sábado, 22 de septiembre de 2012

Martí Batres dice “no” a ley laboral de Calderón

La única ley laboral que puede funcionar en México es la que hoy existe.

No, es falsa la línea anterior. Muchas reformas laborales podrían resultar en leyes mucho mejores para México, pero la politización total de este tema hará que sea imposible llegar a una ley que de verdad transforme al país en un área de mayor productividad.


La ley que Calderón promueve es absolutamente funcional. Provocaría que el país se convierta en una área de gran atractivo para la inversión internacional. Por otra parte, el trabajador productivo tendría todas las de ganar —cual debe ser— en vez de que personas vividoras, típicos chambistas, se apoderen de puestos de trabajo y los conserven únicamente porque están “bien conectados” con el poder sindical.

Esa es la fórmula perfecta para tener a un país al filo de la disfuncionalidad total. Y así es como México está acostumbrado a funcionar: con leyes sujetas a negociación constante, leyes en las que la última palabra la dicen jueces que no tienen que referirse a ningún precepto hoy, porque mañana, la misma situación va a provocar que se aplique otra ley, porque el sapo es diferente —por lo tanto, requiere otro tipo de pedrada.

La actual ley laboral es altamente demagógica. Fue la respuesta a patrones que se pasaban de lacras. Entonces se produjo una ley para que los trabajadores sean los que se pasen de lacras. Así tenemos un país a todo dar: las leyes que nos rigen están diseñadas para ver quién puede ser más lacra, quién puede vivir más tiempo sin cumplir lo que sería su simple deber.

Si Martí Batres se opone a una ley, sin duda, esa ley es a favor de la productividad. Un país con una productividad mayor, es un país en el que todos pueden vivir un poquito mejor. Un país con baja productividad, es una región del mundo en la que la gente se anda aprendiendo fórmulas para conquistar leyes sin cumplirlas. Así nos encontramos hoy.

La gente ya está en las calles protestando por una ley laboral que ni conocen. Esa es la realidad. No entiende a fondo las consecuencias de esa ley. Jamás podría Felipe Calderón haber enviado al congreso una ley que iría en contra de los derechos de los trabajadores buenos, es decir, de los trabajadores que son productivos. Jamás lo habría hecho. Pero, eso, desde luego, está fuera de toda posible consideración. Ven en Calderón al “malísimo de la película”, al anti héroe total. Salen a la calle a protestar en contra de cambiar las cosas, como si México fuese hoy un país de primera.

El país lo formamos todos los mexicanos, no solo los políticos. Estos tienen poder hoy totalmente vigilado. Si tú eres un ciudadano mexicano y no estás vigilando tu gobierno municipal, estatal o federal, es porque no quieres hacerlo; porque no tienes interés.

Si tú no cuentas en tu ciudad con una prensa que analice las cosas en vez de mostrártelas como a los dueños del capital les interesa que otros las lean, es también porque no lo quieres. Los medios masivos de información hoy deberían estar en poder de las comunidades, en vez de estar en poder de intereses polarizados, ya sea políticos o económicos. Si no lo están es porque en el país nuestro no existe la cultura de la información limpia y sin sesgo. La gente lee lo que le ponen enfrente, sin pensar en analizarlo.

Los titulares de los impresos te están mostrando lo que los que los dirigen creen que tú debes conocer en primer plano. A través de los titulares ellos te están diciendo cómo debes pensar. Entonces, sin darte cuenta, vas tomando el camino que ellos te van mostrando.

En Mérida, la de Yucatán, hubo una vez una prensa que describía las cosas con fuerza y sabía poner los puntos sobre las íes. Pasó el tiempo y comenzó a tratar de deslizar su información hacia otro lado. Algo sucedió: la gente que leía esta prensa se dio cuenta y decidió dejar de leerla. Así, ese órgano dejó de ser estrictamente informativo y se convirtió en un órgano sujeto a ser vehículo de manipulación para que los postores aceptados transfirieran su mensaje como a ellos y sus causas les conviniera. Dejó de ser una prensa para servir a los intereses de la comunidad —en abstracto— y se convirtió en una prensa para servir a sus propios intereses económicos.

Esa triste historia es correcta: esa prensa era parte de un conjunto de negocios. Los negocios se forman, se levantan, para ganar dinero: hacer que el capital rinda. Y eso es lo que legítimamente estaban haciendo. Pero, sucede que, antes, esa misma prensa fue un gran negocio ayudando, al mismo tiempo, a los intereses de la comunidad. La coincidencia se dio por unos años: lograron ser el órgano de mayor circulación, captando, así, la mayoría de los mensajes comerciales.

Una comunidad debe tener un órgano informativo sostenido por la misma comunidad. Es la única manera de garantizar que lo que la comunidad debe conocer, saber, entender, captar y razonar, va a ser presentado de tal manera que cada individuo cuente, en lo personal —con solo leer la prensa comunitaria— con toda la información requerida para tomar buenas decisiones.

Artículo 7 hoy es solo un nombre que se está quedando en el recuerdo de algunos y en el olvido en otros. Es el que puede convertirse en un órgano fiscalizado por la comunidad de los habitantes de Mérida y ser usado en forma estricta para comunicar exactamente aquello que a todos les conviene saber. La prensa, impresa o por Internet o por radio o TV, es información. Esta sirve para una sola cosa: contar con elementos para tomar las decisiones apropiadas cuando llega el momento.

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