sábado, 30 de abril de 2011

La confusión hace olas en México: ¡detengamos las mentiras!

El caso de Paula Cussi ha venido a terminar de confundir a algunos —no a muchos— para hacer las cosas aún más oscuras. ¿Recuerdan la película Presunto Culpable? ¿Quién detenta el poder judicial? Por favor: que respondan con sinceridad, sin jueguitos tontos: ¿domina el gobierno de Calderón o algún gobernador panista algún conjunto que tenga que ver con el poder judicial?

Entonces, no nos hagamos retrasados mentales: lo que los abogados de colmillo grande logran o no en los juzgados es muy independiente de lo que los gobernantes que respetan la estructura constitucional del poder formal en México pueden hacer.

Ya en varias ocasiones personas sin escrúpulos, sin ganas de razonar con cuidado, buscando solo llevar agua a su molino, tratan de encontrar cualquier decisión de cualquier elemento de poder judicial en el país, como si se tratara de algo que viene "directamente desde arriba", desde la misma presidencia. ¿No se han dado cuenta de que esos tiempos ya se acabaron en México?

¿Por qué creen que la película Presunto Culpable pudo hacerse? A ver, genios, métanle ganas y piensen con el cerebro un ratito —dejando el estómago de lado— y concéntrense en escudriñar la estructura de poder constitucional en México y verán que esa película solo pudo llegar a las salas de cine gracias a que el gobierno federal, en primera instancia, es profundamente respetuoso de la libertad de expresión.

Este "respeto" no es especial desde el punto de vista legal: es la obligación de cualquier autoridad, respetar la ley. Pero desde el punto de vista histórico, ese respeto irrestricto a la libertad de expresión sí es algo muy especial porque jamás se había respetado como hoy se respeta. Nadie, con salud mental mínima, puede afirmar lo contrario. ¿Hace falta que Salinas venga a decirnos que "no nos hagamos bolas"?

Si hoy los medios "gobiernan" México es porque esa libertad de expresión, cuando se respeta hasta sus últimas consecuencias, es realmente muy efectiva para el llamado Cuarto Poder. Es cuando el gobierno tiene que ser transparente y cumplir con la ley; tiene que ser un administrador impecable. Lo injusto es que, aún siendo todo eso, ¡los medios no lo demuestren!

Delito grave debería ser la pretensión de cualquier ámbito de poder —ejecutivo, legislativo o judicial— de establecer trucos legislativos para limitar la libertad de expresión, especialmente de los individuos. Es una grosería política, social e histórica lo que pretenden algunos "legisladores" (parece que son priistas) de encontrar la manera de llamarle "guerra sucia" a todo informe que busque ilustrar la verdad histórica, incómoda para ese partido político.

Mucho demonio del infierno más profundo anda suelto. Cuidémonos.

sábado, 23 de abril de 2011

La "izquierda" debe ser un nuevo paradigma, no un regreso al pasado.

Hay cosas que no pueden dejarse así, nada más. Es necesario tomarlas con la importancia que tienen —o pretenden tener— y colocar cada detalle en su lugar. Este artículo de Jenaro Villamil es una de esas cosas que obligan a la reflexión y al comentario reflexivo, amén de comunicarle al autor que sus trucos finalmente sí pueden ser detectados por algunos. Lea la nota primero. Regrese aquí después.

"Guerra sucia" es un término usado por quienes no pueden aceptar que sus verdades se digan en público de tal manera que demasiadas personas se enteren de esas verdades o las recuerden cuando el tiempo había hecho a los perpetradores de esas verdades que se olvidaran. La guerra sucia como término es hoy algo que usa el PRI con creciente frecuencia para referirse a los comerciales políticos panistas que les hacen recordar a los ciudadanos verdades incontrovertibles que, a menos que se tomen en cuenta, existe el peligro de que la decisión masiva más importante —la elección— se haga sobre bases falsas.

