios rectos y verdaderos.
  24. Sociabilidad.- Aprovechar y crear los cauces adecuados para relacionase con distintas personas y grupos, consiguiendo comunicar con ellas a partir del interés y preocupación que muestra por lo que son, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que piensan y por lo que sienten.

Espero no te moleste que te haya enviado esta Lista de Virtudes Humanas Básicas. Por si acaso las encuentras útiles y/o válidas, pásaselas a tus amistades y a aquellas personas que pienses que les vendría bien ordenar sus pensamientos y manera de ver la vida y, quizás, también de tratar a los demás.

Yo, Franz J Fortuny, no soy autor de esas definiciones. Las encontré aquí: Definidas en este lugar (es la página de la que se tomó la información). Fueron emitidas por esta persona, o bien, esa persona las tomó de algún otro sitio. Puedes tratar de encontrarlas en Internet.

domingo, 30 de junio de 2013

Trampa económica cultural

¿Qué está pasando en el país? Hablamos de México: ¿qué se puede decir cuando a escasos 7 meses de haber tomado el poder otro partido político los indicadores más importantes —empleo, industria, agricultura, servicios— no solo han dejado de crecer, sino que han decrecido?

Algunos no entendemos cómo debemos leer esos datos. Son un hecho: es lo que está sucediendo. Algunos lo han notado con las dificultades que muchos pequeños negocios están pasando para lograr sus cobranzas. Y cuando las cobranzas se hacen difíciles, algo más importante ya se hizo difícil y será aún peor: las ventas.

Todos los negocios —la base de las fuentes de empleo— requieren, para subsistir, que se realicen ventas. Sin ventas, los negocios no tienen razón de existir. Sin embargo, la economía del país —y en general, del sistema capitalista— requiere la existencia de negocios que producen artefactos que no son de primera necesidad, pero son atractivos para que una pequeña parte del ahorro personal se vaya en esa dirección, supliendo así fuentes de empleo y forzando la “redistribución” de la riqueza.

Pero cuando eso no sucede, cuando los recursos deben cuidarse —de lo contrario se caería en una situación de inflación— el individuo de a pie siente la dureza en su imposibilidad de realizar esas “ventas de lado” de las que subsistía. Son “de lado”, porque no se trata de artículos o servicios de primera necesidad para los que normalmente los consumen, sino de gastos que solo pueden efectuarse cuando hay sobrante en la economía.

Ah, interesante, sin embargo: exportación e importaciones continúan en sus mismos niveles o con un ligero ascenso. Esto significa dos cosas. Por un lado, tenemos que los negocios mexicanos orientados a vender sus productos en el exterior, continúan produciendo lo mismo y exportando con un ligero ascenso en sus volúmenes. Las importaciones deben mantener el mismo nivel. Por desgracia una gran parte de los insumos de los exportadores provienen de importación. Además, en la medida en que el país se ha inmerso en el mundo global —que a muchos molesta por mala captación de lo que significa a largo plazo— el consumo de los mexicanos contiene más elemento importado. Esto se puede financiar porque, de la misma manera, otras sociedades, otras economías, están también recurriendo a producto mexicano que ellos importan.

La cuestión es que el mercado interno no progresa. Está estancado. En tanto esto sucede, el gobierno nuevo está más preocupado por ver cómo capta más impuestos que por ver cómo los negocios se liberan de cargas y orientan sus recursos más al crecimiento y generación de empleos. Todo lo que se va hacia el gobierno solo sirve para financiar gasto público que puede o no resultar en beneficio para el país. Todo lo que se reinvierte en crecimiento en la empresa privada, redunda en más empleo y, por ende, crecimiento inmediato del mercado interno.

El mayor error que continúa cometiendo nuestra sociedad —el país entero— con los políticos en el poder a la cabeza, es creer que los impuestos son la salvación. La aspiración al puesto público en México es casi un asunto de características socio-patológicas. Y es que se sabe que las condiciones de ese tipo de empleo se convierten en seguridad para el individuo, aunque ésta se dé gracias a un pacto en el cual se acepta el estancamiento como proyección.

Los impuestos, no solo son onerosos, sino que el proceso para llegar a ellos es complejo, costoso, generador de falta de competitividad, improductivo y demás similares. Y todo esto podría cambiar si las cosas se simplificaran. Para ello hay que empezar con el concepto de declaración. ¿Cómo que “declaración”? ¿No tiene el sistema tributario del país una completa base de datos que le informa todo lo que todos facturan y lo que todos pagan? Un gobierno que tiene controlado todo lo que se factura y todo lo que se paga (lo que pasa por los bancos) para qué rayos necesita una declaración? Es obvio que es una manera de retar a la sociedad, como si ésta fuera enemiga y habría que encontrarle en dónde puede estar dejando de cumplir.

La desgracia es que el costo en energía social de cumplir se hace oneroso en detrimento de la competitividad. Y esto es lo que no es posible mantener. Es un lujo que nos está costando a todos en falta de crecimiento del mercado interno. Es algo que estamos obligados, como país, a detener. No podemos jugar con la política en este renglón, porque es jugar con el bienestar del resto de los ciudadanos. El sistema tributario del país tiene que convertirse en algo automático; de lo contrario, el costo continuará impidiendo crecimiento sano.

Si la idea de la erradicación del concepto de “declaración” es algo nuevo, es decir, algo que no se ha practicado en otros lugares del mundo, entonces lo que procede es lanzarla globalmente. Los sistemas informáticos del día de hoy permiten la automatización total, completa y sin pretextos personalizados, del pago de contribuciones de acuerdo a leyes que al ser elaboradas, tomen en cuenta esas posibilidades.

La “declaración” fiscal está haciéndose cuando se emite una factura. Ésta es, siempre, un “documento público”. Lo es porque está sujeto a escrutinio de la sociedad. ¿Por qué ahora se promueve la inexistencia del “secreto bancario” pero se mantiene el secreto de la facturación? No tiene sentido.

