viernes, 30 de marzo de 2012

¿Qué tipo de político escogerás?

Silencio electoral

Como lo dijo Felipe Calderón el 28 de marzo de 2012, el 30 de marzo de 2012 comienza un tiempo que no tiene nada de silencioso. Los políticos de la oposición van a emitir juicios muy sesgados —algunos, totalmente falsos, en forma intencional— con respecto a la obra del gobierno federal. Pero el ejecutivo de este no podrá decir ni pío, a pesar de que en todas las naciones democráticas del mundo, los presidentes y ministros en funciones siempre cuentan con el derecho a responder públicamente de los ataques que se les hagan.

Fue una ley apoyada por legisladores de todos los partidos. Como siempre, hay leyes que solo benefician a los torcidos y perjudican a los derechos. Esta ley impide que quien hizo un buen gobierno, se defienda cuando en forma injusta y falsa, se le imputen resultados negativos que no se dieron. México necesita un poder legislativo poblado de gente independiente, inteligente y solo con un compromiso: hacer leyes útiles para todos los mexicanos. ¿Sería muy caótico prohibir que los aspirantes a diputados y senadores pertenezcan a algún partido político?

Organismo electoral en peligro

El IPEPAC, órgano que debe ser conducido por ciudadanos, está en peligro inminente de convertirse en un apéndice del PRI yucateco. Día a día empujan para que la gente imparcial o con ética ciudadana —que garantizaría un proceso justo, apegado a que la contabilidad de los votos sea lo único que se refleje— sea removida de puestos clave para mantener imparcialidad y respeto a los resultados.

Lo van haciendo día a día. Lanzan una falsedad y provocan la salida del personaje que les estorbaba. Como obtienen éxito en su acción, encadenan otra acción similar para tirar a otro personaje que no podrán controlar.

Ciudadanizar lo que es ciudadano

En México —todo el territorio— tenemos el trauma del político. Estamos convencidos de que hay dos sub-especies de personas en nuestro país: los ciudadanos y los políticos. Tal parece que si es uno, no se puede ser lo otro.

Pero hay políticos que están convencidos de que ellos son ciudadanos y no quieren dejar de serlo. Son políticos, candidatos a gobernar Mérida y Yucatán, que comentan por todos lados la importancia de regresarles a los ciudadanos los organismos creados precisamente para mantenerse en manos de gente independiente de los partidos políticos.

Por otro lado, hay políticos que dicen una cosa pero finalmente, todo el mundo sabe que harán otra: quitarles más espacios a los ciudadanos independientes.

¿Qué tipo de político escogerás?

miércoles, 28 de marzo de 2012

Confundidos en la selva de lo falso

Es el grito desesperado de la oposición en México: “¡Que no dejen hablar al presidente Calderón! Eviten a toda costa que hable de contrastes.

Por todos lados se va esparciendo la consigna priista de impedir a toda costa que los panistas recurran al método de contrastar, para demostrar las verdaderas grandes diferencias entre la forma de gobernar de un partido y la forma de hacerlo el otro.

Hoy, el presidente Calderón decidió lanzar un discurso público para traer a colación una importante aclaración para responder a lo que dijo el presidente del PRI, Joaquín Coldwell, en relación a que los gobiernos del PAN habían empobrecido más al país. Los contrastes que el presidente Calderón ha dado —no vale la pena repetirlos aquí, dado que se pueden encontrar todos ellos, en detalle, en el sitio de la presidencia.gob.mx— no dejan lugar a duda alguna. Es muy difícil, sin embargo, hablar ante oídos sordos.

El Reforma decidió darle a la nota el título Acarrean a burócratas a acto de Calderón. En esa forma se borró totalmente el contenido real del acto. Nuestro país, sin duda, sufre de algo terrible. En el pasado, estos actos se formaban para contar mentiras, para lanzar cifras que no eran verdaderas, dado que al terminar los sexenios, se demostraba que el país estaba efectivamente quebrado.

