sábado, 16 de abril de 2011

Realmente, ¿quién tiene el poder en México?

Loret de Mola, el dador de noticias de “Primero Noticias”, de Televisa, en un artículo que denominó Los dueños del “¡Ya Basta!” hizo un gran esfuerzo —yo creo que con bastante éxito— de poner las cosas en su lugar con respecto a las posturas nacionales en torno al asunto del combate al crimen organizado por parte del gobierno federal.

¿Tiene esta política de Calderón como punto de partida, origen o concepción la forma en que llega a la presidencia en 2006? A ver, a qué me refiero con “la forma”: llega debilitado por la campaña de difamación calumniosa del candidato que pierde. No me gusta llamarles a las cosas en forma adornada para “sonar objetivo”. Lo objetivo es aceptar que Calderón gana la elección, dado que 1,200,000 mexicanos que participan en la contienda no tuvieron una sola palabra qué decir a partir de la cual se pudiera deducir algo turbio o sucio.

Con un escaso margen, el partido que queda en tercer lugar, se convierte en el que realmente tiene el poder en México. Las cosas habrían sido muy diferentes si López Obrador fuera un ser humano objetivo, pensante y capaz de aceptar una derrota en forma democrática. Las acciones del perdedor se convirtieron en elementos a favor del partido que quedó en tercer lugar. El perdedor lo coloca, efectivamente, en primer lugar para efectos prácticos.

Las cosas comienzan desde la toma de posesión de Calderón: han sido muchas ya las ocasiones en que los tricolores furiosos le han espetado que “gracias a ellos” pudo tomar posesión.

Si alguien tenía una pizca de duda con respecto a que al PRI, en realidad, no le interesa el progreso de México, sino su imagen política —ganar elecciones— la gota que hace rebosar el jarrito se ha dado con la actitud que esta gente ha tenido en relación a la Nueva Ley Laboral. Había una propuesta del PAN —desde ya un año atrás— y una del PRI —más reciente. El PAN toma la decisión de olvidarse de su propuesta y aceptar, sin cambios, la ofrecida por el PRI. Es seguro que la conocen y la consideraron por lo menos “adecuada”.

La respuesta del PRI fue bien clara, para que no quede ya un ápice de duda: no se acepta el apoyo del PAN y se retira la propuesta “hasta otros momentos”. El PAN coloca todos sus votos sobre la mesa para que México se mueva. El PRI prefiere que eso no suceda. ¿Queda alguna duda? El mejor ayudante en todo esto se apellida López Obrador.

Por favor, ¡no nos hagamos bolas!

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