sábado, 1 de octubre de 2011

Soledad en un mundo de miles de millones

¿Por qué la gente en general vive hoy tan sola? ¿Qué ha pasado con el mundo que cuando más somos, más solos se sienten más personas —de ambos sexos— al mismo tiempo? Es seguro que cuando los grupos humanos constaban de unos cuantos individuos —entre y 50 y 100, o algo por allí— nadie se sentía solo. Esa soledad del hombre moderno es algo totalmente contradictorio. Los humanos deberíamos estar siempre de fiesta porque ahora podemos estar siempre acompañados. ¿Por qué no es así?

Obvio: en primer lugar, porque no estamos acompañados, sino totalmente solos, aunque estemos rodeados de semejantes por todos lados.

¿Por qué ha sucedido que en tanto más somos, más solos nos sentimos? ¿No es una contradicción total?

Todos los días surgen nuevos sitios en Internet invitando a la gente a unirse para encontrar personas que aminoren la soledad: amigos, pareja, conocidos que se reencuentran. En fin, allá están todas las combinaciones. Muchos de estos sitios están organizados para facilitar el encuentro de personas que quieren sexo con facilidad. Nuestra especie ha generado estructuras sociales muy complejas para regular el asunto de la sexualidad. En los últimos años, la tendencia hacia la libertad ha ganado. Pero, a final de cuentas, vigilados o no por Big Brother, las personas continúan obedeciendo un reglamento intrínseco a toda la cultura: muchos hombres solo están buscando sexo casual, algunas mujeres —muy pocas— también buscan sexo casual. Pero la regla estadística nos muestra que el caso al revés es el más común en las mujeres: están buscando una pareja que se comprometa.

Patrones de belleza

La cultura en general ha definido en forma intrínseca los patrones de belleza para mujeres y para hombres. Son descripciones teóricas en las que solo concuerdan minorías de la población, tanto de hombres como de mujeres. La gran mayoría es de tipo promedio. Lo saben y más o menos son los que se buscan entre sí. El varón que no lo hace así —es decir, el que tiene aspiraciones más allá de sus características dentro de la definición cultural de "atractivo"— acaba quedándose solo, con las consecuencias de frustración que el resultado acarrea.

Lo mismo sucede con las mujeres. Normalmente ellas se sentirán a gusto con alguien de su mismo nivel de clasificación de belleza, es decir, se tenderán a contentar con personas de su misma categoría.

El papel del dinero

El dinero en poder de un individuo cambia todo. Hoy el dinero es poder, libertad. Poder de compra, de adquisición de bienes, de seguridad; es libertad de forma de vida, de uso del tiempo. Son alternativas disponibles para quien está ocupado en ganarlo todos los días. Puede o no escogerlas. Los individuos de ambos géneros que llegan al punto de disfrutar de un gran margen de libertad financiera, también se encuentran con la alternativa de dejar de ocuparse de hacer que sus fortunas crezcan más y pasan al punto de comenzar a disfrutarlas.

Esto puede llegar más tarde o más temprano. La madurez del individuo debe dictarle cómo hacer las cosas de tal manera que no se dañe su capacidad de continuar creciendo. "Ojo de amo, engorda al caballo", dice el ancestral refrán. ¿Es eso cierto hasta hoy? Puede ser, al principio de la creación de las empresas, pero es un asunto que ha cambiado conforme el mundo también ha cambiado su manera de resolver las cosas y de organizar a las empresas.

¿Qué pasa con un individuo —hombre o mujer— que ha logrado amasar una gran fortuna? ¡En forma automática queda fuera de la carrera regular de encontrar pareja! Su físico ya no es tan importante —es un asunto que le compete a él o ella, en forma personal— porque puede compensar cualquier deficiencia —exceso de gordura o falta de musculatura, figura poco atractiva— con la promesa de una vida de libertad financiera con quien, siendo mucho más perfecto(a), lo acepte a él (ella), así, tal cual es.

Selección "natural" y dinero

No es lo mismo generar personas que sean capaces de dedicarse con éxito a la generación de actividades que se convertirán en grandes acumulaciones de dinero, que generar personas atractivas, fuertes o inteligentes integralmente. La generación de dinero por sí misma, es una actividad que requiere dedicación personal, concentración o enfoque en un solo objetivo: descubrir en todo momento cómo conseguir por el mínimo costo, aquello que puede ser parte de una combinación por la cual sabe que le pagarán mucho más de lo que fue el costo. Es la carrera a la ganancia, la utilidad, los beneficios del capital.