Hoy, cuando el presidente Calderón convoca a un acto informativo —más que nada, para darle cabal respuesta a los comentarios de Joaquín Coldwell— y dice cifras corroborables, incluso reconocidas en detalle a nivel internacional, entonces, la nota periodística hace algo para agradarle… ¿a quién? ¿A quién le pretende agradar El Reforma? Están molestos porque no les han dado tanta publicidad como les habría gustado. ¿De eso se trata? No parece ser así. Entonces, ¿está maiceado el reportero que lanzó la nota? ¿Ya le llegaron los esbirros de Joaquín Coldwell?

El asunto importante es que las cifras que ha dado hoy Calderón —que están siempre listas para que cualquiera las pueda ver en el portal de presidencia.gob.mx— son fundadas y ciertas. No son cuentos de sexenio. El país está más fuerte que jamás estuvo. Y esta fortaleza solo se ha logrado cuando los gobiernos que han dirigido México durante los últimos 11 años, han hechos las cosas con responsabilidad financiera, administrativa y honestidad operativa. Nadie lo duda: ha habido actos aislados de corrupción, pero no la selva generalizada que se dio durante los años de desgobierno federal priista y que hoy puede volverse a encontrar en los estados, totalmente endeudados, que dejan los gobernadores priistas, e incluso perredistas.

Las libertades de la democracia, dejadas en manos de delincuentes culturales, se convierten en armas letales en contra del pueblo de México entero. Hoy tenemos leyes que impiden que los gobiernos buenos, los que de verdad obtienen resultados, puedan dar a conocer lo que han logrado actuando con responsabilidad administrativa. Las leyes electorales prohíben que los políticos que han hecho bien las cosas, lo demuestren, para que los votantes se den cuenta y voten por los del mismo partido. ¡No! Los del PRI se encargaron de promover leyes que los ingenuos panistas, en su momento, aprobaron, creyendo que, a fin de cuentas, eso protegería al pueblo de las mentiras de los gobiernos priistas. Pero no se dieron cuenta de que también evitaría que el pueblo se entere de las verdades contundentes de lo positivo hecho por los gobiernos buenos.

“Es que ese es el deber del político…” Eso es lo que uno puede oír que pontifiquen los de la pose de oposición automática a todo lo que sea PAN, solo porque puede ser que haya más creyentes católicos dentro de ese partido. Claro que el deber del político es hacer las cosas tal cual las hace el PAN cuando gobierna. Claro que sí. Pero también es cierto que si durante todo el tiempo, prensa y medios desbocados creen que ser “valientes informadores” es criticar todo, aún lo positivo y minimizarlo, engañando a la gente con respecto a lo que realmente tiene valor para la nación, entonces es necesario que los políticos que hacen bien las cosas, tengan la oportunidad de informar lo que realmente lograron en sus mandatos.

La Internet ayuda a que la historia pueda ser revisada con objetividad en el futuro. Esperemos que las cosas de los portales oficiales de hoy permanezcan intocables, para que las generaciones futuras, esas que se acostumbrarán más a usar Internet para estudiar lo que realmente sucedió, algún día observarán cuidadosamente los indicadores y entonces dirán: “Ah, caray, ¡estos sí que hicieron bien las cosas! ¿Por qué la gente no lo sabrá?”

Las libertades democráticas en una cultura de corrupción, son terriblemente peligrosas para las decisiones colectivas que la gente habrá de tomar en las urnas. Allá es cuando la gente vota según lo que ha oído, según lo que ha logrado captar. Obvio, me refiero a los que no tienen intereses directos con algún político o partido. Me refiero a los ciudadanos que, para votar, deben analizar por qué les conviene, como nación, como estado, como ciudad, un partido, un grupo político y no otro, que ha tenido su momento y solo ha echado a perder las cosas.

Los ciudadanos responsables de este país debemos tomar las riendas de la política y convertir a la política en lo que es cosa pública. Todos nosotros somos el público, el pueblo, la ciudadanía. No podemos dejar las cosas públicas en manos de unos cuantos, esos que han hecho de lo público, asuntos de su privacidad particular. La elección de 2012 solo podrá reflejar lo que le conviene a México si son los ciudadanos capaces de vislumbrar la realidad, de leer entre líneas y de entender los contrastes, los que habrán de liderar a los que aún mantienen confundidos en la selva de lo falso.

 

lunes, 26 de marzo de 2012

¿Hay que cambiar el modelo? ¿De verdad lo dicen?

