martes, 29 de noviembre de 2011

Hart, Cain, Clinton y otros

Víctimas sociales de sus libidos, todos ellos son políticos que podrían haber perdido todo o lo perdieron todo por sus intensas persecuciones de momentos eróticos para satisfacer sus libidos.

Hoy está sucediendo con Cain, aspirante republicano a la candidatura de ese partido. Quiere ser presidente pero, en menos de un mes, ha sido acusado de ... ¡tener una libido intensa y buscar con demasiada frecuencia erotismo con mujeres!

¿Qué? ¿No es eso, erotismo, lo que buscan quienes se deslizan a escondidas con mujeres que no son sus parejas "legales"? Las reglas de la cultura monogámica occidental son estrictas y en los Estados Unidos, el público y los medios disfrutan a cual más el destape de esas debilidades de la carne de hombres que pretenden ser importantes líderes de algo, lo que sea.

La lógica interna conlleva un razonamiento de acuerdo al cual mentir en lo privado —es decir, abstenerse de anunciar a qué le dedicará, en forma secreta algunas horas de su vida privada— puede ser indicativo de mentir en lo público. Y esto de mentir en lo público, la verdad, ¡da risa insana!

¿Habrá algo más mentiroso que un político? Son todos ellos personajes que están, casi en todo momento simulando algo: simulan que no hay problemas, cuando la economía se cae en pedazos; simulan que la marihuana es lo que la gente cree que es —mala—, en vez de divulgar estudios que encuentran lo contrario; simulan que la invasión será para evitar que maten mujeres en los estadios, cuando en realidad, se trata de perseguir a los que pueden ser obstáculo para asegurar "derechos" sobre petróleo.

Los políticos que no han simulado acaban traicionados, porque otros políticos requieren simular para hacerle creer al público que todo lo que el "otro político" —el que no simuló— hizo, "está mal". Así, a unos los matan quitándoles la vida y a otros los matan destruyéndolos mediáticamente todos los días.

Si alguien cree que la política es un asco, tristemente tiene muchos elementos que sostienen su adjetivo. Por ello es tan grave que los no políticos nos mantengamos lejos de la política. Es necesario impedir que la política sea asunto exclusivo de los políticos, porque nos concierne a los que no es lo que se simula lo que nos afecta, sino lo que se deja de hacer por jugar a la simulación.

La historia parece indicar que el público francés está una orden de magnitud, por lo menos, arriba de la hipocresía del pueblo norteamericano con respecto al comportamiento privado de cualquier persona —hombre o mujer. El asunto es que la importancia de la influencia de los Estados Unidos sobre la vida de todos los terrícolas, es demasiado fuerte como para quedarnos cruzados de brazos y dejarlos actuar "libremente" con esos juegos de simulaciones. Si la influencia de esa nación no nos afectara en alguna forma a todos, sería factible dejarlos "en paz" con su moralismo altamente hipócrita, destructivo y disfuncional en el juicio de personas de valor con deslices compatibles con la biología humana elemental.

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