La cuenta bancaria fiscal está ahora totalmente sujeta al escrutinio del Estado en el momento en que éste lo pida. Obvio, el Estado legal es representante de la sociedad; ésta es el colectivo de todos nosotros. Ése es el punto perfecto para el filtro del tributo al tesoro central al cual todos estamos obligados a cooperar.

¿Estamos realmente obligados? Sí, en la medida en que seamos una sociedad llena de desigualdades. El objetivo debe ser la cancelación de esas desigualdades; es una meta que perseguirá la conversión del país en una sociedad igualitaria. La idea es que nadie tiene por qué ser premiado cuando hace uso de facultades circunstanciales. Como tales, son facultades sin mérito personal; por ello, no tienen por qué ser “premiadas” con riqueza que haga, a quienes las tienen, diferentes a los demás. El filtro para la cobranza de impuestos concentra en el tesoro de la nación esos recursos que se ponen a disposición de la sociedad entera.

Algún mecanismo deben tener los países llamados igualitarios como Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega, Holanda, Bélgica y unos cuantos más. Son sociedades que han enseñado desde la cuna la necesidad del igualitarismo. Los que producen mucho y se podrían convertir en millonarios, saben que deben pagar grandes cantidades en impuestos. Estos pagos son lo que finalmente los deja a todos a los mismos niveles. Nadie tiene que preocuparse por educación, salud, aposento, ropa, alimento, entretenimiento y demás elementos sustanciales a la vida humana en cultura.

Por desgracia, el mundo tiene un monstruo que se llama Estados Unidos de América. Hoy es la cuna del sistema monetario mundial. Ellos han puesto reglas del juego que todos deben obedecer o sucumbir. México se encuentra inmerso en ese ámbito de reglas. Son reglas aparentemente adecuadas para que el sistema de la libre oferta y demanda funcione eficientemente. Sin embargo, es la política económica de ese mismo país, el factor que en forma más brutal ha roto las mismas reglas que les impone a los demás países. Ellos han puesto en circulación en el mundo entero una gran cantidad de cheques sin fondos; pero se llaman Dolares USA y circulan porque son deseados por todas las economías del mundo. Es el billete que sirve para que se paguen entre sí sus deudas; la ventaja para los EEUU es que es un dinero que no regresará para ser cobrado en el territorio de quien firma como responsable del mismo.

Esta incursión de razonamientos, al dar la vuelta nos ha mostrado cómo los puntos de partida se unen. Allí tenemos el panorama; es obvio que exige solución y ésta no se está dando.

domingo, 9 de junio de 2013

Libertad de Expresión, derecho manoseado

Ayer fue 7 de junio de 2013, día que el ex presidente Miguel Alemán Valdés instauró como para celebrar la Libertad de Expresión en México. Hoy, día 8, después de 24 horas de más o menos pensar qué se puede decir del tema, escojo lo que expongo.

Los mexicanos siempre encontramos la manera de hacer elásticas las leyes, así como también las obligaciones, pero sobre todo los derechos. En esta forma, el derecho a la Libertad de Expresión, se ha convertido en tema de polémica: cada quien desea que esa libertad se extienda hasta donde le convenga al que quiere hacer uso de ella.

Así, la libertad de expresión se ha convertido en un caos politizado de información falsa o escogida verdadera, para hacer que personas, cosas, eventos, entidades, grupos, etc., parezcan lo que el comunicador quiere, y no lo en realidad son.

Así, los políticos le temen a esa libertad y andan viendo cómo mantienen tranquilos a los que manejan los medios. Los políticos saben que en el momento que lo deseen, los comunicadores capaces pueden lanzar textos llenos de verdades a medias —la forma más peligrosa de decir mentiras— que se mezclan con sucesos muchas veces sin ninguna relación con quien mencionan.

Pero es lo que permite la Libertad de Expresión. Y mucho cuidado con que alguien ose sugerir que esa libertad debe ser “regulada”. No, ¡por favor! ¡Esa sería un sugerencia sacrílega! Aunque hoy por hoy, todos los días, el pésimo uso de esa libertad está generando ciudadanos muy mal informados, incapaces de tomar decisiones colectivas de valor para sus comunidades.

Vivimos en un sistema de escasez: nada es infinito en nuestro sistema. Por lo tanto, el “pastel” debe ser cuidadosamente distribuido entre todos los que más o menos van justificando su derecho a un pedazo —o varios. La Libertad de Expresión se usa para comunicar las cosas de tal forma que los intereses de quienes comunican sean los que queden mejor parados. Hay que hacer que “se vean bien” las entidades que dan provecho a los comunicadores, ¿no es así?

El argumento es muy sencillo: el comunicador vive de lo que le pagan los que tienen interés en publicar algo en sus medios. El único comunicador libre es el que puede realmente decir lo que piensa, aquello en lo que está honestamente convencido y que no tiene nada que ver con los intereses de las entidades que protagonizan los escritos. Esto es posible cuando el medio solo es aprovechado como vehículo para llevar mensajes comerciales, en donde la calidad de lo que se anuncia es responsabilidad de quien lo anuncia.

Pero, ¿qué ha pasado en el país? Que los políticos de colmillo largo, han encontrado la manera de dominar a las entidades comerciales, de tal forma que las centrales de medios solamente utilicen medios que publiquen contenido “amigable” con los políticos en turno ejecutivo.

Y eso, ¿es legal? Eso es canallesco; en un mundo perfecto jamás podría ser legal. Pero México está lejos de ser una cultura perfecta. En algunas culturas modernas existirían maneras de acudir a instancias legales y acusar a los políticos que actúen en esa forma. El dinero público que se use para comunicar al ciudadano lo que sus gobiernos hacen, debe ser equitativamente distribuido entre todos los medios.

La realidad es que la calidad de la Libertad de Expresión está en manos de la ética de los directores de medios. Ellos y ellas son quienes pueden hacer de la información en México, algo que genere una nación mejor, o algo que continuará estancado en callejones culturales que no parecen tener fin.