Cambiando el "Modelo Económico"

El Modelo Económico debe cambiar

Así lo afirman, lo repiten uno y otro día. Lo dicen en cada ocasión. Son personas que creen haber encontrado la fórmula perfecta para que la humanidad viva mejor. Consideran que el sistema que hoy tenemos —basado en la competencia, con leyes para asegurarse de que se dé la competencia— no funciona porque genera mucho pobre.

¿No se darán cuenta del terrible disparate que están diciendo?

Nuestra especie, la humana, existe hoy porque se dio un proceso de selección natural consistente en que, conforme surgían especies, algunas lograban sobrevivir y otras no. Antes que nosotros han habido otras especies parecidas a nosotros. El homo neanderthalis es una especie que no logró llegarnos al tamaño de cerebro que tenemos. El de ellos solo tenía 1.2 kgs, en tanto que el nuestro alcanzó 1.45 kgs. Esa "pequeña" diferencia, hizo la diferencia. Es algo que no debería ser difícil de entender.

Los "abogados" de los que nos quedamos con pocos recursos —poco dinero— a pesar de trabajar mucho y muchos años, desarrollan un argumento de acuerdo al cual el modelo económico es el que se tiene que cambiar para que no existan tantas desigualdades. Cada vez que oigo estos argumentos siento que el cuerpo se me estremece por dentro. Me pregunto por qué les es tan difícil entender algo que es tan sencillo: la competencia por la supervivencia es una lucha que ganan los que son más competitivos. Eso es todo.

Hoy, ser más competitivo no siempre significa ser el mejor —digamos, objetivamente. Hoy, ser más competitivo significa saber controlar todas las variables del entorno. Y este es mucho más complejo de lo que jamás antes fue. No solo es necesario comprender con exactitud las complejidades del objetivo en el que se desea ser competitivo, sino hay que saber dominar los procesos que están en el camino. En otras palabras, no solo es necesario ser una gran corredor y hacerlo con eficiencia y buena velocidad, sino que también es necesario conocer el camino social que hay que recorrer, las puertas que hay que provocar que se abran y las entidades que deben conquistarse para lograr estar en la competencia.

Ni modo, así es hoy la vida. Esto sí se puede perfeccionar. Pero esto no implica cambiar el modelo, sino eliminar los elementos artificiales, esos que pueden cancelar la posibilidad de que gente más competitiva sea la que gane. Por ejemplo, un caso es el que tenemos cuando el gobierno les cierra las puertas a las empresas pequeñas cuando se trata de competir por un contrato. Al hacer esto, la empresa grande, en forma automática, queda favorecida por una reglamentación que no necesariamente está a favor de lo que se persigue cuando se permite que el más competente gane. A la sociedad misma se le están creando trabas, al no permitir que entidades pequeñas, en proceso de crecer, puedan demostrar que pueden ser competitivas y ganar.

Sin competencia, no hay garantía de bondad

El modelo económico que algunos desean cambiar, el capitalismo, se basa, para funcionar, en la libre competencia de las entidades productivas. Si en forma artificiosa el sistema promueve victorias de entidades que no son las más competitivas, es el público, la sociedad, la gente en general, la que se verá perjudicada: no le llegarán los productos o servicios que más les convienen.

La sociedad sí debe estar pendiente, alerta en todo momento, para vigilar que no se rompa el esquema de la competitividad. De hecho, la legislación para evitar los monopolios es fundamental para evitar, a toda costa, la proliferación de entidades que solo tratarán de acaparar el mercado y luego tener las de ganar, dado que no habrá ningún ofertante que compita con ellas. El público tendrá que aceptar lo que sea que le estén vendiendo.

En México tenemos 2 monopolios —hoy, en 2012— de este tipo: PEMEX y la CFE. Solo podemos comprar los combustibles que se vendan a través de PEMEX y solo podemos contratar electricidad de la CFE. Si los precios o la calidad de los servicios no son buenos, pues es lo que ofrece México, es todo lo que hay. Son monopolios. Como tales, dependen del grado de responsabilidad que tenga el gobierno federal en funciones. Si el gobierno en funciones solo tiene intereses políticos —en lograr ganar elecciones— hará las cosas para que los sindicatos de esas empresas nacionales estén contentos. El público no le importará al dueño —que no lo es— porque el servicio de esas empresas no estará vinculado al partido político, por lo menos, en forma visible y directa. En cambio, si la administración en funciones es responsable, entonces el servicio tratará de mejorarse a toda costa, aunque en el camino los roces con los sindicatos hagan que estos dejen de apoyar políticamente al gobierno en funciones. Los votantes no sabrán por qué se dio un buen servicio, y las leyes electorales prohíben que a la gente se le explique cómo se logro mejorar el servicio. (¿Es esto *aceptable? No, ¿verdad? Entonces, ¿por qué tenemos leyes así?)

