domingo, 4 de septiembre de 2011

México: un país mal, muy mal informado

La democracia

No hay democracia si la gente que va a votar vive engañada. Y viven engañados los que juzgan las cosas que suceden en su país, en su estado, en su ciudad, no por lo que realmente está sucediendo, sino por lo que los medios masivos de comunicación transfieren.

Y los medios masivos de comunicación en México están haciendo muy mal su tarea. En aras de un neutralismo que no existe, que no es posible, que no se está dando, proclaman a diestra y siniestra críticas destructivas a todos los actos de gobierno.

Esto no fue así siempre. En otros regímenes, ellos no podían hacer eso. Los medios solo podían exaltar aquello que les daban permiso de exaltar. Las cosas cambiaron en 2000. Concretamente, a partir de diciembre 1 de ese año. Ese fue el día en que Vicente Fox Quesada tomó posesión del gobierno de México. Ese fue el día en que México estrenó un gobierno nacional con una vocación de respeto irrestricto a los derechos humanos básicos. Por desgracia, de toda la sociedad mexicana los menos preparados para recibir ese dulce baño de libertad legal, eran los medios masivos de comunicación: prensa, radio y televisión.

Gobiernos malos y gobiernos buenos

Hay gobiernos que hacen las cosas bien. Son gobiernos que obedecen las leyes y que no utilizan los fondos públicos que les encargan para manejar, en forma alguna que se traduzca en perjuicio para las personas. Hacen rendir esos fondos públicos.

Estas cosas las demuestran generando gobiernos sin déficit, sin endeudamiento, sin atrasos en los pagos a los proveedores y sin dejar de cumplir con los compromisos financieros legales propios de sus investiduras. Son gobiernos que saben que es imposible servir a sus ciudadanos si no son cuidadosos con los fondos que manejan.

Cuando los ciudadanos conocen a sus gobiernos y los consideran buenos, pagan impuestos completos y a tiempo. Ciudades hay en la nación mexicana que demuestran con gran claridad lo que sucede con el pago de los impuestos prediales al municipio cuando las autoridades al mando de estos son del tipo que sabe organizar bien las finanzas. En cambio los atrasos no se hacen esperar cuando los gobiernos municipales son presididos por grupos que dejan de ser confiables en sus actuaciones.

El ciudadano sabe reconocer la diferencia entre gobiernos buenos y gobiernos malos sobre todo cuando el acto de gobernar se da en forma cercana a ellos. Esto es más evidente en los gobiernos de municipios de tamaño pequeño o mediano. Se pierde, sin embargo, la capacidad de opinar con exactitud cuando se trata de gobiernos de ciudades mayores.

A nivel nacional, entonces, las cosas son aún más difíciles para los buenos gobiernos y más fáciles para los malos gobiernos. Usan demasiado tiempo los individuos dedicados a los medios en el "buen gobierno" de hoy; se ocupan de hacerlo parecer como si fuera lo peor que jamás haya existido en nuestro país. Los malos gobiernos no son atractivos porque destruirlos es asunto ya del público. Lo importante es destruir los buenos gobiernos. En esa forma ganan un auditorio mayor y eso es lo que finalmente les interesa: el rating.

La mala información

El resultado de la actitud que los medios guardan con respecto al buen gobierno es fatal. ¿Qué sucede con una sociedad a la cual todos los días le dicen que lo que no está mal, sí lo está. Quizás no es tanto que le digan que lo que está mal, está bien, pero sí que se ignora lo que realmente está mal a favor de pasar más tiempo tratando de convencer al ciudadano de que lo que está realmente bien, ¡no lo está!

La calidad de la información con la que cuenta el ciudadano es mala. Muy mala. Y es la información que servirá de sustento para las próximas decisiones colectivas que se tomarán: la próxima elección de puestos de cualquier tipo.