La izquierda mexicana jamás aceptará que lo que se dijo públicamente contra López Obrador en 2006 no fue sino "guerra sucia". Aquel spot —el del niño con el billete de 20 pesos con quien se razona que ese mismo billete podría valer menos si el gobierno hiciera las cosas como todo apuntaba a que López Obrador, de ser presidente, así lo haría— resultó imperdonable por la izquierda. Tampoco habría sido aceptable para el priismo, dado que haría que el mexicano de hoy tomara en cuenta que el PRI cometió graves errores cuando gobernó México en el siglo 20; errores que hasta hoy continúan siendo una carga para el gobierno federal —y la sociedad mexicana en general— difíciles de sacudirse por los intereses gremiales muy delicados que afectan: sindicatos impregnados de conquistas laborales, concesiones que en su momento se dieron sin jamás sopesar el costo histórico en contra de la sociedad mexicana global que finalmente generarían.

Esa "guerra sucia" no tiene importancia cuando todos los días algunos mexicanos analizamos las cosas y, a la luz de los números que vemos, escribimos en nuestros medios, muy escasos de audiencia, ideas que en forma exacta sustentan lo que, si se hace a nivel masivo, se llamará "guerra sucia".

En otras palabras, la "guerra sucia" solo lo es si la comunicación es efectiva, si es masiva. En tanto solo las palabritas escritas solo serán leídas por unos cuantos trasnochados en páginas perdidas de Internet, entonces ¡ya no son problema! El problema se presenta cuando lo que se dice puede llegarle a mucha gente, puede hacerle pensar a mucha gente. López Obrador, sin embargo, sí puede hablar horas enteras en la televisión de alcance nacional y pintar un cuadro totalmente irrealista, sin fundamento estadístico alguno y eso ¡no es "ningún" peligro! La realidad es que históricamente están de acuerdo. ¿Quién es el más fiel promotor de la victoria del PRI en el estado de México hoy?

El populismo de entretenimiento de Raúl Velasco en su momento fue exactamente igual de nocivo para que el mexicano medio se entere de la realidad del país en que vive, que lo sería el discurso populista, totalmente irreal, sin ninguna base estadística ni remotamente sólida. Los mensajes que causaron tanta molestia a la "reacción" izquierdista nacional —como los empresarios de 2006 hablando de la economía populista del pasado reciente— contribuirían a ubicar al mexicano medio en una realidad comprobable, sostenida por datos duros. No les gustó y, al parecer, continúa siendo un disgusto para articulistas que coquetean en forma constante con eso que llamamos "izquierda" en México.

Si por izquierda le llamáramos a lo que combate los errores culturales tradicionales, la izquierda más recalcitrante sería todo movimiento político que promueva: transparencia, acuerdo de obedecer la ley, educación de calidad, régimen de cero privilegios, pago equitativo de impuestos y contribuciones, premio a la productividad y a la generación de empleos productivos, democracia efectiva en todos los procesos, cancelación de priviegios corporativistas o sindicalistas, respeto irrestricto a la libertad de cultos y al ateísmo, respeto irrestricto a la libertad de expresión y respeto sin pretextos a los derechos individuales fundamentales universalmente reconocidos.

Esa sería la verdadera izquierda mexicana. Lo demás sería cuento infantil que solo estaría apelando a la debilidad informativa del ciudadano. ¿Creen que el problema de los programas populistas y de las novelas masivamente vistas son el contenido nimio, superficial, a veces de plano idiota? ¡No, para nada! Denle esas novelas y esa diversión superflua y, para algunos, estúpida, para que la vea quien así lo desee. Pero mezclen, entre la basura masivamente atractiva, datos duros, datos reales, datos que no hagan necesaria la llamada "guerra sucia" para recordarles a los mexicanos cuál es la realidad hoy, de dónde venimos y qué debemos evitar.

¡Ah, claro! Aquí surge de nuevo el debate, la polémica de lo que no se les debe decir.