Realmente hoy aparecemos en un mundo en el que los procesos de selección natural han sido totalmente cancelados al instaurar como norma universal —casi totalmente— la monogamia. Entendemos por esta el proceso mediante el cual la reproducción de la especie se hará en forma sancionada, combinando un macho con una hembra que adquieren el compromiso de solo tener relaciones sexuales entre ellos.

Las estadísticas muestran que el compromiso no se guarda. Investigaciones hechas en diferentes estratos sociales muestran que 21% de los críos no son del padre que supuestamente los engendró. Investigaciones como esas indican claramente que la especie nuestra no está programada naturalmente para la monogamia. Eso es un problema indiscutible. Esas estadísticas nos dicen que cuando un varón se casa y tiene hijos, existe en todo momento una probabilidad entre 5 de que quienes se dicen que son hijos engendrados por él, ¡no lo sean!

Si esa tendencia es correcta, la estadística respalda la forma tan salvaje y repugnante con que los grandes señores polígamos trataban a las esposas que eran encontradas teniendo relaciones sexuales con hombres que no eran el marido. El proceso de la civilización requiere el dominio absoluto —cosa que no se ha logrado jamás— de la voluntad de la hembra de la especie a obedecer ciegamente los reglamentos creados por el macho y, de estos, principalmente los poderosos.

¿Se acuerdan del tribunal llamado La Inquisición?

No hay un recuento exacto, pero se estima que durante los 400 años que duró la costumbre de hacer uso de las prerrogativas del tribunal de La Inquisición, tres millones de mujeres fueron encarceladas o quemadas vivas en hogueras como castigo por haber infringido los reglamentos de exclusividad sexual o, incluso, sin romperlo aún, pero solo por mostrar conductas que indicaban incapacidad de nacimiento de aceptar las normas y sujetarse a la ley de exclusividad: un varón durante toda la vida.

En un proceso biológico de selección natural ¿qué significa para nuestra especie el haber cancelado la posibilidad de que se reprodujeran las mujeres que mostraban señales de rebeldía hacia la monogamia o hacia el compromiso a un solo hombre? ¡Es obvio! ¿No? Las mujeres que no fueron impedidas de procrear prole son aquellas con signos psicológicos de mayor capacidad o disposición a aceptar las leyes masculinas para que siempre se sepa quién es el padre de cada ser humano.

El proceso es algo que debería llamarse selección cultural del más apto. En este caso, el más apto para sobrevivir (?) dentro de su propio grupo humano, dentro de una cultura específica: una que reprime el carácter libre si este se da en una mujer con ciertas tendencias.

¿Hemos vivido mejor gracias a la disciplina de la monogamia?

Los indicadores van hacia una respuesta negativa a esa pregunta. No, no hemos vivido mejor.

Muchas de las grandes tragedias o dramas existenciales que se presentan en obras de teatro, en novelas y en películas —todo ello extraído precisamente de la vida real y no de la imaginación de los que escriben— son producto del rompimiento de las reglas de la monogamia.

El destino de Europa cambió cuando a un monarca inglés se le ocurrió que no soportaba la monogamia estática y exigió poder vivir en la monogamia serial —varias esposas, una después de la otra. A la que ya no soportó más —por el afán que esa mujer tuvo en manipular las cosas— la envió a que le cortaran la cabeza. Se le acusó de traición. La lógica de la monarquía absoluta hizo fácil acusar de traición a quien intentara engañar al monarca.

El mundo actual nos muestra que conforme más somos, más solos nos sentimos. No se sienten solas las personas que encuentran una pareja. Y para encontrarla, los que pretenden formarla deben aceptar una serie de estándares de los cuales, si intentan salirse ¡serán condenados a permanecer en soledad constante!

Matrimonio monógamo perfecto: ¿cárcel práctica?

Para que un matrimonio monógamo estático continúe en forma indefinida, se requiere una actitud de estoicismo, disciplina y aceptación de la vida en constante recorte de los deseos de cada uno de los participantes. Es hipócrita o quiere que lo coloquemos en "pose" de especial quien intente hacernos creer lo contrario. En todos los casos, sin excepción, se trata de renuncia, sacrificio, entrega, disciplina estoica. Es falso que un matrimonio monógamo exitoso se pueda dar sin un grado mayor o menor de estos ingredientes.

Sin embargo, hay una serie de razones prácticas por las cuales la monogamia constante es la forma más adecuada para que las cosas funcionen bien dentro del tipo de sociedad que los humanos hemos ido diseñando conforme nos adentramos más y más al mundo de la interdependencia de especialidades.