¿Qué puede hacer el público en general? Sencillo: favorecer la lectura de medios que demuestren ética simple en la manera de tratar cualquier tema o cualquier postura política. El rechazo de la lectura de medios que no pueden ser considerados objetivos o éticos, provocará el triunfo del sitio que en forma más equilibrada y ética expone información.

sábado, 8 de junio de 2013

Sin ética, el mensaje es basura

La BBC o British Broadcasting Corporation, es un ejemplo importante en la historia de la humanidad con respecto a la manera en que una sociedad se provee a sí misma de un medio de comunicación que no responderá a intereses ajenos a los de informar con el máximo, estricto, apego a los hechos, a la colectividad que la sostiene.

En el territorio de las islas británicas, la BBC se mantiene con las aportaciones que se obtienen de todos los que cuentan con aparatos para recibir la señal de TV a través de la cual se transmite.

En México sí existe algo parecido, pero siguiendo el modelo USA. La estación mantenida con impuestos de mexicanos, trata de competir con los consorcios televisivos privados, perdiendo la batalla. El auditorio de la televisora que podría corresponder al modelo de funcionamiento de la BBC, quizás no cuente ni con 3% del auditorio nacional.

Pero además, habría otro problema. La costumbre del político en México es ocupar el cargo de elección que le toca y cumplir con el compromiso de partido con que llega. Este “compromiso” incluye poner los recursos del Estado al servicio de los intereses del partido político. Obvio, aquí no vamos a ver propaganda abierta transmitida por la televisora; eso ya no es posible, por ley. ¿Entonces?

Lo que vamos a ver en estos casos, es noticias dadas con el sesgo que el gobierno en turno necesitará para “verse bien”. El mexicano dependerá totalmente del criterio político del partido al cual le toque gobernar. Por lo menos, un partido se abstuvo de intervenir para dictar el sentido de las noticias que se transmitirían en el canal oficial. Los demás no parecen haber actuado en esa misma forma.

Ese mismo fenómeno se ha visto con las televisoras estatales. Se convierten en la propaganda política más peligrosa, porque lo que se transmite no es presentado como propaganda, sino como “noticia”. Y sí, es noticia, pero redactada y escogida para que sea compatible con los intereses de quienes en ese momento detentan el poder.

Con Internet y los medios que allí han proliferado, la cosa no es diferente. El “tono” de las notas —lo mismo que la selección y omisión de las mismas— responde a los intereses propagandísticos del grupo en el poder. La posibilidad de que el ciudadano promedio quede objetivamente informado queda prácticamente nulificada.

La calidad de la información depende totalmente del criterio de los que dirigen y deciden qué se publica y cómo. ¿Cuántos directores de medios emiten instrucciones que podrían sonar en este sentido:?

Informen lo que la gente debe conocer para tomar decisiones apegadas a la realidad. No omitan lo importante; consideren importante todo aquello que puede afectar la vida del individuo, de la comunidad y del país. Eviten publicar conjeturas o especulaciones que no están probadas.

“Es que, señor, esta entidad de gobierno nos paga un anuncio... No nos conviene publicar la cosa en esta forma” podría ser el argumento esgrimido por alguien encargado de decidir qué se publica, cómo, en qué parte del medio, etc.

La pregunta de un director apegado a la simple ética podría ser: “¿Se está mostrando el anuncio pagado de acuerdo al contrato? Sí, ¿verdad? Entonces, así como cumplimos con nuestro contrato con esa entidad como cliente, debemos cumplir con la sociedad entera el contrato tácito de informar con equilibrio y objetividad...”

A los pocos días, cuando toque renovación de contrato de publicidad, podría suceder que la entidad mencionada con alguna sugerencia negativa en el medio, decida retirar su publicidad: “No pago para que me peguen...”

¿Qué hace la sociedad ante esto? Es obvio, que un colectivo de ciudadanos capaces de entender este problema, buscará la manera de que los medios más capaces de ser objetivos y éticos en lo que informan, sean los que se mantengan funcionando en forma garantizada, con una constante vigilancia.

Los medios que emiten notas, noticias y editoriales a través de Internet, van a verse favorecidos por las lecturas de sus páginas si el contenido es aprobado por los ciudadanos. A más páginas leídas, más banderolas publicitarias se podrán mostrar, enriqueciendo las posibilidades de facturación del medio.

Una Banderola Publicitaria es un corto mensaje —texto e imagen— que aparece en lugares claramente visibles de las páginas que aportan información, rodeando esa información y fotografías. La banderola que se muestra, anuncia un producto comercial, cuyas características, presentaciones, precios, condiciones, etc., se podrán ver con todo detalle en otra página de Internet que el lector podrá escoger ver con solo cliquear sobre la banderola.

Jamás el que pone publicidad y el que quiere saber de un producto, combinados, tuvieron un medio más idóneo que Internet tanto para dar a conocer un producto —por parte del que se anuncia— como para entender ese producto cabalmente —por parte del potencial consumidor.

En Internet, además, el que gana es el que es capaz de hacer dos cosas:

  1. Ofrecer verdadero contenido de valor
  2. Encontrar, inicialmente, la manera de promoverse

Sin (1), aunque se tenga eficiencia en (2), tarde o temprano —esperemos que temprano, para el bien de la sociedad— dejará de ser visitado. Por otra parte, con un buen contenido, un sitio de Internet irá creciendo en visitantes y páginas leídas conforme los buscadores detecten que el comportamiento de lectores anteriores fue bueno —buen tiempo en la página después de ser sugerida por el buscador.

Las condiciones tecnológicas están dadas para que, con una mínima inversión en tecnología, pero una constante mejora en calidad de contenido, los sitios informativos que ofrecen verdadero valor a la sociedad, deberán proliferar siguiendo las leyes de la oferta y demanda.