Hace falta un Comité Nacional de Información Masiva Obligatoria, formado por gente de todos los colores "ideológicos" pero sin agenda política personal y sí con un gran sentido de la realidad neutra, pero realidad a fin de cuentas. El CNIMO será la única solución efectiva. Sería la entidad legalmente sancionada que tendría como objeto dictaminar los comerciales públicos de tipo social, elaborados con gran inteligencia, que apelen al sentido honesto de la población, al sentido realista, que premien la productividad, que comparen lo que sucede cuando no se es una sociedad productiva, que cancelen el sentido de valor que pueda tener la aceptación de privilegios gremiales.

El más grave problema en México continuaría siendo que el CNIMO, a final de cuentas, no tendría la confianza de la ciudadanía total porque pronto saldrían los especuladores de la teoría del complot y acusarían a los miembros del CNIMO de responder solo a "intereses ocultos" y cosas de ese tipo. Por algo una sociedad sin confianza es una sociedad difícil de avanzar. Japón tiene fama de ser una sociedad con gran confianza entre sus miembros. Los acontecimientos recientes nos muestran la evidencia en que se sustenta esa gran confianza: solo observemos los millones de billetes encontrados que han sido entregados a autoridades por quienes los recogieron.

La "izquierda" fue la sección de la sociedad que rompía paradigmas. Eso es exactamente lo que debería llamarse en México izquierda: aquella sección de la sociedad y la política que rompa paradigmas. Es tonto pensar que haciendo lo mismo siempre finalmente las cosas cambiarán. Lo que hoy se llama "izquierda política" en México, por desgracia, no es sino todo lo contrario de romper paradigmas: es una verdadera reacción al grupo social que se atreve a enfrentarse a tabús culturales para establecer en México una nueva sociedad con una visión productiva, cooperativa y capaz de generar confianza entre sus miembros.


En resumidas cuentas, la cosa no va por allá, don Jenaro.

sábado, 16 de abril de 2011

Realmente, ¿quién tiene el poder en México?

Loret de Mola, el dador de noticias de “Primero Noticias”, de Televisa, en un artículo que denominó Los dueños del “¡Ya Basta!” hizo un gran esfuerzo —yo creo que con bastante éxito— de poner las cosas en su lugar con respecto a las posturas nacionales en torno al asunto del combate al crimen organizado por parte del gobierno federal.

¿Tiene esta política de Calderón como punto de partida, origen o concepción la forma en que llega a la presidencia en 2006? A ver, a qué me refiero con “la forma”: llega debilitado por la campaña de difamación calumniosa del candidato que pierde. No me gusta llamarles a las cosas en forma adornada para “sonar objetivo”. Lo objetivo es aceptar que Calderón gana la elección, dado que 1,200,000 mexicanos que participan en la contienda no tuvieron una sola palabra qué decir a partir de la cual se pudiera deducir algo turbio o sucio.

Con un escaso margen, el partido que queda en tercer lugar, se convierte en el que realmente tiene el poder en México. Las cosas habrían sido muy diferentes si López Obrador fuera un ser humano objetivo, pensante y capaz de aceptar una derrota en forma democrática. Las acciones del perdedor se convirtieron en elementos a favor del partido que quedó en tercer lugar. El perdedor lo coloca, efectivamente, en primer lugar para efectos prácticos.

Las cosas comienzan desde la toma de posesión de Calderón: han sido muchas ya las ocasiones en que los tricolores furiosos le han espetado que “gracias a ellos” pudo tomar posesión.

Si alguien tenía una pizca de duda con respecto a que al PRI, en realidad, no le interesa el progreso de México, sino su imagen política —ganar elecciones— la gota que hace rebosar el jarrito se ha dado con la actitud que esta gente ha tenido en relación a la Nueva Ley Laboral. Había una propuesta del PAN —desde ya un año atrás— y una del PRI —más reciente. El PAN toma la decisión de olvidarse de su propuesta y aceptar, sin cambios, la ofrecida por el PRI. Es seguro que la conocen y la consideraron por lo menos “adecuada”.

La respuesta del PRI fue bien clara, para que no quede ya un ápice de duda: no se acepta el apoyo del PAN y se retira la propuesta “hasta otros momentos”. El PAN coloca todos sus votos sobre la mesa para que México se mueva. El PRI prefiere que eso no suceda. ¿Queda alguna duda? El mejor ayudante en todo esto se apellida López Obrador.