Persiguiendo que la forma de existir monógama (o polígama) se acepte como la más deseable, se han creado instituciones cuyas reglas y ordenanzas, en más de 80%, están dirigidas a hacer que la monogamia o la poligamia funcionen. Estas instituciones emanan de enseñanzas de algún humano que proclama una doctrina. Invariablemente, las enseñanzas de estos —llamados iluminados— se convierten en dogmas institucionales muy alejados de la esencia de la enseñanza del maestro inicial.

La regulación de la reproducción no es un ingrediente para aumentar la felicidad. Cuando en tu especie te "enseñan" que no puedes hacer libremente lo que tu biología te dicta y tratan de convencerte a ti y a todos los demás que el gran valor del humano radica en la capacidad de no serlo, el círculo de la ignominia se ha cerrado. O rechazas totalmente el intento de manipulación que se hace —sucumbiendo a una vida mediocre, llena de soledad— o te resignas a vivir como inadaptado por no aceptar las ordenanzas para solidificar la obediencia de la monogamia o de la poligamia.

Libertad, valor no regulable

Si se sigue la línea del razonamiento iniciado, llegamos al punto en que la mejor manera de vivir es una dentro de la cual las personas tengan absoluta libertad de actuar. El límite lógico a sus actuaciones estaría marcado por los intereses válidos de los demás, no existiendo ya más, dentro de estos derechos, el de la exclusividad sexual. En otras palabras, la exclusividad sexual no sería algo que podría convertirse en tema de juramento o compromiso: el que así lo desee, habría de permanecer en el otro territorio.

Por eso estamos hablando de un territorio específico en donde vivirían humanos que hayan aceptado la libertad total, solo limitada por los derechos de los demás, repito, en donde no existiría la exclusividad sexual.

Estamos hablando de un territorio habitado por humanos que no planificarían su vida en torno a la procreación de una pareja, sino en torno a la vida abierta; un entorno en el cual el sexo será una actividad totalmente libre entre personas que lo acepten gustosas y no una mercancía más del sistema económico, capaz de ser disfrazada bajo los adornos del matrimonio monógamo: "tú renuncias a esto, y yo te doy esto y aquello".

El sexo es algo que solo se libera de producir sufrimiento cuando se convierte en casual, deja de ser un elemento sujeto a la escasez —como los demás productos de la economía regular— y se convierte en algo factual.

Para que eso suceda en forma natural, el ser humano, desde que aparece en el mundo, habrá de verse rodeado de personas, no de padres y madres o hermanos y hermanas diferenciados del resto. El parentesco se cancela como elemento de identificación. El individuo es parte de la sociedad. Se espera que coopere, que dé de sí mismo lo que mejor pueda: es lo mismo que verá de todos los demás. El amor se convierte en un concepto que deja de existir, porque la condición existencial misma está inmersa en el contenido de ese concepto tal y como hoy se entiende.

En ese ambiente, el ser humano no nace para competir sino para aportar. El grupo tiene grandes esperanzas en todos y los trata a todos como potenciales grandes personas capaces de hacer grandes e importantes aportaciones a la vida en general. El sexo puede conducir a que la mujer que participa, quede embarazada. La mujer lo sabe. También sabe que de quedar embarazada, no habrá problema ni en la comunidad ni con el pequeño humano que ella contribuirá a traer a la vida: serán solidarios en colocar a ese nuevo ser humano todos los amigos de la mujer que lo trajo. ¿Y el padre, quién fue? Eso a nadie le importa: es de todos y de nadie. Es un ser humano, eso es lo importante.

Muchas mujeres tendrán el deseo de disfrutar el sexo por sí mismo, sin perseguir ulteriores "beneficios" de compromisos. Lo harán y tomarán, ellas y sus parejas, las precauciones —producto de conocimientos impartidos desde pequeños por el grupo humano en el que surgen— para no embarazarse si no lo desean. ¿Cuántas se embarazarán? Las que así lo deseen.

Es obvio que el párrafo anterior genera inmediatamente las reacciones que se esperarían de quienes han sido "programados" por décadas para creer que "así son las cosas" cuando en realidad, ¡no tienen por qué ser necesariamente solo así! En primera instancia somos nosotros, los humanos mismos, los que podemos cambiar las cosas si así nos lo proponemos. Vivimos en sistemas que escogemos; por desgracia, no sabemos que es así y creemos que el sistema es algo ajeno a nuestra voluntad. Y lo es, en la medida en que el sistema es impuesto desde que aparecemos en la vida.

Todo ello puede cambiar, solo necesita de nuestra decisión.

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