martes, 2 de diciembre de 2008

La pasión que empuja a la estupidez

Es realmente alarmante la pasión irracional que se ha desarrollado entre algunas personas que aún apoyan a López Obrador a través de insultar en forma constante al presidente de la república mexicana.

La última excusa para provocar un racimo de insultos es la crisis económica internacional. Esta crisis, como todos sabemos, se manifiesta en México con la imposibilidad de que el PIB crezca en forma importante. De hecho, todo indica que el crecimiento será menor de 1%.

Es una gran oportunidad para acusar al presidente Calderón de ser incapaz de cumplir su promesa de convertirse en el presidente del empleo.

Por detrás de la acusación está la muy alejada de la realidad sugerencia de que es Calderón el culpables de la crisis internacional. Ésa sería la única forma de conectar los estallidos de relajo financiero con algún error del presidente Calderón.

Lo que no oímos por ahí son escritos de periodistas mexicanos que aclaren esta acusación tan fuera de lugar. ¿Cómo es posible que una mente que se precie de cierto nivel de lógica básica pueda concluir que Calderón con está cumpliendo sus promesas de campaña porque se están perdiendo empleos en el país conforme la crisis provoca que se vayan del país empresas que cierran y se retiran por los problemas financieros que se están dando en sus centrales.

La pasión de los anti calderonistas —que es muy dudoso que sean aún pro López Obradoristas— los ciega al grado de convertirse en verdaderos mentirosos, falseadores de la verdad y manipuladores de los hechos para acomodar sus argumentos a lo que finalmente desean: desacreditar al actual presidente de México.

Calderón ha vivido en el país los años más retrógradas que uno habría podido imaginarse con los disparates abiertos del presidente George Bush. El resultado final es fatal para todo el mundo. Los Estados Unidos están entrando a una crisis que ellos mismos gestaron. Una economía que fue irracionalmente sobrecalentada ahora se desploma estrepitosamente. Sucedió exactamente lo mismo que nos pasaba a los mexicanos cuando los presidentes que hacían como que gobernaban se la pasaban imprimiendo billetes y luego lloraban en sus informes —ésos sí, claro, visibles y en silencio por todos los mexicanos a través de la TV en cadena— echándoles las culpa de los males a los malos mexicanos y a las economías extranjeras.

Ahora sí, hoy, es real que se trata de una economía extranjera la que ha provocado una crisis a nivel mundial. ¿Qué influencia pudo haber tenido de hecho o de deseo el presidente Calderón con respecto a esta crisis?

La pasión puede hacer que la gente se vuelva estúpida. Y es que sólo un imbécil —idiotizado por esa pasión que ya es totalmente irracional— puede pensar que una persona de la trayectoria moral de Felipe Calderón Hinojosa pueda hacer un solo movimiento en su vida tratando de perjudicar a los mexicanos. Sabemos –los que aún creemos en México– que Calderón daría su vida por el bien de este país.

Esto nos lleva irremediablemente al concepto de la confianza: el activo más escaso en nuestro país y cuya carencia es causa directa de la muy baja velocidad a la que avanzamos.

En su momento las fuerzas de la calumnia quisieron destruir a Carlos Abascal –falleció hoy. No pudieron: logró llegar al final de su vida siendo un hombre visiblemente honesto. Un gran mexicano.

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