viernes, 15 de junio de 2012

El “Milagro Electoral 2012”… ¿se dará?

Dentro de escasos 16 días, dos semanas enteras y dos días, los mexicanos van a ir a las urnas con mala información en sus cerebros. Por lo tanto, los mexicanos, en masa, se van a equivocar en la opción que van a escoger ese día. La confusión que reina en el país es mayúscula. Pocos podríamos habernos imaginado que ya en la tercera década de una democracia electoral —por lo menos técnicamente correcta— nos habríamos de topar con el peor enemigo de esta forma de vida: la mala información.

Si sales a la calle y le preguntas a la gente por quién va a votar y luego le preguntas por qué, te encuentras con una situación realmente desesperante. La gente en general, no sabe nada de nada. Ve mal en donde no hay tal, ve bien en donde no existe. Pone esperanzas en lo que jamás funcionó y rechaza lo único que realmente ha modificado a favor del ciudadano la realidad mexicana global.

Escuchas a un candidato expresarse en forma cínica —que raya en la desvergüenza— engañando aún más a los que lo escuchan. Luego oyes al otro, tratando de hacer malabarismo aritmético, cayendo en contradicción tras contradicción. Y luego oyes al lógico —impecablemente lógico— pero sabes que es solo una pantalla que cubre uno de los peores crímenes históricos nacionales cometidos en contra de la formación educativa del mexicano.

Hay una mujer, solitaria entre tres hombres, que representa un cambio que no se notó, una solidez económica que no se percibe, un sistema respetuoso de las leyes y de los derechos humanos fundamentales que se da por sentado, una forma de gobernar responsable —tanto que le valió a México el calificativo internacional de la economía más sólida en 2012. Es la candidata perdida: habla a veces como poetisa y trata de mostrar cariño en lo que solo debe mostrar firmeza. Pero es la que el mexicano informado escogerá para presidenta. Por desgracia, los de esta clase —mexicano informado— son muy pocos, son una minoría casi en proceso de extinsión.

Yucatán… Yucatán es otro escenario. Aquí hemos heredado la suspicacia maya: “El indio sabe muchas cosas pero no las dice”, escribió Antonio Mediz Bolio. El yucateco sabe muchas cosas y las mantiene secretas para siempre, dando solo la sorpresa colectiva cuando nadie la esperaba. Mérida, la ciudad, y Yucatán, el estado, están ante el momento de ejercer su poder de voto. Para los yucatecos no será sorpresa; para los que aún están asimilando la esencia de Yucatán, les servirá para comprenderlo mejor.

Lástima por los años perdidos —los que tuvo Yucatán y los que podría vivir México… a menos que se dé el milagro.

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