Por favor, ¡no nos hagamos bolas!

viernes, 8 de abril de 2011

¿Estamos por la violación de las leyes o por el combate a los que la violan?

Ex criminales de otros países han declarado que los criminales del México de 2011 se están volviendo locos. Comentan que el grado de agresividad que están mostrando va más allá de lo que se ha encontrado en circunstancias semejantes en otros tiempos y lugares. Puede ser una exageración. Se nos han contado historias gangsteriles de sucesos que se dieron en Chicago, Nueva York, Miami y otros lugares del mundo que fueron tan agresivos, violentos y sangrientos —o más— que lo peor que hayamos visto en México. ¿Será?

Aunque no se han medido en forma exacta —con algún método científico— los niveles de violencia en diferentes lugares, en México sí deben ser muy altos considerando que han llegado a aventar cabezas en lugares públicos o a tirar cuerpos descabezados que después diferentes medios se han encargado de difundir con detalles, no sin dejar de tomar en cuenta los videos publicados en Internet y vistos por millones.

Javier Sicilia (http://goo.gl/yO2Cv) ha tenido una gran cobertura nacional para mostrar su ira. Además fue recibido por dos horas por Calderón. ¿Qué habrán hablado? Si usted sabe algo, coméntelo en nuestro sitio: articulo7.mx. El poeta Sicilia ha sabido hacerse oír. Hoy ya deben saber los perpetradores del horrible crimen ejecutado en su hijo que ahora tendrán a mucha gente movilizándose… ¿en su contra? ¡No, para nada!

En México la gente no reacciona en contra de los criminales. A los criminales solo les pedimos que conserven y practiquen su código de honor. En México se protesta en contra de los gobiernos que decidan combatir a los criminales. Los titulares de algunos medios muy visibles acusan al presidente Calderón de “asesino de jóvenes” —no de adultos (??).

Y el poeta Sicilia desahoga su dolor recalcando el reclamo a esos políticos que insisten en que el crimen debe ser combatido sencillamente según lo marca nuestra ley. ¿Cuál es el mensaje a los jóvenes de 12 a 16 años? ¿Cuál es el mensaje a los pre adultos? Entiendo yo —puedo estar mal de la cabeza— que el mensaje conlleva 1) tolerancia a la rotura de la ley y 2) oposición rotunda a la pretensión de que la ley se aplique. Sin duda, somos una sociedad rara.

El contra argumento contiene elementos de reclamo a Calderón en el sentido de que “la estrategia no está funcionando”. Esté o no, lo cierto al caso es que no se nos ha comunicado en detalle y en forma oficial… ¡Falso! Aquí está toda la información de 2010: http://goo.gl/78q6Z -lea esa página. La lucha es a largo plazo. ¿Le paramos, de todas maneras? Entonces, ¡modifiquemos las leyes!

miércoles, 6 de abril de 2011

No señor, la cosa no es así

Por más grande que sea la tristeza de ver morir un vástago, usted, señor —no entrecomillado— está equivocado. No son así las cosas.

Usted les pide a los criminales que hagan el favor de continuar siendo criminales pero aplicando un “código de ética”. Sí, eso es lo que usted les dice.

Y usted le dice al gobierno que deje de … ¿de qué, señor? ¿De aplicar la ley?

Don Javier Sicilia, usted está lleno de pasión, de desprecio y de odio. Es incapaz de darse cuenta de que el calificativo mediático a la lucha del presidente de México en contra del crimen organizado es solo un esfuerzo más —que está dando muy “buenos” resultados— para sobajar al máximo al político que logró conquistar a una buena parte del electorado mexicano y que ha cumplido cabalmente su labor de gobernante.

La lucha armada fuerte que se les está dando a los criminales que usted dice que tienen el “ligero defecto” de haber perdido su “código de ética”, es algo que debió haberse hecho desde hace muchos, pero muchos años o décadas. Se había pospuesto porque era más “redituable” para la persona individual de cada político de otros momentos —esos momentos en que los medios no podían decir lo que no tuvieran permiso de decir— tranzar con los criminales que combatirlos.