Sin embargo, regresamos obligadamente a que, sin ética en la dirección, la mejor presentación no se convertirá en beneficio de la sociedad. Progresivamente esto será entendido con mayor agudeza por el ciudadano; es cuestión de tiempo. Y el tiempo será menor en la medida en que quienes están encargados de educar, lo hagan también con simple ética.

lunes, 4 de febrero de 2013

Liberarnos del uso del dinero nos hará más felices

Libertad humana

Después de ver los documentales Zeitgeist, sientes ganas de escribir lo que a continuación te presento.

¿Vive realmente el ser humano en libertad? Estamos haciendo esta pregunta en enero de 2013. ¿Vivimos en libertad?

Aclaremos acerca de cuál humano estamos haciendo la pregunta. Es obvio que en diferentes regiones, países, continentes, la vida de los humanos presenta particularidades. En algunos lugares el concepto de libertad humana tiene un sentido en tanto que en otros tiene otro sentido.

Por lo tanto, aclaremos: estamos haciendo la pregunta acerca del humano en general, considerado como ese ser que pertenece a la cultura hegemónica, la cultura que está convirtiéndose en el punto de referencia de todas las demás culturas.

¿Hay libertad en la cultura hegemónica?

Cualquier persona del mundo actual —probablemente perteneciente a cualquier cultura existente hoy— que oyera la pregunta, se aprestaría a responder rotundamente que . Es más, te diría, de inmediato, que no solo hay libertad, sino que también hay democracia. Esta, todos ya sabemos qué es: nos invita a pensar o sentir que el poder reside en la gente en general y no en los políticos o el gobierno.

¿Y de dónde viene ese “poder”? Se desprende de la conclusión de lo que hacemos el día de elecciones: vamos todos a las urnas y depositamos nuestro “voto”. Con eso estamos tranquilos y creemos que “ya hemos participado”; creemos que “ya hablamos y se nos escuchó”. Por lo menos, ese es el sentimiento.

La realidad es que estamos todos sujetos al movimiento del dinero. El lugar en donde “trabajamos” es, generalmente, un centro que se dedica a hacer algo para ver cómo colocan más dinero en sus cuentas bancarias. Lo que hacemos no necesariamente es lo más útil para el resto de los humanos, sino que es lo que encuentran quienes nos dan el trabajo, que más contribuye al flujo del dinero, elevando sus ganancias.

Vamos a trabajar y aceptamos un trabajo que quizás no nos interesa en lo absoluto, porque tenemos deudas. Y las deudas son por algo de más que necesitamos en un momento dado y que tuvimos que pagar antes de recibir fondos suficientes. Obvio, se trata de algo que no cuadra. ¿Por qué debe uno adquirir una deuda? “Es que en realidad solo se endeuda quien así desea hacerlo.” ¡Falso! Todos, absolutamente todos, estamos sujetos a lo que el ambiente nos va imbuyendo. No tenemos control sobre lo que se nos inyecta. La prueba es fácil de encontrar cuando vemos que el proceso de endeudamiento no es asunto de unos cuantos —una minoría— sino de grandes proporciones de personas.

Por otra parte, para que el sistema continúe funcionando, es necesario que todo mundo entre al juego del ciclo del dinero. Cuando analizamos las graves crisis económicas que se han dado —la Gran Depresión, por ejemplo— nos vamos a dar cuenta de que, en realidad, todas las empresas y sus instalaciones estaban intactas. Entonces, ¿por qué la depresión en sí? Porque el fenómeno es parte de un juego del dinero y de los que basan su poder en la acumulación de dinero.

Quien tiene dinero puede hacer que las personas que no tienen dinero, hagan —dentro de ciertos límites, desde luego— muchas cosas solo porque quien tiene dinero así lo desea. ¿Son cosas que benefician al resto de la humanidad? No necesariamente; en todo caso, son cosas que le hacen sentir bien a quien paga para que se hagan. Es muy difícil que quien tiene dinero lo aporte para que suceda algo que no le beneficiará en forma directa —provocando que le lleguen más ingresos.

Cancelando el uso del dinero

¿Se podría prohibir el uso del dinero? Sí: prohibirlo, totalmente. A ver, ¿qué es lo que sustituye al dinero?

Lo que sustituiría el uso del dinero sería nada más y nada menos que la honradez. Si la persona es honrada, no se requiere el uso del dinero para que haga lo que debe hacer —lo que puede hacer, que resulta en beneficio para los demás— y tome de lo que los demás han hecho solo lo que requiere para vivir.

Una de las primeras cosas que deberían suceder, es la transformación de todos los humanos vivos en personas que solo coman lo que viene de las plantas. Los lugares en donde se cultivan plantas son regiones que ayudan a que el medio ambiente sea mejor. En cambio, en donde se crían animales, se dan casos de extrema contaminación y generación de virus letales para la especie humana. Urge realmente, un cambio radical en este aspecto.

La cancelación del uso del dinero —es decir, la desaparición de dinero para cualquier cosa— tendría como colofón la anulación de la propiedad privada de la tierra. La tierra sería para uso colectivo de quienes estén capacitados para extraer de ella lo que se necesita como alimento. ¿Quién cultivaría la tierra si no hay dinero para vender lo que se va a hacer?

Aquí entra en juego la honradez vital: a algunas personas les va a gustar dedicarse al trabajo de la tierra, compartiendo la actividad con otras personas. Entre todos van a convivir generando productos que todos usarán.

¿Y los que aprovecharán esos productos? Nadie lo aprovechará más que en lo personal. Es decir, vas a tomar solo lo que te corresponde en lo personal. ¿Para qué quieres más? Ah, supongamos que quieres más para llevarles —transportar— a otros, porque es lo que te gusta hacer: transportar. ¡Pues eso harás! Tomarás un vehículo… ¡ah, y el vehículo quién lo hará! Los mismos que hoy están haciendo los vehículos, excepto que solo se quedarán las personas a las que lo harán porque les gusta.

