jueves, 28 de julio de 2011

La tragedia de los 100 siglos. (Parte 2 de N)

"Es que lo normal, lo natural para los humanos es la monogamia, la familia: mamá, papá, los niños". ¿Quién lo dijo? "Así lo manda la ley... de Dios, pues". Allá termina cualquier posibilidad de diálogo. Esa afirmación impide cualquier forma de debate inteligente. No hay nada más por argumentar. "Dios" es, según la disciplina que hasta llaman "ciencia" de la Teología un ser que está por encima de todos los entes del Universo conocido y desconocido, de este tiempo y de todos los tiempos. Es el Creador de todo lo que existe.

Sin embargo, aún esa afirmación da lugar a la pregunta: "¿Estás seguro de que 'Dios' lo ordenó?" Porque cabe preguntar quién oyó que así lo haya ordenado el "Creador del Universo". Hoy somos casi 7 mil millones de humanos poblando la tierra y jamás, uno solo de esos que hoy existen, puede afirmar haber tenido un diálogo directo con ese súper superior ser Creador del Universo. Ustedes pueden conocer alguno.

El planeta de los humanos y otras especiesDaños, que esperemos no sean irreversibles, han sido causados al hábitat de la especie humana y de otras especies que el humano ha dejado de respetar desde que utiliza el método de la explotación y el almacenaje para vivir.

Mire, aquí, eso que llaman "Fe" en una creencia específica no tiene lugar. La razón es muy sencilla: tenemos que basarnos en la evidencia, en lo que nuestros instrumentos de conocimiento directo nos informan. No podemos jugar con ellos. Sí, es cierto, podemos definir hipótesis para tratar de encontrar explicaciones a hechos que nos quedan muy claros. Pero, sea como sea, lo que no podemos es basarnos en "la fe". Porque esa fuente de información suele ser inexacta y multivariada. Quedaría, a final de cuentas, el problema de discutir cuál fe es la que tiene "la verdad".

La evidencia más apegada a lo que mejor nos ayuda a liberarnos de la oscuridad o falta de conocimiento nos conduce a una narrativa muy diferente con respecto a la especie humana de la que los dictados que pretenden estar basados en "la fe" nos cuentan. Debemos concedernos el derecho a buscar la verdad, esa que todos podrán observar si usan los mismos instrumentos de observación. El problema de las cosas de fe es que los mismos ojos, oídos y demás sentidos, van a percibir cosas diferentes unos de otros. Finalmente no habrá acuerdo. Y la falta de acuerdos es razón de desavenencias que luego se convierten en guerras.

El conocimiento de la realidad es liberación. Por allá algún filósofo dijo: "La verdad os hará libres". Yo creo que esa personas estaban pensando con gran lucidez. Lo contrario, la mentira, la falsedad, nos hacen esclavos: de nuestras creencias y de las ataduras de las creencias.

Hoy la sexualidad humana está encasillada en un territorio falso, imposible de cubrir sin destruir, lastimar o dañar la experiencia de vivir. Lo grave de la situación es que no estamos en un punto tal en el que la herencia cultural impide que la verdad pueda reconocerse. La cultura está programada de tal forma que prohíbe el intento por conocer la realidad sobre el tema.

La investigación científica con raíces en instituciones de los Estados Unidos —el país que más recursos ha tenido para concentrar gente en la investigación científica pura— ha escondido del público y de los miembros encargados de aprobar presupuestos para investigación, verdades que han sido encontradas o, a veces, sugeridas. Son verdades que han sido canceladas burocráticamente para no entorpecer el proceso de la consecución de más fondos de investigación. Es algo así como esto: Sé que hay mucho más de lo que puedo comunicar en mi investigación, pero no puedo mencionar todo; debo guardar, esconder del conocimiento público una gran parte de lo encontrado; de no esconderlo, corro el riesgo de perder cualquier apoyo para más investigación; pero, como científica(o), sé lo que hay….

Ese cuadro es deplorable. ¡La verdad, lo único que nos puede hacer libres, se está escondiendo de nosotros para que pueda continuar fluyendo dinero hacia la investigación que, por este solo hecho, deja de serlo, para convertirse solo en un vulgar modus vivendi que no ayudará a liberar a la especie de sus ataduras por creencias falsas!

¿Qué sabemos hoy de nuestra especie con respecto a la sexualidad? En muy primer, lugar sabemos que nuestra especie jamás fue monógama o 1 a 1. Nuestra especie fue siempre N a N: como otros primates que existen hoy lo demuestran. La investigación científica hoy dice que eso de que la mujer observe a otros machos diferentes de su marido, sobre todo los días de su ovulación, es la forma que tiene la especie de solidificar la monogamia; como si a la hembra de nuestra especie, cuando ovula, busca otro macho "mejor" al que tiene (en matrimonio, digamos) para ver si se reproduce con ese "macho mejor", pero sin que lo sepa el "macho formal". Esta es la narrativa más "revolucionaria".