El que esto escribe está genuinamente convencido de que entre las sustancias “prohibidas” hoy por la ley —es decir, que no se pueden producir y comercializar— está la marihuana. Esta sustancia no merece ser tratada como malévola. Punto. No hay más que decir, excepto que el trato que tiene hoy en nuestro país es consecuencia del trato irracional e idiota que tiene en los Estados Unidos. En ese país muchos productores han perfeccionado el método para generar variedades “perfectas”. Solo están esperando que la ley se vuelva “racional” e inundarán los mercados con su ya perfeccionada marihuana. Se calcula que la violencia es 85% generada por acciones contra productores o distribuidores de marihuana. El resto —15%— es violencia dirigida a las otras sustancias consideradas nocivas al ser humano.

Yo no estoy al tanto —no se si usted sí lo esté— de por qué los grandes de los gobiernos no se logran poner de acuerdo en este problema. Pero este es otro tema, muy importante y subyacente al tema que nos ocupa.

Los criminales combatidos abierta y frontalmente por decisión del presidente Calderón no están sujetos a ver si se les aplica o no la ley. Esa es la forma “cultural” que hay que combatir en México: la ley es la ley. O se obedece o se modifica. Los que están, hoy por hoy, produciendo o pretendiendo distribuir sustancias prohibidas, están sujetos a que la ley se les aplique. Si se esconden y se arman, están sujetos a que se les localice y se les persiga y se les trate de aplacar con armas semejantes a las que ellos están usando.

Ya BASTA, con letras muy grandes, oscuras, gruesas y definitivas, de “negociar” las leyes. Eso es lo que hizo el régimen que se acabó en el 2000 durante muchos años: negociar la ley y usarla solo para combatir a los que no les convenían.

El presidente Calderón tiene la obligación de aplicar la ley. Él ni siquiera puede cambiarla: puede sugerir que se cambie pero, finalmente, son congreso y senado los órganos encargados de estudiar, evaluar y modificar las leyes. Ellos son los órganos que, en un momento dado, podrían ya estar estudiando la manera de que la guerra no se tuviera que producir. No lo han hecho: sólo han criticado que el presidente haga lo que tiene que hacer para que la ley se aplique. No es casualidad que esos órganos son mayoritariamente poblados, hoy, por gente que no es afín políticamente al presidente Calderón, por gente a la cual “le conviene” que usted y yo pensemos que está mal todo lo que hace Calderón.

Los insultos del Sr. Sicilia en contra de “los políticos” —generalizando en forma poco inteligente a los que de esa actividad se ocupan— no están siendo equilibrados ni ayudando a que los mexicanos entendamos lo que en realidad está pasando. Sicilia no ve las cosas como si viviera en una sociedad con leyes, sino como si viviera en una sociedad de negociación siciliana, mafiosa, sin leyes ni órganos para modificarlas. ¿No se da cuenta? Lo peor es que personas como él no se dan cuenta ni ayuda a que la demás gente se dé cuenta.

Con su rabieta —muy bien fundada desde el punto de vista emocional— no está ayudando en nada a que las cosas mejoren en este país de “simulaciones tradicionales”. Con su rabieta Sicilia “tapa el sol con dedo” al impedir que se vea que lo que el presidente hace no es sino aplicar la ley sin negociación; pero la ley no es para negociar, es para aplicar. Es esa misma ley que las “corporaciones políticas” tradicionales, como el sindicato de “La Maestra”, impiden que se apliquen, porque solo aceptan que se negocien. Es precisamente porque las leyes y los reglamentos continúan siendo objeto de negociación que México continúa siendo un país de mediocres.

El senado y el congreso —este último poblado de individuos mayoritariamente en contra del presidente Calderón— ya podrían haber estudiado, sugerido, perfeccionado y aplicado una ley que impidiera el combate a los que hoy están rompiendo la ley. ¿Por qué insistimos en pedir que la ley se negocie en vez de que se cumpla al pie de la letra? La gente del senado y el congreso está capacitada para legalizar las sustancias —como la marihuana, que realmente, no hace mal a nadie: nadie ha muerto por usar la marihuana en forma alguna— que están provocando la guerra.