Esta baja calidad de información se nota en los que participan en los foros. ¿Puede ser que todos los que están totalmente equivocados porque no han sabido interpretar la realidad sean los que se la pasan despotricando contra un gobierno por cosas que ese gobierno no solo no ha hecho mal, sino que precisamente, ha hecho bien? Eso es lo que vemos en foros como Facebook, Twitter, Reforma, Diario de Yucatán, Artículo 7, El Universal, etc.

Nadie tiene una sola queja real en contra de Josefina Vázquez Mota. Incluso Elba Esther Gordillo sabe perfectamente que lo que Josefina no pudo, es llegar a un acuerdo porque es demasiado lo que requería Josefina Vázquez del sindicato y Gordillo no estaba en posición de conseguir lo que habría sido necesario. Si hay una persona con una claridad de pensamiento y consciencia ejemplar, es Josefina Vázquez Mota. (El decir esto no debe entenderse como restarle calidad de ser humano a Santiago Creel.) El comentario más amable en un foro de Reforma se alegraba por la renuncia de Josefina Váquez al liderazgo en la cámara baja: la comentarista del foro "necesitaba una sirvienta de tiempo completo".

Es allí a donde la pésima información nos ha llevado como país. Un país en el que los ciudadanos no pueden ser coherentes en sus opiniones acerca de sus políticos, es un país sin una sola posibilidad de salir adelante. Es más: es una país en que las cosas saldrán exactamente al revés: los malos políticos y gobiernos repetirán y los buenos políticos y gobiernos serán tachados de malos para, a su vez, al llegar el turno, elegir a los malos de verdad.

¿Quiénes son los responsables?

La grave situación que se ha desarrollado en el país tiene como resultado lo que las encuestas de intencíón del voto reflejan. El país está llorando por regresar a esos gobiernos que lo quebraron en el pasado. Son gobiernos que jamás supieron manejar las finanzas, respetar los presupuestos o mantenerse dentro de los límites monetarios para no desbaratar la economía de la gente con la inflación.

Son gobiernos que se jactaron de jamás tener que respetar integralmente los derechos humanos fundamentales.

Y los responsables de esta tragedia —el regreso al pasado destructivo— solo pueden ser los medios y los maestros del sistema escolar nacional, de todos los niveles. Es justo decir esto porque entre la gente del país debe existir alguna gente que tenga la capacidad de leer entre líneas, de entender que las cosas, tal cual están siendo narradas por los medios en general, no son adecuadas para comunicarle al público elementos de información que les formarían una idea clara de la realidad.

Una parte de la culpa se la tienen también los gobernantes buenos que no han tenido la sensibilidad de captar la imperiosa necesidad que tienen de informar con veracidad lo que hacen que antes no se hacía bien. No es lo mismo decir todos los días que se lograron tales y cuales cifras; lo importante es comparar esas cifras con las que se lograban en ciclos anteriores.

El disparate solo destruye

La gente tiene derecho a estar correctamente informada y no a recibir piezas de información sesgadas por el gusto editorial de cada medio que las lanza. Nos preguntamos si esto no se ha legislado en otros países del mundo. ¿Es posible que algún país haya logrado poner algún orden en los medios que se traduzca, a final de cuentas, en que al ciudadano le lleguen los datos correctos?

Decirles todos los días disparates o informarlos con contradicciones solo conduce a la destrucción de la confianza del ciudadano medio en su país, en su comunidad. La repetición continuada de informes negativos —no importa el sentido de su participación con su voto— con respecto a lo que sus políticos hacen se convierte en un ejercicio destructivo, que va claramente en contra de los intereses de la nación involucrada.

Este ejercicio de destrucción social debe concluir en México. Hemos vistos que no es posible mantener una situación de libertades que viola el derecho a la información veraz, objetiva y puramente descriptiva a la que todo ser humano tiene derecho fundamental.

El disparate, la mentira, solo destruyen el presente y comprometen el futuro de cualquier nación

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