Además, muchas actividades se irán mecanizando progresivamente. Es decir, cada día más y más actividades requerirán menos y menos de la presencia o actividad concreta —el trabajo— de los humanos. Por lo tanto, estos tendrán el privilegio de hacer lo que tengan ganas de hacer. Estarán disponibles para ser útiles en lo que sea y cuando la comunidad requiere actividades especiales, allí estarán por ética simple, para aportar todo aquello de que sean capaces y contribuir así a la resolución de los momentos de emergencia.

Todo está interconectado, pero requiere, cada paso, el uso del dinero (hoy). Pero puede hacerse, con honradez y estricta racionalidad, sin dinero de por medio. ¿Qué pasa si el ingeniero diseña una pieza y necesita que esta sea hecha con cierta aleación de metales? Dará la fórmula y por allá habrán varios lugares en donde podrán hacerlo con esas especificaciones. Dirá cuántos necesitan y recibirá ofrecimientos: entonces aceptará los que le parezcan que requerirán menos deterioro en el medio ambiente.

Ese mismo ingeniero recibirá ofertas de piezas. ¿Por qué? Quizás por el reto personal de hacer bien las cosas, de serles útil a los demás. Todos tendremos algo que agradecerles a los demás, porque lo que comemos, lo que usamos para vestir y calzar, está hecho por los demás.

¿Vamos a tener un carro parado, allí, esperando que se nos antoje usarlo, mientras el vecino tiene que correr para subirse a un camión o tiene que llamar un taxi? Probablemente, subirse a un camión o llamar un taxi dejarán de ser problema, como también dejará de ser problema tomar un carro de los que estarán allí, a tu alcance, disponibles. Lo usarás y cuando hayas terminado de usarlo, lo regresarás y listo.

Y muchas más veces que antes vamos a usar transporte colectivo. Y quienes conducirán el transporte colectivo, lo harán menos horas al día, porque habrá muchos más que disfrutarán hacerlo unas dos o tres horas y luego otros vendrán a hacerlo y así sucesivamente.

¿Toda la gente va a ser “buena” de la noche a la mañana? La reacción sería algo así como un terremoto pero sin desastres, o un huracán sin destrucción. De pronto, de un día para otro, se te pide que sigas haciendo lo que estás haciendo; que sigas consumiendo lo que estás consumiendo (quizás que te abstengas de almacenar grandes cantidades, sobre todo si algo podría echarse a perder); que te abstengas de desperdiciar lo que sea: energía, alimentos, agua, etc.

¿Seremos más libres?

Entonces seremos realmente libres, porque solo haremos aquello que sabemos que es útil para los demás que escojamos libremente hacer, no porque la paga es mayor, no porque tenemos influencias para entrar a ese trabajo, sino porque haciendo eso seremos más útiles para el resto. Y todos nosotros vamos a desear que los demás también sean útiles en lo que sea que hagan.

A mí me gusta escribir. ¿Qué escribiré? Lo que sea más útil para que los que están ocupados en la comunidad se enteren de lo que por otro lado sucede y qué pueden hacer para cooperar.

¿Habrá escasez de algo? Probablemente serán mas escasas las cosas menos útiles para que todos vivamos bien.

¿Y qué hacemos con la compra de cámaras finas para filmar películas? ¡Ah, desde luego! Allí van a estar las cámaras disponibles para los que tengan buenas e interesantes ideas para convertir en películas o series, porque la gente también va a querer ver creaciones fílmicas interesantes. Continuarán existiendo los documentales, que son los que permitirán que en todas partes nos informemos de cómo resuelven algunos problemas en otros lugares.

De lo que se trata es que estemos todos conscientes de qué es lo que podemos aportar en lo personal, al mismo tiempo de estar conscientes de qué es lo que necesitamos realmente para nosotros mismos.

Relaciones entre humanos

Esto es lo que más cambiará con el paso del tiempo. Al dejar de ser el dinero un factor, solo quedan las personas para relacionarse entre sí.

Probablemente en una situación así, lo que hoy conocemos como matrimonio monógamo desaparecerá para siempre.

Vamos a tener muchas sorpresas en cuanto a la felicidad del humano en general una vez que estemos inmersos viviendo en un mundo sin dinero.

Antes pasaban por tu casa para venderte algunas frutas, verduras y demás. Ahora tú irás para encontrar esos frutos y verduras especiales que te llevaban. El movimiento será más justo. Eventualmente, tú descubrirás que puedes hacerles un gran favor a tus vecinos, llevando a tu zona, verduras y frutos, para evitar que todos tengan que ir.

Zeitgeist tiene una gran idea: debemos encontrar la forma de ponerla en práctica ya.

 

jueves, 31 de enero de 2013

La promiscuidad sería lo natural para el humano

Lo que he escrito abajo, es producto de haber leído lo que encontré en esta página:

¿Es la promiscuidad algo que está de moda?

Me exigía a mí mismo hacer estos comentarios:

El asunto es que eso de la promiscuidad no existiría de no ser algo que está en la esencia misma del humano. O, ¿creen los autores de este artículo que la monogamia, la pareja de “felices para siempre” es algo intrínseco a nuestros genes? ¡Nada qué ver!

Basta con darle una leidita al libro llamado Sex At Dawn para darse cuenta de que lo que está mal, es la forma en que en la cultura, a partir de la invención y el uso de la agricultura, hemos tratado de organizar la sexualidad.

El humano es sexual por placer, no para la reproducción. Todas las enfermedades llamada venéreas o las que se transmiten por la vía sexual, han existido siempre. Pero hay muchas cosas que hacemos mal hoy. Hemos metido a nuestras vidas un friego de virus que provienen de animales que comemos, cuando nuestros cuerpos están diseñados para ser herbívoros. Por allá tenemos una gigantesca puerta de la muerte.

