martes, 16 de agosto de 2011

De ciudadanos a electores: el pequeño y el "Gran" partido

Érase una vez una ciudad en la que los habitantes leían, todos los días, un periódico.

Este periódico llegaba a casi todas las casas de esa ciudad. Casi todos los habitantes de esa ciudad sabían las cosas que ese periódico les informaba, porque llegaba casi a todas las casas.

Esa ciudad era la más grande de la región. Una proporción muy grande de habitantes de esa región vivía en esa ciudad. Por lo tanto, todo lo que pasaba en esa ciudad, era importante para toda la región.

En el país de esa ciudad no existían muchas ciudades con un periódico que imprimiera lo que sus editores pensaran, aunque estuvieran en desacuerdo con los gobiernos de la región y de la ciudad. En la mayoría de las ciudades de ese país los periódicos imprimían lo que los gobernantes de las regiones y las ciudades necesitaban para verse bien ante los ojos de los ciudadanos.

En ese país había un partido político que, en realidad, era una especie de "institución nacional para organizar la política y a los políticos". Existía, además, otro partido político mucho más pequeño, con recursos muy pobres y al cual casi nadie quería pertenecer. La costumbre en ese país, y aún en la ciudad del periódico diferente, era decir que "El Gran Partido" poseía una gran ideología y que era lo que ese país necesitaba.

Con esa narrativa, ese país sufría, cada vez que se agotaba el periodo de un gobierno, un grave descalabro. El gobierno quebraba y había que comenzar, casi totalmente desde cero, durante el siguiente periodo. Los gobernantes de "El Gran Partido" ascendían en su turno al poder y "pedían tiempo". Al terminar sus periodos pedían perdón y declaraban que todos los males del país eran culpa de los "reaccionarios del exterior y del interior" que, convirtiéndose en enemigos de ese país, lo perjudicaban en conjunto.

En la ciudad del periódico diferente se logró levantar descontento social y el periódico diferente comenzó a publicar datos de corrupción en el gobierno regional y de la ciudad. Así, la gente comenzó a "confesar", y sin tanto miedo, que iban a apoyar al "partido pequeño". "¡Soy pequeñista!" Decían...

Pero los propietarios de los grandes negocios tenían mucho miedo de decirlo. Unos cuantos, muy pocos, se atrevieron a decirlo. Entonces, el gobierno nacional les envió revisores de pagos de impuestos y encontró en todos los que apoyaban a ese partido político pequeño, "graves irregularidades fiscales" de las que tuvieron que ocuparse por muchos años.

Los propietarios de los grandes negocios, en secreto, daban muy pequeños donativos al pequeño partido. En cambio, públicamente, daban grandes donativos a "El Gran Partido". A pesar de ello, llegó el día en que el pequeño partido ganó elecciones locales porque cada casilla estaba vigilada por ciudadanos que no querían que "El Gran Partido" volviera a ganar.

La ciudad comenzó a ser gobernada por gente del pequeño partido. Comenzaron así una era que duraría 20 años durante los cuales los ciudadanos se dieron cuenta de que muchas cosas podían funcionar mucho mejor de lo que jamás antes se había logrado. La gente pagó sus impuestos de la ciudad no solo puntualmente, sino que aceptó un incremento para mejorar las cosas. Los habitantes de esa ciudad confiaban en su gobierno local.

Pero el gobierno de la nación vio que allí estaba comenzando un peligro foco de daño a "El Gran Partido". En una gran reunión decidieron combatir a esa sociedad con la misma arma que esa sociedad había contado para unirse: un periódico. Así nació el otro periódico: llegó para "combatir" a ese antiguo periódico que gustaba de mostrar los defectos de los gobiernos.

El otro periódico, desde un principio funcionó con dinero de poderosos: o del gobierno nacional o de los ricos. La misión de el otro periódico era pintar que las cosas que los ciudadanos del partido pequeño hacían, eran igual de malas y corruptas que las cosas que hacían los de "El Gran Partido". El otro periódico tenía la costumbre de lanzar ataques en contra de personajes. Una vez lanzado el ataque, en tanto el atacado se recuperaba del dolor que le habían infligido con difamación —muy frecuentemente calumniosa, pero no siempre— era visitado por los directivos de el otro periódico: se les presentaban diferentes posibles formas de evitar mayores ataques. Normalmente el silencio se lograba con pagos periódicos.

Así el pequeño partido comenzó a tener dos opiniones acerca de su realidad: 1) la de los números de sus resultados y 2) la que el otro periódico buscaba, a toda costa, de diseminar en la mente de los ciudadanos.

Con el paso del tiempo y usando métodos de naciones con experiencia autoritaria histórica —repitiendo falsedades miles de veces— lograron hacer que la gente efectivamente ya no pudiera saber con exactitud cuál era la verdad y cuál la mentira.

La historia tiene más detalles. Hoy tenemos a los mismos partidos: el pequeño partido y "El Gran Partido". Pero hoy la gente está confundida, confusa, insegura: ¿serán todos malos? La gente ha aumentado, las casas cada día son más. El periódico diferente ya solo llega a 15% de las casas —alguna vez llegó a 80% o más de las casas. La modernidad trajo las "redes sociales". En ellas mucha gente "cree" —erróneamente— que es más fácil transmitir la verdad. Es igual o más difícil: solo está al alcance de una minoría.

Como las mieles del poder ya ha pasado por personas del pequeño partido, la gente en general ya no confía en ellos como alguna vez lo hizo. Entonces hoy, olvidando que ayer la sociedad civil —los no políticos de "El Gran Partido"— usaron al pequeño partido para ocupar el poder —logrando muy buenos resultados— ya no sabe qué hacer para canalizar el descontento que han generado los de "El Gran Partido" que hoy ocupan el poder, en el cual han demostrado —con acciones concretas— que han regresado a ser exactamente como siempre fueron.

¿Qué sucederá en esa ciudad, esa región, esa nación?

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