martes, 15 de noviembre de 2011

Está llegando la hora de la verdad para México

Súbitamente los mexicanos vamos a regresar al pasado reciente. Y vamos a hacerlo porque en una gran mayoría no entendemos nada de lo que realmente ha pasado durante los últimos 11 años. Y no es totalmente nuestra culpa. ¿Culpa de quién es?

Fácil: ¿quiénes son los que simulan que nos informan todos los días? Simulan porque lo hacen en forma tendenciosa y cobarde. Se esconden detrás de una careta de fingida "objetividad", cuando lo único que están haciendo es empujarnos, sin cesar, un tono de "todo está mal".

La realidad es otra. No solo es falso eso de que "todo está mal" sino que las cosas son completamente al revés de lo que los mentirosos, hipócritas y cobardes —coludidos en forma inexplicable, sabiéndolo o no— con la peor cloaca histórica de México, lanzan todos los días expresiones que siembran duda. Lo hacen con el afán de salir como los "héroes de la objetividad".

Pero no han sido objetivos sino todo lo contrario: han sido perversamente sesgados, porque se han escondido tras un velo de "objetividad" que ha hecho que sus expresiones de siembra de duda calen hasta lo más hondo de la opinión pública del pueblo mexicano.

Solo un pueblo enfermo de falsedad en su mente puede optar hoy por regresar a ese pasado que quebró al país una y otra vez. Puntualmente, cada 6 años el país se refundaba. Entre la polémica de la recalcitrante izquierda, —trasnochada e incapaz de entender que solo puede haber distribución cuando hay producción— y la hipocresía de los sabuesos de la difamación, maledicencia y calumnia —amén de distribuidores con licencia para matar la capacidad de pensar de los mexicanos— somos hoy un pueblo sin porvenir.

Entre unos y otros, el país está hecho una porquería. Ayer ganó nuevamente el regreso al pasado reciente en Michoacán. ¿Cómo podría un pueblo en su sano juicio escoger esa opción? Es que no está en su sano juicio, sino fuera de él. ¿Darle el poder a gente de un partido que en forma sistemática cancela de facto todo lo que tiene que ver con derechos humanos y respeto al poder judicial? ¡Solo un pueblo enfermo o idiota puede hacerlo!

Y México no es ni idiota ni enfermo, sino un pueblo engañado por la mentira sistemática y la falta de valor de los informadores de mostrar a sus auditorios lo que realmente ha estado pasando durante estos 11 años.

Aquí en este tema los mexicanos hemos tenido una suerte de perros. Durante los 71 años de PRI puro, a todos los niveles, los medios de información estuvieron secuestrados por el poder absolutista del priismo. Todo era para "la patria", incluyendo los que llamaron "fraudes patrióticos" en épocas de presidentes inútiles, poquitos, incapaces de tomar decisiones como las que el país realmente necesitaba, con todo y que tenían a los inútiles diputados y senadores cobardemente a su servicio.

Entonces, cuando ahora tocan presidentes que en forma honesta, sin intereses ocultos, buscan el bienestar de la sociedad mexicana, surge la "prensa libre" y se dedica a despotricar contra los único que realmente la han respetado como la ley lo manda. Y en vez de entregar a sus audiencias información clara, concisa, que le permitiera no equivocarse como está sucediendo, se dedicaron a hacer el otro extremo de los 71 años del absolutismo priista: mintieron en contra de gobiernos buenos.

Al principio se decía que lo hacían porque estaban en deuda con el régimen anterior. Después ya no se decía nada, sino que se comenzó a comprar la crítica como si tuviera sentido. Se ignoraron los datos importantes y se recalcaron los datos mínimos de lo que aún faltaría. Lo logrado no era lo importante, sino mencionar lo que faltaba para que el vaso se llenara. La idea era siempre mostrar el vaso medio vacío, haciendo creer que la culpa era de los "gobernantes del cambio".

No era importante recalcar la honestidad, franqueza y bonhomía de los personajes que demostraron ser verdaderos adalides de la democracia y de la decencia política, sino rebuscar cualquier elemento que pudiera señalar que se trataba de gente igual a los anteriores, para sentenciar, tristemente y en forma totalmente falsa que todos eran iguales.

El resultado está a la vista: la politiquería de lo indecente comienza a ponerse a la cabeza. Usted, lector, juzgue con inteligencia, por favor. Analice los números. Observe quiénes son los que impidieron que las reformas clave del país se dieran. Pregúntese, ¿por qué lo habrán hecho?

Se trata de mexicanos que no están por México, sino por sus intereses políticos de partido, y su partido tampoco está por México, sino por controlar para ejercer el poder en forma eterna, sin alguien que se les pueda poner en frente. Nuevamente tomarían el poder total nacional a partir de julio de 2012 si la gente en este país no reacciona.

Queda muy poco tiempo. Estamos en la parte final de un proceso que fue planeado día a día, minuto a minuto. Un proceso que finalmente está llegando al punto al que se dirigieron las baterías. Todas las acciones aparentemente inexplicables de los representantes del viejo régimen, ahora son claramente explicables. Está claro lo que buscaban, a qué le apostaban: al castigo generalizado por el pecado de haber votado por lo que ellos siempre llamaron "la reacción". Era la expresión de moda, cuando todo el mundo creía que lo "políticamente correcto" era bailar al son de la izquierda.

Pero esta solo produjo hambre, del real, del que se siente porque no había nada para comer. Ese que hoy, realmente, solo no se dan cuenta que ya no existe los ciegos porque no quieren ver. El sistema estricto en la moneda genera riqueza, grandes cantidades de alimento. Hoy México es autosuficiente en alimento, como jamás antes lo fue.

Se esconden los números, las cifras duras, las que demuestran que el camino tiene que ser así: lento, para que sea seguro. Cuando se crece a una velocidad vertiginosa, se corre el riesgo de que el cuerpo se caiga de pronto en pedazos por "huesos mal formados". Todos los que vivimos las décadas de los 70 y los 80 sabemos de qué se trata esto: cifras altas de crecimiento, pero bajonazos bruscos y destructivos al final de los sexenios, con ridículamente altos niveles de inflación y endeudamiento —azotes de los pobres.

Todo eso puede volver a suceder si los que nos demos cuenta de la debacle que se nos viene encima, la pérdida en democracia, derechos humanos, legalidad, responsabilidad administrativa y financiera, no hacemos lo que debemos hacer al respecto.

Nadie en su sano juicio puede aceptar ese regreso. Por ello debemos todos ayudar a los demás a darse cuenta de lo que ha estado sucediendo y alejarlos de la comisión del error histórico más grave que la nación en su conjunto podría cometer: regresar al autoritarismo frívolo e irresponsable, además de deshonesto y falso, al poder.

Eso, lector ciudadano responsable, no lo podemos permitir.

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