Antes teníamos TELMEX como otro monopolio. Hoy es posible contratar servicios de telefonía, Internet y TV por cable de muchas empresas. Algunas de ellas tienen sus propios satélites y otras tienden su propia cablería. Allá está el público para decir lo que siente de esta apertura: ¿han mejorado las empresas que compiten? La respuesta es difícil, pero solo un ciego no podría notar las inmensas mejoras de TELMEX a partir de su privatización en la era Salinas de Gortari. También cabe aclarar que, hasta donde sabemos, TELMEX no ha cumplido cabalmente todos los compromisos que adquirió.

En México, pues, no tenemos un país de libre competencia total, sino uno parcial. No todos los servicios pueden ser objeto de competencia —a ver quién da el mejor— sino solo algunos: los que no sufrieron un cambio constitucional debido al capricho de algún presidente que creyó que había que cambiar el modelo económico. Ese cambio de modelo sería la causa de que hoy tengamos en México gasolinas caras —las más del mundo— y electricidad vergonzosamente subsidiada —solo échele un vistazo a su recibo, y se dará cuenta de que su energía, la paga la sociedad, a través del gobierno.

Los intelectuales e intelectualoides —algunos desean con toda su alma ser clasificados como "intelectuales de izquierda"— trafican con palabrería que rodea esquemas que promueven, entre otras cosas, el cambio del modelo económico. ¿Qué buscan? ¿Cancelar la competitividad? Esto no es posible. Pero, ¿sabe la gente en general que cancelar este sistema solo provoca que a la sociedad le vaya peor y no mejor, siendo, como en todo, los más perjudicados los que menos grandes fortunas tenemos? Por desgracia, el ciudadano medio no entiende ni remotamente de qué se trata y por qué, cuando apoya una opción para cambiar el modelo económico está firman su sentencia hacia una sociedad de mediocridad total.

Los males no son por el modelo actual, sino porque no es el modelo que se cree

En realidad, lo que se debe empujar es por que el modelo sea efectivamente uno realmente basado en la competitividad pura. Y esto empieza desde la escuela. Los mexicanos han colocado grandes cantidades de ahorro forzado (impuestos) en el tema de la Educación. ¿Qué se ha logrado? ¡Un sindicato fuerte! Y esto, ¿en qué nos beneficia? ¡En nada! Esto es lo que nos ha perjudicado, lo que ha hecho que esos esfuerzos pagados con los ahorros de los mexicanos, no se hayan convertido en un exitoso sistema educativo, que esté hoy formando ciudadanos de primera clase.

Basta con entrar a un foro público en Internet para darse cuenta de la penosa calidad de redacción y ortográfica que tiene la generalidad de nuestro pueblo. ¿Qué ha pasado? ¿Son los que participan en estos foros, en algunas forma, los que fueron peores como estudiantes de lengua española? Escribir correctamente no es algo que, para hacerse, deba llevar muchas vueltas de corrección. ¡Para nada! Para escribir con claridad, solo hay que pensar con claridad. Pero no se puede pensar así, con claridad, si la información que uno ha recibido en la escuela fue oscura, tergiversada y propagada por maestros con poco interés en generar gente capaz y altamente competitiva.

El modelo es el que todos necesitamos hoy: el de la libre competencia. Pero para que este modelo funcione, la sociedad tiene que estar alerta de varias cosas:

  1. Que la educación que se está impartiendo sea de calidad.
  2. Que las leyes anti monopolios se cumplan.
  3. Que los contratos de los gobiernos realmente se les concedan a los que presenten los mejores proyectos.
  4. Que los servicios dados a concesionarias —sobre todo de comunicación masiva, radio y TV— sean de calidad o se les revoquen los permisos.
  5. Que los políticos busquen generar condiciones para que la libre competencia sea la que marque la pauta.
  6. Que las leyes protejan a todos los competidores en el proceso.
  7. Que los ciudadanos en general, estén protegidos de los productos y servicios chatarra.