Si decidiéramos de verdad ser una humanidad feliz, habríamos de darnos cuenta de que:

La sexualidad es asunto de placer y solo de paso es para la reproducción. Nuestros parientes más cercanos, los bonobos tienen, en promedio, más de 3500 cópulas sexuales por embarazo. Los humanos, hoy en día, tenemos en promedio unos 800 coitos por cada embarazo: estamos muy por debajo de lo que nuestra especie requiere. Por eso andamos todos hambrientos por resolver el asunto de la sexualidad. Nos faltan por lo menos, en promedio, unas 2700 cópulas por embarazo, cuando solo estamos teniendo, en promedio, 800.

Es nada más cuestión de pensar esto: ¿no nos estaríamos todos muriendo de sueño, todo el día, y buscando cómo dormirnos, si solo pudiéramos tener en promedio 1.5 horas o 2 horas de sueño al día? ¡Ya nos habríamos vuelto locos!

Más o menos eso está pasando con nuestra sexualidad. Es un asunto que está todo el tiempo presente, porque nos falta todo el tiempo. Nunca tenemos suficiente. No basta el sexo entre una pareja: siempre, en el fondo, se desea más, se busca más, porque no se tiene realmente lo que nuestra especie está biológicamente programada para tener.

Toda la terrible problemática proviene de que a partir del invento de la agricultura, se determinó que era necesario saber quién es el padre de las criaturas. A partir de ese momento todo cambió.

Miren, hay algunas tribus que quedan, de esas que llaman “primitivas”, en las cuales aún no es asunto importante saber quién es el padre. Para todos, cualquiera puede ser el padre, incluso la madre. ¡No es importante para nadie! Por lo tanto, hay una razón más para evitar la competencia entre las personas; por eso la vida entre estas personas es más de cooperar que de competir. Y, ¿saben qué? ¡no le interesa a nadie la pornografía! Claro, todo el tiempo andan desnudos y el sexo es parte natural de la vida, casi casi como dormir lo es para nosotros.

No le anden buscando: está mal que comamos proteína animal. Nuestro cuerpo es de herbívoros y solo deberíamos comer lo que viene de las plantas. Nuestro cuerpo no necesita nada de los animales: NADA. Si crees que sí, es porque te has tragado la píldora de la cultura de los vaqueros del oeste gringo.

Así como comemos mal, vivimos mal en cuanto a la sexualidad. No mal: súper mal. Estamos totalmente equivocados. Obvio: no es un asunto fácil. Realmente necesitamos una revolución.

Además del libro Sex At Dawn que les recomiendo, por allí tienen la novela Diez mil años de crueldad, que más bien se refiere a un grupo humano que decide terminar con la crueldad de la cultura haciendo ellos sus propias formas de vida ¡en total promiscuidad entre ellos y los que entren…! Claro, previo análisis de salud.

martes, 29 de enero de 2013

La Confianza ha sido destruida por los medios de México

Confianza: si desaparece, todo se vuelve más difícil. Sucede en todo tipo de relación entre humanos.

Sería tonto sugerir que se promueva confiar en todos. Por desgracia, eso no es posible. Pero queda el otro extremo: no confiar. Negarles confianza, en forma automática, a todos. Esto también resultará contraproducente.

¿Se pierde más confiando en quien no se debiera, o desconfiando de quien se debiera? Solo ideológicamente —con ganas de ser positivo— afirmaría que se pierde más desconfiando de quien se debería confiar. Está difícil, ¿verdad? Nadie quiere que “le vean la cara”. Entonces la tendencia es a desconfiar de todos. La vida se vuelve un asunto que puede llegar a ser muy desagradable.

La vida en sociedad tiene reglas. La básica y fundamental de todas esas reglas es evitar hacerles a los demás lo que uno no quisiera que le hagan. Parece sencillo, ¿verdad? Sin embargo, requiere una alta dosis de honestidad. Nada se logra si en la primera oportunidad —al notar que “los demás” están descuidados— se actúa en contra de ese principio. Es obvio que no quisieras que se lleven tus objetos de valor cuando estés ausente de tu casa en donde los guardas. Entonces, ¿por qué lo haces?

La respuesta es muy sencilla: porque hemos llegado al punto del cinismo. Todo mundo solo busca la oportunidad para dar un sablazo y quedarse con algo que no le pertenece. El beneficiario de objetos que no le pertenecen, no quisiera que alguien le haga lo mismo, pero lo hace de todas maneras. La regla de oro quedó violada.

Es obvio que este muy breve análisis nos lleva a concluir que es muy difícil que la confianza prevalezca en el seno de una sociedad en la que constantemente deben mantenerse miembros con la labor o misión exclusiva de vigilar que el pacto no se rompa. El más grave y potente perjuicio que se le genera a la sociedad no radica en el atentado a los bienes de los demás, sino en el atentado al tesoro más valioso que podrían conservar los humanos en grupo: confianza entre sí.

La teoría detrás de todos los sistemas democráticos de gobierno —basados en la delegación de funciones y poder— se sustenta en la confianza que depositan los ciudadanos en manos de los políticos; confían en que los elegidos actuarán a favor de los intereses de los ciudadanos colectivamente considerados.

Esa actuación —la correcta— de los políticos puede darse o no darse. Sin embargo, la percepción de lo que realmente sucedió podría estar totalmente divorciada de la realidad. La inyección de mensajes sesgados —no necesariamente son falsos— a favor o en contra de los políticos, altera irremediablemente el sentido de la percepción. Levantar una encuesta entre los ciudadanos solo nos indicará qué es lo que los medios han logrado hacer en la opinión pública.

La realidad de lo que los políticos hacen solo puede medirse en base a datos concretos relacionados con los resultados de sus gestiones. Por desgracia, los medios también se encargan de presentar los datos rodeados de parafernalia acorde con la agenda que traen. ¿Qué nos queda?

La respuesta es: nuestra capacidad de juicio objetivo. Es decir, ignorar cuidadosamente lo que rodea cualquier nota y tratar de utilizar exclusivamente la información que se encuentre en ella. Luego, si de verdad se desea saber lo que realmente está sucediendo, será necesario leer el mismo tema de la nota, en otras redacciones de otros medios y comparar lo que dicen unos y otros.