La gente del senado y el congreso podría ya haber estudiado la forma de hacer que los Estados Unidos de América actúen en forma inteligente y a favor de los derechos individuales de la gente del mundo impidiendo en forma eficaz que las armas pasen por sus fronteras y entren a México para nutrir a los grupos criminales que son los únicos que todos los mexicanos debemos combatir, apelando o no a ese “código de ética” que Sicilia lamenta que hayan perdido.

Calderón es un ejecutivo presidencial: tiene la orden, el deber, de aplicar las leyes y de combatir la criminalidad. Yo pediría que se salga del cargo si no estuviera haciendo lo que ahora está haciendo. La lucha, Sr. Sicilia, no es contra el gobierno. Hoy el gobierno es emanación de la ciudadanía: ya no es más producto de dedazos heredados de “descendientes” de Huitzilopochtli o algún “Gran Tlatoani”. Entremos a la realidad; no dejemos que nuestro país se salga de las manos de nosotros, los ciudadanos. Qué, ¿es tan difícil entrar a la realidad y entenderla como realmente es? ¿Deseamos subconcientemente ser tratados paternalísticamente como lo fuimos durante todo el siglo 20? En esas épocas usted no habría podido pronunciar ni 5% de su discurso, ¿se da cuenta?

Necesitamos armas sofisticadas y advertir que se usarán si no se rinden. Lo que hay que pedirles a los criminales es que se rindan. Ellos tienen que entender que su negocio ya se acabó porque han cometido demasiados crímenes y no hay manera de aplicarles amnistía alguna. La continuación de la violencia depende de que esta gente criminal entienda que la lucha ya no la pueden ganar.

Yo prefiero una revolución —con pérdida de derechos ciudadanos durante un tiempo— que sin tregua combata a estos grupos. Los Estados Unidos de América tienen que convertirse en aliados nuestros en esta lucha y olvidarse, por un rato, del jugoso negocio de su venta de armas a criminales mexicanos.

La actuación de los criminales es semejante a la actuación del niño mimado, ese que les pega a sus padres en público porque se han negado a comprarles la paleta, ese niño grosero que le jala la falda a la madre y le pega de gritos en el parque para ejercer presión sobre la señora y que esta acceda, por medio del chantaje, a la compra del juguete o la golosina. ¿No se da cuenta, Sr. Sicilia?

Los criminales están haciendo el papel de “niños mimados”, pero acorde con su edad y alcance de acciones. Ya no le “jalan la falda” a mamá, sino matan a inocentes para ver si así “les compran su paleta”. ¿Qué código de ética puede usted esperar de esta nula calidad de seres vivientes?

Usted tiene derecho a decir las pendejadas que desee; ese mismo derecho me asiste a mí. Lo que nadie puede hacer es impedir que usted o yo tengamos y ejerzamos ese derecho. Los “niños mimados”, que en vez de “jalar la falda de mamá” asesinan con armas de potencia grave metida por contrabando a territorio mexicano —como producto de la corrupción de los Estados Unidos de América— son los que están queriendo impedir que su “territorio” sea tocado.

Es hora, eso sí, de que los mexicanos nos unamos al gobierno que decide que la ley debe respetarse y no negociarse. Si no entendemos este valor, somos borregos, sensibles a la mediatización politizada que solo persigue la visión negativa de cualquier esfuerzo genuino y con valor del gobierno de determinado “color”, combatido por los políticos de “otros colores”.

lunes, 4 de abril de 2011

El balance de la información debe sustentarse en realidades

En nuestro semanario (por impresión) pero diario (por notas publilcadas en Internet) tratamos de hacer una labor que consiste en tranferirle a nuestros lectores información sobre la que tenemos sustento. Tratamos de no especular o de no tratar de colocar en sus mentes —como si fueran verdades consumadas— hechos que aún son sólo rumores, muy lejos de haber quedado probados o muy difíciles de sustentar con documentación.