No es el modelo lo que hay que cambiar, sino la convicción de que el modelo es el correcto, pero no estamos formando gente para el modelo. En otras palabras, el asunto es totalmente al revés.

viernes, 23 de marzo de 2012

¿Dónde está el árbitro electoral?

Es la cuarta vez que recibo una llamada semejante. Clasifico esta llamada en la misma categoría que otras anteriores, por el tipo de preguntas que hacen y las preguntas mismas. Me pregunto si los que reciben esta llamada se dan cuenta de lo mismo que me di cuenta. De ser así, ¿no existe manera de elevar una queja al IFE por la total falta de ética inmersa en las preguntas?

“Si el PRI pudiera resolver los problemas de seguridad de México, ¿votaría usted por el PRI?” La lógica podría empujarte a decir “sí” —por qué no voy a votar por una opción que CREO que puede resolver los problemas de seguridad, ¿no?— y dudo que alguien discuta la pregunta y diga: “Mire, la verdad, yo votaría por cualquiera que me asegure que puede resolver los problemas de seguridad de México.” Esto también contaría por un “sí” por el PRI, pues es el partido involucrado en la primera pregunta.

Tienes que armarte de criterio y de valor para decir: “Mire, la pregunta no está bien hecha. Pero si usted insiste en preguntármela, tengo que decirle que no, porque no creo que el PRI pueda resolver en una forma legal, es decir, sin transar, los problemas de seguridad de México.” ¿Qué instrucción tiene el encuestador? Probablemente sea de marcar como “No respondió.” Listo. ¡Gran encuesta!

Pero más adelante hay otra pregunta exactamente en el mismo sentido, pero con otro tema: “Votaría usted por el PRI si este partido pudiera resolver los problemas económicos de México.” La lógica es idéntica, excepto que quien sabe de qué se trata la cosa y está enterado de lo que realmente ha pasado en este país, tendría que decir: “No votaría por el PRI porque no supo jamás resolver los problemas económicos de México. Las quiebras de cada 6 años se acabaron a partir de 2000. Por lo tanto, la respuesta es no.”

Es muy probable que esas mismas preguntas hayan llegado a su casa por la vía telefónica. Son preguntas que solo pueden ser contestadas cuando el interrogado es activo ante la encuestadora. De lo contrario, ¡se lo tragan vivo! Finalmente lo que van a publicar son los resultados esos que contestaron mientras alguien deglutía sus pedazos. ¿Pueden tener algún valor las encuestas en esos términos?

¿En dónde está el árbitro electoral? ¿No es esta entidad, el IFE, la que debería darle el visto bueno a las encuestas?

 

sábado, 17 de marzo de 2012

¿Te informas responsablemente?

Es inútil: si no nos informamos con exactitud, estamos perdidos.

El sistema de vida actual exige de cada individuo calidad informativa. Esta no consiste solo en leer, sino en asimilar. El tema es complicado, pero grave e imprescindible. Nadie puede decir "esto a mí, no me importa". La frase aquella de "yo soy apolítico(a)" no vale nada. Quien no está informado es incapaz de tener algo inteligente qué decir, por ejemplo, frente a la dama de nombre Denise Dresser, quien en una poética prosa —de alta calidad, si esta consiste en motor acelerado— nos invita a anular nuestro voto el próximo día de elecciones.

Su invitación, de indiscutible pose intelectual de alta aspiración, se basa en una premisa que es totalmente falsa: que ningún gobierno está capacitado para hacer lo que México realmente necesita. Esta visión —sesgada, prejuiciada y engañante— implica que los 11 años de gobiernos diferentes —con Fox y Calderón en el ejecutivo— "no han hecho ninguna diferencia". ¡Falso, falso, falso de toda falsedad! ¿Por qué insisten en borrar de un plumaso demagógico intelectualoide 11 años reconocidos internacionalmente por logros comparables en superioridad de calidad de gobierno —como administrador de nuestros dineros— a lo que otros gobiernos, más viejos y ricos no lograron?