Los editoriales sobre temas que nos interesen generalmente aportan opiniones que los autores tratan de sustentar con datos. Va a ser necesario comparar los datos dados por los autores de editoriales, con los datos extraídos de las notas.

Por último, será necesario acudir a los portales públicos de los políticos y leer la versión que ellos mismos desean darles a los ciudadanos sobre sus acciones. Allá de nuevo volveremos a encontrar los mismos datos —que, desde luego, deben coincidir entre así, o de lo contrario habremos descubierto mentiras francas— y podremos formarnos opiniones más sustentadas para tomar decisiones.

El proceso es largo, tedioso y los medios no lo están haciendo más fácil, sino todo lo contrario. Los medios en México han vivido, tradicionalmente, de decir las cosas en la forma que alguien paga para que así se digan. Ese alguien fue, tradicionalmente —entre 1917 y 2000— el propio gobierno de México, a través de la Secretaría de Gobernación. A partir del año 2000 —concretamente, del primero de diciembre— las cosas cambiaron y el gobierno dejó de pagar para que los medios dijeran las cosas como al gobierno le convenía. El resultado fue la perecepción que culminó con la derrota de la candidata de Acción Nacional el 1 de julio de 2012.

Tradicionalmente, en México se entendía, al terminar cada sexenio, que lo que parecía que se estaba haciendo, era simulación. Cuando un presidente subía a la tribuna del Congreso de la Unión, en tanto que se le escuchaba con gran pompa y absoluto respeto —hasta que Muñoz Ledo rompió esa costumbre— la gente se burlaba de los informes, llamándolos el “recuento de mentiras”. ¡Nadie les creía nada! Era igual que fuera verdad o no lo que proclamaran: para el gran público, se trataba de un “recuento de mentiras”.

Hubo un ligero cambio en la percepción de sentido de los informes de Fox y de Calderón. Pero el pueblo de México es muy especial: cuando parecería que el recuento sería de hechos ¡se buscó hasta la saciedad la manera de evitar que lo que Fox y Calderón dijeran en el Congreso de la Unión, permeara entre los mexicanos!

En el caso del primero, las intervenciones previas al informe eran libres y se dedicaban a provocar que la percepción del público tomara en cuenta que todo lo que habían hecho estaba mal. En el caso del segundo, los conflictos con el partido político de las izquierdas, provocó que Calderón jamás pudiera presentarse al Congreso de la Unión. La llegada de EPN al poder probablemente regrese el formato del informe anual a como era antes de Fox y Calderón. La cuestión es: ¿volverá el público en general a regresar a considerarlo un “recuento de mentiras”?

Lo triste es que en México la confianza se ha perdido. Cuando tuvieron el poder para hablar libremente, el público lo interpretó como que se dedicaron a contar mentiras; luego, cuando no tuvieron el poder, pero pusieron a funcionar la Ley de Transparencia —que permitiría corroborar cada cosa que dijeran en la tribuna— entonces se les impidió, a los presidentes, subir a la tribuna y decirle a los ciudadanos cuál era el estado en que se encontraban las cosas en sus gobiernos.

La pérdida de confianza es, como sea que se considere, un asunto de graves consecuencias para el funcionamiento del país. Esa pérdida de confianza se está dando a todos los niveles de gobierno: federal, estatal, municipal; se ha perdido la confianza también de los poderes legislativo y judicial. ¿Qué tiene que suceder en el país para que los ciudadanos vuelvan, algún día, a confiar en lo confiable y a saber percibir las cosas como realmente son?

lunes, 28 de enero de 2013

El fin de escribir para vivir

DRM, o Digital Rights Management: son las palabras que sirven para nombrar el concepto de Manejo de Derechos Digitales. Si compras un libro digital, ganas el derecho a leerlo, pero no ganas el derecho a copiarlo y a repartir las copias que hagas. El problema con DRM es que solo funciona un poquito, no todo lo que debe funcionar. Es decir, en el momento en que un libro es buscado en su versión pirata, ese libro va aparecer, porque pronto aparecen decenas de programas para liberar los libros del DRM comercial.

Entonces, ¿qué pasa si tú compras un libro que no tiene DRM? En primer lugar, estás pagando por una copia idéntica a la que acaba de adquirir tu hermano, tu amigo, tu hijo o tu esposa. A ambos les interesó el libro pero, son tan honestos que procedieron a pagar, cada uno, por su copia.

En cambio, si tu amigo compra una copia DRM, lo primero que vas a hacer es pedirle que te deje leer el libro a ti también. Es lo lógico. Y el amigo no va a cometer la pesadez de decirte que no puede hacerlo, pues su copia está “protegida”. Entonces tú, o el mismo amigo —el que tenga más interés en que lo de la copia funcione— va a hacer su búsqueda en Internet y va a encontrar en dónde puede obtener lo que se necesita para que la copia que ha comprado, quede liberada del DRM.

La pregunta es: ¿lo va a lograr? ¡Claro que sí! Por desgracia, todos los que lo quieran hacer, lo van a lograr.

El gran negocio de Amazon.com ha sido que vende todos los libros según el autor decida: con o sin DRM. El formato que usa Amazon.com, sin embargo, es el adecuado para leer en sus dispositivos llamados Kindle, ya sea el físicamente comercializado para efectos de leer esos libros en forma especial, o bien, los dispositivos de software, que Amazon.com ofrece gratuitamente para PC, Mac, iPad, iPhone, iPod, Android, etc.

¿Qué va a suceder con la venta de libros electrónicos en Amazon.com cuando descubra que dejó de ser negocio hacer libros electrónicos? Por desgracia, podríamos estar en la puerta de un retiro: Amazon.com podría decir: “No me interesa hacer copias para que todos copien sin que yo gane un centavo.” Y ese sería el principio del fin del libro electrónico.

