viernes, 1 de mayo de 2009

El guerrillero: ¿ayuda o entorpece la liberación humana?

Por si alguien lo dudó alguna vez, ahora lo confirma el izquierdista José Luis Sierra Villarreal —esposo de la ex gobernadora de Yucatán y ex presidenta del PRI nacional, Dulce María Sauri Riancho—: en México, el PRI, en el fondo de su "corazón" amó a la izquierda. ¿Por qué López Mateos o Díaz Ordaz no se aliaron en forma total con Cuba en los años 60? ¿Por qué Echeverría, con su Arriba y Adelante no rompió en forma definitiva con los Estados Unidos para convertir a México en una nación totalmente socialista al estilo soviético, chino, de Corea del Norte o de Cuba?

Sánchez Navarro, el empresario mexicano que viajó a China con el presidente Echeverría, cuenta que los empresarios que habían acompañado —por invitación expresa— al presidente Echeverría en su viaje, suspiraron cuando el mandatario, en medio de la expectación de la concurrencia a bordo del avión que los traía de regreso al país mexicano, casi en forma de susurro, como para que no lo oyeran los intelectuales de izquierda, expresó que no creía que el sistema chino fuera el adecuado para los mexicanos.In illo tempore la voz del tlatoani en turno era totalitaria. Nadie osaría contradecirlo. Para hacerlo, era necesario retirarse a la guerrilla. Si a Echeverría, de poder absoluto en el país mexicano, se le hubiera ocurrido al regreso de China que ése era el sistema ideal para este país ¡las leyes, unos cuantos meses después, ya habrían sido modificadas para ajustarnos al modelo!

¿Y los Estados Unidos? El mundo guardaba un equilibrio. México, en cualquiera que fuera su decisión, habría tenido que ser tolerado por los Estados Unidos.

¿Eso habría sido lo más conveniente? Ése es otro tema. Hoy dicen que el "hubiera" no existe. No, claro que no. El hubiera es el tiempo de lo que no fue, pero que pudo haber sido.

De México salen hacia la frontera con los Estados Unidos, todos los días, miles de mexicanos que emprenden un viaje hacia la búsqueda de trabajo que les permita ahorrar. Estos mexicanos son, por definición —al emprender— emprendedores. Se quedan en México los que no ven necesario involucrarse en más problemas que los regulares —carencias, incertidumbre en la salud, poca actividad, cierta tranquilidad en la vida cotidiana.

De Cuba, a partir de la declaración franca del color interno y externo de la Revolución —roja por dentro y por fuera, ya no como una sandía, verde por fuera— cientos de miles de cubanos fueron saliendo. Salieron a emprender una vida diferente. Y una gran cantidad de ellos se convirtieron, en los Estados Unidos, en empresarios. De hecho, la proporción de cubanos exiliados que a lo largo de su estancia fuera de Cuba se convirtió en empresarios exitosos, supera la proporción de empresarios esperable en un grupo humano regular. Éste viene siendo un indicador de que quien sale de su país para emprender una vida en otro, tiene espíritu empresarial, ni más ni menos.

La actitud del humano que emprende —se independiza de cualquier patrón, sea éste otro empresario o el gobierno— es radicalmente diferente a la actitud del humano que se mantiene en paz obedeciendo las instrucciones de algún jefe. Cuando el mundo estaba dividido en los dos grandes bloques —el capitalista y el socialista— dentro de los países capitalistas existían 3 tipos de tendencias: empresario, empleado y revolucionario.

Hoy, cuando sólo existe en forma monopolista el bloque capitalista, vemos que existen 3 tipos de humanos también: empresarios, empleados y delincuentes organizados.

Entraron en desuso los revolucionarios radicales y en su lugar, aparecieron las mafias organizadas. Sierra Villarreal —el ex guerrillero— nos lo sugiere en la entrevista del semanario Artículo 7 cuando dice: "Todo el mundo habla de los zetas y no, lo verdaderamente preocupante es que esos grupos organizados encuentren una expresión política que es lo que pasó en Colombia. Su problema no fue narcotráfico, sino la conjunción de narcotráfico y política..."

Esta sugerencia nos indica que ese tercer grupo constante está básicamente alimentado por el mismo tipo de ser humano: el que no acepta sujetarse a las reglas del juego especificadas dentro de las leyes y que, bajo las condiciones de tipo A, se declara guerrillero y justifica tomar las armas para combatir al empresario —que supuestamente se encuentra dentro de la ley— y promover un estado todopoderoso, dueño absoluto de los medios de producción. Por otra parte, ese mismo tipo de humanos, bajo las condiciones de tipo B, se declara rebelde y también con las armas decide tomar lo que le dé la gana porque no encuentra tolerable hacerlo con el riesgo que el empresario regular lo hace.

¿Es éste un asunto de genética?

El progreso tecnológico de los últimos 50 años es superior en resultados finales al progreso tecnológico logrado desde que nuestra especie apareció sobre la faz del planeta. Para lograr este nivel de tecnología —cada vez proporcionalmente al alcance de más seres humanos— fue necesario que las sociedades humanas pasaran por momentos de extrema explotación de unos sobre otros. El tiempo libre para pensar sólo puede existir si otros se encargan de producir los básicos supervivenciales para el ser que piensa y marca pautas de avance tecnológico imposibles en condiciones de igualdad total.

En este panorama, el guerrillero es un obstáculo en términos aritméticos simples al proceso evolutivo tecnológico que parece acompañar a nuestra especie en la medida en que más gente dispone de más tiempo para pensar e innovar. El revolucionario contradice la tesis inherente al sistema marxista de pensamiento cuando éste afirma que las condiciones de la existencia del ser humano determinan su consciencia, y no al revés, como lo creen las religiones, los espiritualistas, los esotéricos y los mentalistas.

Para que todos sean iguales, es necesario que aporten exactamente lo mismo en forma obligatoria para que a su vez dispongan de lo que sea que necesiten o sientan necesitar. Esto no será políticamente posible en tanto exista un mínimo de juicio subjetivo con respecto al valor del trabajo de un individuo. Basta con que dos individuos estén disponibles para hacer un trabajo, para que la paga del que sea escogido para hacerla ya no sea función de la actividad misma, sino de la oferta laboral existente. En tanto esto no cambie, ni cientos de guerras sangrientas, ni todos los profetas, ángeles, arcángeles, religiones, yoga, budismo y zen budismo lograrán un sentido de "justicia" o "equilibrio" real en la vida humana.

Y el camino para ese punto no viene de lo mágico o de los decretos, sino de la tecnología, que, a su vez, depende de la ciencia pura. Y ésta avanza en tanto más atractivo sea lo que se espera al final de cada descubrimiento. La guerra y la violencia —social, política o biológica— sólo hacen más lento ese avance.

La única conclusión lógica o válida de este argumento, es la imperiosa necesidad de erradicar del camino los obstáculos a ese avance.


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