Es una narrativa que estaba obligada a explicar por qué la hembra no se concentra únicamente en su macho formal y olvida, en forma definitiva a todos los demás. Es la narrativa que trata de explicar, por ejemplo, por que zonas enteras de ciudadas, especialmente estudiadas para descubrir el dato, han mostrado que más de 25% de las personas no pertenecen genéticamente al padre que supuestamente los habría de haber engendrado.

¿Y qué podemos decir de la actitud de los machos de la especie? La narrativa también tiene que justificar la monogamia: continúan viendo mujeres por todos lados porque buscan en donde colocar su semilla pero, continúa el cuento de hadas, regresan a su hembra formal, la segura, la que cuida de su prole.

¿Saben qué son esas narrativas? ¡Tonterías infantiles para justificar la Inquisición! (?) No tienen absolutamente un ápice que ver con la realidad. El arreglo matrimonial monogámico solo aparece cuando el acceso a los bienes para sobrevivir queda en manos de quien pueda defenderlos. El macho, así, gana posición y la hembra se sujeta al macho a partir del momento en que el modo de vivir abandona la organización colectiva y se concentra en la actividad individual. Sucede, desde luego, al momento de introducirse la agricultura como forma de producción generalizada. La explicación a la "tendencia" a la monogamia está allí, en el cambio de modo de producción y no en nada que tenga que ver con la "naturaleza humana", como la narrativa occidental (o de los últimos 8 mil años) nos quieren hacer creer que deben ser las cosas.

La clave de nuestra especie es la gran capacidad de adaptación que tiene. El secreto de su supervivencia radica en la gran eficiencia que tiene para adaptarse a condiciones cambiantes de clima mucho más rápido que cualquier otro animal. Esa gran capacidad es posible gracias a que los seres humanos aparecemos con muy poquito ya formando parte de lo que vamos a hacer y ser, de cómo vamos a actuar, de cómo vamos a comportarnos.

Y esta es la gran contradicción. Hemos forzado nuestros cuerpos para que coman cuando los acostumbremos a que lo hagan, para que se deshagan de las sobras de la comida cuando estemos en el lugar apropiado para que tal actividad se lleve a cabo. Y hemos programado las enseñanzas de generación en generación para que les hagan creer a todos que "lo natural" es que un hombre solo viva con una mujer y que él sea responsable de la prole que entre los dos procreen como consecuencia de su convivencia sexual. La unión debe ser para toda la vida, es decir, en tanto uno de los dos muere. Es precisamente en las sociedades agrícolas que vemos ese arreglo como el que se pretende configurar del tipo de lo que es ordenado por los dioses.

Pero jamás se le puede quitar, ni al varón ni a la niña humanos el hambre sexual por la variación. Se casan y continúan viendo a los demás individuos del sexo de su atracción como tan o más atrayentes que al individuo que tienen, por prescripción cultural, a su lado "hasta que la muerte los separe".

Hemos corregido muchas cosas conforme hemos descubierto cómo funcionan. Hoy ya sabemos, tenemos la evidencia fehaciente, de que la sexualidad no fue diseñada en nuestra especie para el 1 a 1. Si ya conocemos la realidad, estamos obligados a encontrar la manera de adaptarnos a esa realidad en vez de tratar de crear reglas que solo van a ser natural y correctamente desobedecidas. En el proceso, las personas se sentirán mal; protestarán contra sí mismas y sí mismos porque creerán que ellos son los diferentes, que probablemente están mal y tienen que acudir a un psicólogo para que los corrija.

Probablemente los psicólogos pensantes estarán ya informados de la situación y deberán tomar diferentes caminos para explicar lo que realmente sucede. Pero, ¿lo podrán decir con los términos claros, abiertos, inequívocos de lo que realmente está sucediendo? La obvia respuesta es "no": tendrán que rodear la explicación porque los de bata blanca no pueden ser quienes coloquen sobre la mesa una verdadera revolución.

Muchos que leen estas líneas están sintiendo que ellos son monogámicos porque así lo han escogido. Esto lo hemos pensado o sentido todos. Y así debe ser el asunto. El cerebro humano debe adoptar lo que la cultura dicta; estos dictámenes deben ser internalizados en la personalidad de cada individuo. Los individuos, uno por uno, deben sentirse naturalmente monogámicos. "Deben", pero no llega a suceder, jamás, en forma total.

El proceso de programación cultural ha sido más "eficiente" sobre la hembra de nuestra especie. Son ellas, por lo tanto, las que en forma más "natural" nos solicitarán les hagamos un refugio.

(Continuará...)

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