"Vamos a anular nuestro voto, para gritarles que estamos en desacuerdo con todo..." Es una afirmación basada en la premisa de que se logró nada. Y esto es lo falso.

No existe punto de comparación entre el nivel de calidad administrativa y financiera lograda —con una tendencia que continúa— por los gobiernos de Fox y Calderón, con los demás gobiernos priistas del siglo 20. México no logró jamás consolidación financiera. Carlos Salinas de Gortari jugó el perfecto juego de la simulación —ese en que son especialistas los priistas— dejando el país en quiebra total, pero haciéndonos creer que habíamos entrado al primer mundo. Dejó la reserva internacional de divisas en cero. Sí, en cero. Zedillo entregó el país a Fox con una reserva de US$20 mil millones, con una deuda pública al margen de lo no manejable.

En solo 11 años —después de 71 años de quiebras— tenemos una reserva de US$150 mil millones, que es 3 veces la deuda externa, cuando, en 2000, la deuda externa era 8 veces las reservas. Entonces, pues, ¿todos son iguales, Denise Dresser?

Es indecente esconder del mexicano medio lo que es significativo, contundente, capaz de mostrarle que no somos un país de fracaso, sino un país con un gran potencial, pero con peligrosos enemigos de la nación en el interior: pregúntense quiénes son los que negaron las reformas que el país necesitaba. Démonos cuenta a consciencia que solo no se logró lo que impidieron, con su falta de votos legislativos, los priistas y los perredistas.

No, no es válido anular el voto, así como no es válido entregarlo, por falta de información de calidad, a los que han quebrado hoy a nuestro estado, Yucatán, y a nuestra ciudad, Mérida, y antes, a nuestra nación, sexenio tras sexenio. Por favor, Denises de México, si no tienen intención de ayudar, mejor hagan silencio.

viernes, 16 de marzo de 2012

¿Por qué lo haces, Ana Rosa?

¿Por qué, Ana Rosa? ¿Por qué otra vez tú?

Tú fuiste un ejemplo nacional a seguir en 1990, cuando derrotaste a un sistema con gente que quemaba la prensa que osaba decir las cosas que no le gustaban al PRI. Hiciste un buen gobierno en el municipio. Demostraste ser una ciudadana útil y valiosa para tu sociedad.

Contendiste para tratar de ser gobernadora en 2001, pero te ganó Patricio. No te gustó. Habías perdido contra Cuco Granja —¿habrás perdido? Pero no protestaste mucho en esa ocasión; era para ese corto período de menos de 2 años.

¿Por qué no actuaste como ahora actuó Sofía Castro? ¿Por qué no actuaste como ahora actuó Beatriz Zavala? ¿Por qué no actuaste con Xavier como Hilary Clinton actuó cuando perdió frente a Obama? Hoy Yucatán sería mucho mejor. Temo que estás actuando con hilos invisibles, pero muy peligrosos. ¿Por qué te dejas?

El tiempo avanza y no te has convertido en gobernadora de Yucatán. Quizás hoy estarías yendo hacia ese puesto, en forma directa, de haberle levantado la mano a Xavier, como lo dicta la ética panista. Y mira que es una ética intolerable para los que se oponen a los de ese partido. ¡No lo creen! Y tú vienes a hacerle el favor a los mexicanos promedio, inyectándoles dudas de maquiavélicas acciones que no puedes probar, pero que insistes en diseminar.

Muchos hay que votarían por ti, hoy mismo, de haberte convertido en candidata. Pero son los miembros activos y adherentes de Acción Nacional los que deciden, en la contienda interna. A esos habría que convencer. Esos no son público, sino miembros de un partido que tiene una tradición muy democrática. Tú que has estado en sus entrañas, lo sabes: cuando se actúa en lo interno democráticamente, aumentan las probabilidades de ganar las elecciones externas.

Cada vez que lanzas al público en general una imagen de que dentro del panismo se cocinan, en lo oscurito, componendas discutibles, lo único que logras es hacer grandes favores a los tricolores y a los detractores, esa prensa mercenaria que se frota las manos en señal de satisfacción, por ese regalo que lanzas. ¿Por qué lo haces, Ana Rosa?