A pesar de todo ello, cuando uno repasa los comentarios que aparecen en la página electrónica, uno siente algo muy difícil de definir con facilidad. ¿Se trata de rabia, de coraje, de molestia, de contrariedad, de frustración? Esto último, desde luego: se trata de una grave frustración. Eso es lo que genera el ver que a pasar de lo que sea que uno haga en esfuerzo para que lo que se comunica sea lo que de verdad está sustentado, la percepción de la gente siempre va a ser que uno “no está siendo objetivo”.

En alguna ocasión —y el artículo sobre el tema se encuntra dentro de nuestras páginas— una hija de este servidor recibió el comentario de alguna persona —cuya identidad no quiso darme— en estos términos: “a tu papá le deben estar pagando mucho para que escriba lo que escribe, pues se está arriesgando…”.

La persona que esto dijo estaba segura de que en el estado de Yucatán existía, en ese momento, una actitud, por parte del gobierno, de intolerancia hacia los medios que digan las cosas que no les convengan. En el sitio de Internet, los comentarios de algunos de nuestros lectores no iban en ese sentido. En el sitio nos estaban obligando a ser “equilibrados”. Los mensajes escritos estaban en la dirección de solicitar de nosotros más “equilibrio”: que también dijéramos del “fraude” que se había cometido en el Ayuntamiento de Mérida presidido por César Bojóquez.

Es muy difícil debatir con una persona que tiene una pieza de información que no concuerda con la realidad. La persona que nos solicita que digamos algo del fraude que no existe —cualquier que éste sea— es una persona que está fuera del ámbito del debate posible. Es una persona que no cuenta con información que concuerde con la realidad y, por lo tanto, una persona con la cual no se puede debatir.

Conforme el tiempo pasa, los que están ahora a cargo del Ayuntamiento que fue presidido por el panista César Bojórquez —esos que pueden escudriñar los libros contables y los documentos que sustentan el manejo de las finanzas del equipo de Bojórquez— ya saben hoy que no pueden levantar ningún falso; han “descubierto” —lo supieron siempre, en realidad— que las cuentas están en orden. De lo contrario, ya sabríamos de algún asunto que, desde luego, se mostraría abiertamente para destruir mediáticamente la imagen de ese gobierno y del panismo.

Lo triste es que exista entre la gente una convicción —producto de lo que se les ha vendido mediáticamente— de que todos [los políticos] son iguales. En la medida en que la gente navegue con esa supuesta actitud de conocimiento, no podemos debatir. Es demasiado amplia la suciedad que está siendo parte de lo que ocupa los cerebros de estos ciudadanos.

El problema nacional es endémico. Está incrustado en la estructura de nuestra “cultura nacional”. La gente crece oyendo que el gobierno es un botín al cual puedes aspirar y, cuando te toca, te vas a hacer rico, como “otros se han hecho”. Es sólo cuestión de llegar y ya. En los años 80 y 90, se dieron luchas cívicas que tuvieron como resultado remover a gente que pensaba que esa era la única manera de actuar en México, la nueva ocupación de los puestos de poder se dio por gente que entró a través del PAN. No hay en México otra forma de acceder a los puestos de elección popular. Aunque la ley permite que un ciudadano privado se lance a una campaña política, esa misma ley hace aún las cosas más difíciles el día de hoy para los que se lanzan por sí mismos. Al final tienen muy pocos votos. ¿Por qué esto ha sido así tradicionalmente? Las razones exactas están a flor de labio de los especuladores, pero la realidad es que la gente sólo cruza círculos de emblemas políticos que tienen tiempo de estar a la vista de la vida política.

Los que tienen convicciones falsas con respecto a la honestidad de las administraciones a cargo de personas diferentes del tradicional PRI, deben tomar en cuenta que en su gran mayoría son gente que fue extraída de la sociedad —en la cual vivían haciendo sus esfuerzos desde la iniciativa privada o como empleados de empresas— y no necesitaban de los puestos administrativos o políticos para sobrevivir.