En los dispositivos iBooks, Apple también protege los libros que vende con DRM. Solo pueden leerse en los dispositivos para los cuales están autorizados. Es decir, está usando su propia versión de un dispositivo, que es el encargado de aplicar las pruebas para determinar si la copia está o estuvo protegida.

Posiblemente estemos viendo el fin de los escritores que ganaban mucho dinero con la venta de sus libros. Eso se quedó en la era de los libros impresos en papel. En el presente, todos los libros que se escriban deberán tener muy explosivas exhortaciones para provocar que los que adquieran una copia pagando por ella, se abstengan de entregar y regalar copias. Es decir, las exhortaciones van a estar dirigidas a que tengan compasión con los escritores —personas que se pasan intentando plasmar en palabras, ideas, cuentos, historias, divulgación científica, etc., con el gran riesgo de que posiblemente jamás ganen un solo centavo por haberlo hecho.

La compasión por el escritor incluiría comentarios que podrían ir en una forma de estas:

  • Compré el libro electrónico. Aquí lo tengo. Te podría dar una copia, pero que creo que el escritor merece que pagues por la tuya. Dale, cómprala para que la comentemos.
  • La verdad, compré el libro, pero no me pareció la gran cosa. Mira, te doy una copia si me pagas la mitad de lo que pagué.
  • Está re malo el libro. No quiero saber nada de él. Te regalo la copia si la quieres, porque ya lo voy a borrar.
  • En mi opinión, este libro lo debes leer. Toma, aquí tienes tu copia. Ojalá que algún día le pagues al autor por haber hecho posible que entiendas lo que vas a entender de la vida después de leerlo.

¿Qué es lo que tienen las diferentes posiciones? Una constante: la calidad del libro. Si es bueno, quienes ya lo compraron van a querer que quienes aún no lo han leído, lo lean y los exhortarán a pagar por sus copias.

Por lo tanto quedarán flotando en el ambiente 2 cuestiones: 1) la calidad del libro en sí y 2) la honestidad del lector que tenga una copia por la cual haya pagado.

Obvio, ¿qué sucederá con las copias por las cuales nadie pagó? Obvio: sin DRM, el negocio de los libros, se acabó. Vamos a escribir porque nos gusta. Pero no lo vamos a dejar de hacer.

sábado, 5 de enero de 2013

Atando cabos culturales: “Diez mil años de crueldad”

¿Lees novelas? ¿Cuántas novelas al año lees?

Mira, te tengo dos posibilidades:

(1) Tú sí lees novelas.- ¿Es tu costumbre leer novelas? Si eres de las personas que han leído las novelas esas buenas que han sido publicadas, entonces la próxima novela que tú tienes que leerte —es realmente una obligación existencial, histórica— es Diez mil años de crueldad, por *Franz de J Fortuny**.

(2) No lees nada.- Pues entonces es el momento de que te inaugures a leer algo realmente que te va a impresionar, en buena forma o en mala forma —no sabemos exactamente. ¿No te atrae la idea de compenetrarte en la lectura de una novela cuyos personajes sugieren una forma de vida que se más acorde con la naturaleza humana?

En fin, ya sea que leas o no, la realidad es que Diez mil años de crueldad es una novela que no puedes dejar pasar. Si no lees, para que empieces a leer —porque te vas a dar cuenta que te estás perdiendo mucho. Pero si lees, entonces tienes la obligación existencial humana de hacer parte de tu acervo cultural, de cúmulo de conocimientos, las ideas que vas a ver que manifiesten los personajes de Diez mil años de crueldad.

¿Por qué el nombre?

La hipótesis más aceptada con respecto a la historia de la humanidad, es que esta empezó a ser lo que es hoy hace unos diez mil años, cuando nuestros ancestros inventaron la agricultura.

Nuestra forma de vida había sido muy diferente antes de que existiera la agricultura. La existencia de la agricultura marca un momento crucial en la historia de nuestra especie. Todo se vuelve diferente en la vida del humano a partir del surgimiento de la agricultura.

Es el primer momento en la historia del humano cuando los alimentos no se toman libremente del medio ambiente en que se habita, sino que se producen con el trabajo de algunas personas —que no todas— de una comunidad. Esta forma de hacer las cosas plantea una gran cantidad de cambios que tendrían que hacerse.

La cultura hoy

Nuestros sistema culturales el día de hoy, son una respuesta social a lo que la introducción de la agricultura requirió.

No podemos estar seguros de que todos esos cambios fueron los más inteligentes o los mejores que nuestros ancestros pudieron haber pensado. El caso es que son los cambios que fueron más o menos aceptados por diferentes seres humanos en diferentes puntos del globo terráqueo a los cuales la especie humana había llegado.

Sociedades libres de agricultura

Las sociedades libres de agricultura nominal, no sufren las consecuencias de las sociedades que dependen 100% de la producción agrícola, que llevan a cabo unos cuantos individuos, en tanto el resto se dedica a otras actividades.

Las sociedades libres de esa necesidad cultural de saber “quién es el padre”, son las que mejor y más felices se han mantenido hasta el día de hoy. Claro: sucede que cuentan con un hábitat que les permite realmente disfrutar de bastante libertad en cómo hacerse, todos, de lo que necesitan para sobrevivir.

La novela “Diez mila años de crueldad”, atadora de cabos

La historia humana tiene muchos cabos sueltos. Hoy, el resultado, tiene más cabos sueltos que jamás hubo. Y esta forma de organización social generalizada, provoca en la vida del humano un alto índice de incertidumbre.

La novela muestra cómo es posible que las cosas cambien. Claro, para ello, se requiere que muchas personas cambien y acepten una forma de vida totalmente diferente. Algunos ya habrán realizado sus vidas, otros estarán en proceso de definir qué es lo que quieren para sus vidas.

El tema es que es la actitud de cada persona lo que permite que se liberen o no.

Pero tu actitud no puede cambiar a menos que conozcas y entiendas alternativas.