miércoles, 7 de septiembre de 2011

¡Peligro nacional general a la vista!

Es mentira, es falso que los gobiernos panistas hayan hecho mal las cosas. Cansa, agota, frustra lo que estamos viendo que está sucediendo. Desde el día 1 los priistas, cuando quedaron fuera del poder, comenzaron a quejarse y después comenzaron a desprestigiar todo lo que hacían los gobiernos panistas, de cualquier nivel.

Los panistas han administrado bien, han llevado las finanzas del país con mucha más responsabilidad que jamás lo hicieron los gobiernos priistas. Esto no solo sucedió a nivel nacional, sino que se ha visto a los niveles de todos los estados en que han gobernado priistas en comparación con los estados en que han gobernado panistas. Es espectacular viene a colmar la desvergüenza lo que pasa ahora en 2011: el tremendo endeudamiento de los estados gobernados por priistas —Coahuila, Nuevo León, Yucatán, solo 3 ejemplos— en los cuales ese endeudamiento no se ha traducido en obras. ¿A dónde se fue esa lana? Todo mundo sabe que esa lana se ha estado llevando a las arcas del PRI, para financiar la campaña de 2012.

Los priistas están acostumbrados a actuar en esa forma. Cuando ellos tenían el poder, una gran parte de su desorden administrativo y financiero era la enorme cantidad de dinero que vertían hacia la gente de escasos recursos para comprarlos como votantes a favor de sus tres colores. En esa época ese dinero no venía de producción o de impuestos sino impresión de billetes, provocando las terribles catástrofes inflacionarias que provocaron la quiebra del país en 1976, 1982, 1988 y 1994.

Por desgracia los que hemos vivido esta historia no estamos aquí para cuentos: lo vimos y sentimos. No es un asunto de medios, sino de memoria. Algunas veces nos hicieron creer que los problemas venían del exterior. Que no eran problemas gestados por México. Que el gobierno mexicano estaba "manejando todo a la perfección".

Y manejando todo a la perfección es exactamente lo que hizo el gobierno de Calderón. Esa horrible crisis de 2008-09, en que se perdieron millones de empleos, es un ejemplo en los resultados que México pudo ver en 2010. En tanto que otros países del mundo —economías más antiguas y supuestamente más experimentadas y con mayor tradición de buenas finanzas— hasta el día de hoy no se han recuperado.

Es injusto lo que está a punto de suceder en México. El que esto escribe ha visto las intervenciones de personas en los foros. Reflejan en una tremenda, lamentable y peligrosa medida un enorme desconocimiento de la realidad y una total falta de información con respecto a lo que significa realmente una crisis.

Hoy México está viviendo lo mejor que puede estar considerando:

  1. Que el mundo entero está en una terrible crisis de la cual no ha salido
  2. Que las reformas importantes fueron negadas a los mexicanos, para no darle a los presidentes panistas, por parte de los congresos priistas, las herramientas necesarias para salir de estancamientos.
  3. Que estamos sufriendo, como país, el embate de la violencia que han desarrollado los grupos armados que antes sirvieron para fechorías de narcotraficantes y hoy sirven para eso y, además, para extorsionar, secuestrar, asesinar y cometer atrocidades y masacres abominables.
A pesar de ello, a pesar de esas 3 terribles situaciones —de las cuales la número 2 (dos) es totalmente culpa de la oposición al panismo— el país no está como les venden todos los días a los consumidores de notas periodísticas impresas o en radio y TV.

Por ejemplo, en Yucatán, por las mañanas la estación 94.5 de FM hay un individuo de apellido Solís Preciado que conduce el programa. Sus locutores solo toman la palabra para despotricar en contra del gobierno federal y exaltar los gobiernos locales —ambos del PRI, de Ivonne Ortega y Angélica Araujo— cuando se sabe que son estos, los locales, los que peor papel han hecho en generaciones en las gestiones que han tenido bajo su responsabilidad.

Eso que sucede en Yucatán no es privativo de esta pequeña provincia, sino que se está repitiendo en todo México. Uno se pregunta, cuando tiene la información real disponible: ¿tan mal informados están los ciudadanos de México en general? ¿Cómo podemos decir que vivimos en una democracia si la gente no tiene ni la más remota idea de la realidad? La gente compra lo que oye en la radio o ve en la TV; desde luego, también lo que lee en los periódicos o en Internet. ¿Hay verdaderos análisis de datos, de números? ¡No, qué va! Los "analistas" de TV que haces sus paneles de sabios en consejo se la pasan vertiendo sus opiniones personales, mismas que les llegan a millones en cuestión de instantes.

¿El resultado? ¡Lo que dicen las encuestas en cuanto a intención de voto para 2012! Arrasará el PRI en todos lados. ¿Eso está pidiendo la gente? ¿Somos los mexicanos un pueblo masoquista? ¿Nos gusta inyectarnos sufrimiento voluntariamente? ¿Ya olvidamos las quiebras a las que los gobiernos priistas llevaron al país sexenio tras sexenio?

Tenemos, además de las fallas mencionadas, el hecho de que en las escuelas y universidades —en todos los niveles— el análisis de la realidad no es serio, ni está sustentado en los datos duros que están disponibles en todos los portales de Internet de todas las dependencias federales.

El cinismo más descarado se da cuando gente que conoce en detalle las estructuras de los costos de la electricidad en el país, se atreven a usar como bandera política el solicitarle al gobierno federal que baje las tarifas, organizando un movimiento nacional en ese sentido. ¿No saben leer? Con ver un recibo de energía se puede uno dar cuenta de que una gran cantidad de la energía que se produce está siendo subsidiada por el gobierno federal. Esto no es correcto y es así por la baja productividad que aparentemente tiene la CFE en la generación de energía. ¿Es baja esa productividad porque tiene que cargar con los costos de la energía que consumen —y no pagan— los empleados de la paraestatal?

El asunto es que quienes ahora levantan —o pretenden hacerlo— a la nación en pie de protesta para exigir tarifas eléctricas más bajas, sabe con exactitud por qué las tarifas no pueden bajar.

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