La prensa independiente local de Yucatán se encargó de vigilar y publicar, diariamente, el manejo de los dineros públicos por parte de esas nuevas administraciones emanadas de la sociedad civil. Los auditores eran, en realidad, todos los ciudadanos, todos los lectores de esos periódicos que escudriñaron cuidadosamente cada paso que dieron esas administraciones que desde el 1 de enero de 1991 ocuparon el gobierno de la ciudad de Mérida.

Es importante recalcar que la calidad informativa radica en comunicar aquello que es verdadero, además de ser relevante para el cúmulo de conocimientos ciudadanos sobre los cuales se sustentará la próxima decisión colectiva que se tome (elección). Algunos periódicos impresos de la ciudad de Mérida (Yucatán, México) lanzan notas falsas en torno a los gobiernos emanados del PAN y, normalmente, notas falsas o verdaderas generalmente favorables a los gobiernos del PRI, con excepciones: de pronto leemos algo muy fuerte contra el priismo, acción que lanza la señal que el impresor desea —hacer pensar que “les pega a todos”— cuando en realidad solo dice lo que dice porque algún acuerdo “falló”.

Son dos formas muy diferentes de gobernar —las que tienen priistas y panistas— y son dos formas muy diferentes de hacer periodismo —en Artículo 7 comparado con otros medios “contratados” para decir lo que dicen.

Una sociedad que pretende aspirar a la democracia se quedará en el camino en tanto no cuente con información verdadera para que sus ciudadanos se formen opiniones sustentadas en realidades.

viernes, 1 de abril de 2011

La política: asunto de todos (hasta de los políticos)

¿Estás trabajando para algún gobierno? Puede ser el municipal, el estatal o el federal. ¿Dependes de tu trabajo en el congreso? ¿Eres empleado del “poder judicial”? ¿Estás en la nómina de algún partido político? ¿Estás en la nómina de alguna empresa propiedad de algún nivel de gobierno?

Si contestaste “sí” a cualquiera de las preguntas entonces tú perteneces a “los otros”. Aquí estamos “los demás”. En México somos 2 bandos: nosotros y “los otros”. Los que trabajamos por nuestra cuenta o somos empleados de alguna empresa privada somos “los demás”; somos los que generamos el sueldo de “los otros” vía impuestos.

La actitud política del joven y de algunos que no lo son tanto oscila entre el cinismo —entrar a “la polaca” y aprovecharse “como es la costumbre”— o descalificar todo lo que huela a o parezca “gobierno” o “política”. Entre estos 2 extremos se encuentra el aspirante a “servir a su pueblo”, quien dice ser “atraído por la política”.

¿Te parece normal? ¿Te parece que así está bien? Obvio, ¡no! Pero, ¿por dónde empezamos?

Realmente estamos en un grave aprieto. En la medida en que continuemos creyendo que “allá están los políticos” y “acá estamos los demás“, no vamos a avanzar. Peor aún si creemos que “así es lo normal”. La realidad es que todos somos ciudadanos —a partir de los 18 años— con derechos y deberes generales, iguales.

Los llamamos “la sociedad civil” a los que no están en partidos políticos pero que buscan metas relacionadas con los deberes de los que clasificamos como “dentro de la clase política”. Todos, absolutamente todos, sin excepción, somo “sociedad civil”: no hay “los políticas” y ” los demás”. Esto debe ser erradicado de nuestra mentalidad.

Es obvio que se trata de un asunto muy difícil si, al encontrarnos con los que ahora están en “la clase política”, nos topamos con un sólido muro que nos impide pasar. ¡Fuera muro y abajo con los acaparadores! La política es un asunto de todos los ciudadanos: o sea, de todos los que tenemos 18 o más años de edad. Es hora, pues, de que todos los ciudadanos hagamos de la política un asunto ciudadano y no algo “reservado” para los que hoy quedan en la forzada definición de “políticos”.

Es hora de que tomemos posesión de nuestros deberes y derechos ciudadanos.