domingo, 24 de agosto de 2008

El lado más siniestro... ¿de qué?

¿Cuál es el lado más siniestros del proyecto neoliberal?

Jorge Medina Viedas sólo lo describe así, con esas palabras. No dice en qué consiste. Sólo añade que el PRI lo está "comenzando a rechazar". ¿A qué se refiere el articulista Medina?

Ah, está claro. Habla de los pecados del pasado del PRI. Dice que la Paredes Rangel, cuando se refiere a que "de llegar a Los Pinos serán diferentes" —palabras que ella pronunció literalmente— estaba precisamene hablando de la necesidad de que el PRI sea totalmente diferente a ese PRI que provocó el 2 de octubre de 1968, el que provocó el fraude de 1988, el que despilfarró irresponsablemente con López Portillo y Echeverría Álvarez; el que asesinó a Luis Donaldo Colosio y el que produjo el error de diciembre. Probablemente también le añadan: y al que dejó que gane Vicente Fox en el 2000.

Ése es el PRI que no debe regresar.

Interesante. Claro, cada punto del PRI que no debe regresar es por sí mismo discutible y requiere todo un estudio cuidadoso y exhaustivo.

En Yucatán tenemos la experiencia del PRI que regresó. Definitivamente, no sólo no es diferente del PRI que estuvo anteriormente, sino que es mucho peor, desde todos los puntos de vista. Y su negatividad consiste en que ha acentuado los defectos que fueron aborrecidos por todos los grupos sociales en el pasado.

Que el país sea resguardado por los propios mexicano de que algo así como lo que está sucediendo en Yucatán, suceda a nivel nacional.

La careta de la socialdemocracia, es eso, una simple careta. Detrás de la careta se esconde un brutal pragmatismo, perfectamente acoplado a la idiosincracia que los mismos regímenes, durante 71 años, promovieron activa y pasivamente a lo largo y ancho del territorio mexicano. El PRI no es un partido que pueda tener membrecía dispuesta a actuar hasta las últimas consecuencias de una socialdemocracia bien sustentada.

La socialdemocracia en todos los países europeos en donde es triunfadora, lo mismo que en los países de América en donde se ha convertido en opción real de gobierno, se maneja con transparencia y con democracia. En todo caso, el único partido en México que se maneja en esa forma es precisamente el PAN. Ha tenido sus momentos oscuros, cuando gente con estrecho criterio ha estado a la cabeza y ha dejado que esa rama —un lastre histórico— llamada "El Yunque" use su palabra.

El hecho de que Felipe Calderón sea hoy presidente de México es francamente demostrativo de que en el PAN los procesos internos se llevan a cabo totalmente dentro de un juego plenamente democrático. Sobre todo si por "democracia" habremos de entender —y no veo por qué habría de entenderse algo diferente— el respeto absoluto e irrestricto al total de votos que los que votan, sea considerado numéricamente para los resultados finales.

Felipe Calderón entra a una elección interna que gana en forma incuestionable. Y a partir de ese momento, como salmones nadando contra la corriente, de un ridículo 16% va ascendiendo hasta llegar a un respetabilísimo 42%. Ese ascenso fue el producto esperado de su campaña política, de su aparición en los medios, de sus mítines públicos y de sus reuniones con grupos. De ser un "nadie" en la política —excepto entre las filas de la base de su partido— se convierte en el candidato mayoritario.

Por poco pierde la elección nacional cuando, de un 42% se desploma al 35-36% como consecuencia clara y directa del debate en el que el contrincante López, le lanza una calumnia con difamación. Sin embargo, analizando las encuestas serias, ésas que calculan el número de gente que irá a votar el día de la elección, nos damos cuenta de algo muy interesante. La consecuencia de la calumnia con difamación no fue el traslado de votantes del PAN hacia el PRD, sino que provocó un aumento claro y definido en la abstención. Los votantes dudaron de Calderón, pero no a favor de nadie más. Decidieron, entonces, dejar de ir a votar. Se trata de cerca de 2.2 millones de votantes que estaban por el PAN, por Calderón concretamente, neoconversos en su gran mayoría, que dejaron de ir a las urnas ese 2 de julio de 2006.

En los estados del sur, en los que la economía y el nivel de alfabetismo son menores, el candidato de la opción amarilla logró grandes mayorías. ¿En dónde está Yucatán, en el norte o en el sur? Yucatán se pinto de azul, alcanzando en esa elección la votación a favor del PAN que jamás logró antes, pero sí después: Xavier Abreu tuvo más votos que Calderón, y, sin embargo, ¡perdió! ¿Por qué? Sencillo: la gente proclive al PRD se unió al PRI. El resultado final no es, a pesar de lo que se registre oficialmente, 6 puntos porcentuales en contra. Jamás. Cuando mucho la realidad habría arrojado 1.7% de la opción Ortega sobre la opción Abreu. El resto fue una clara aplicación de mecánica "ola roja" perfectamente lograda.

También se puede analizar otro posible escenario, según las encuestas de salida que fueron acalladas rápidamente. De ésas —8 en total— sólo una le daba el gane al PRI. Las otras 7 le daban el gane al PAN con números que fluctuaban entre .8 y 1.7 puntos porcentuales. El PRI se precipitó al "Plan B": actuación intensa de la "ola roja" en ciertos municipios y ciertas casillas, en donde, de pronto, el porcentaje de votantes por casilla ascendió a más de 100. Se trató de 15% de casillas. El objetivo era dejar una victoria clara. El trato bajo la mesa era aplicar el "plan B" sólo si el PRI resultaba ganador —según la mayor parte de las encuestas de salida, cosa que no se dio— en más de la mitad de las encuestas. La gente del PRI se precipitó y aplicó el "plan B" prematuramente, arrasando con la posibilidad de que se registrara una elección limpia.

Lo demás que hemos visto en Yucatán es prácticamente idéntico a lo que se vivió antes, excepto que con "más de lo mismo del pasado". Como el semanario Artículo 7 lo ha registrado con bastante exactitud, demostrándolo en cada número, el gobierno actual de Yucatán se basa en el populismo, el clientelismo, la simulación, la celebración, la fiesta y el paso del tiempo.

¿Cuál es el lado siniestro aquí? Necesitamos que el Sr. Jorge Media Vieda nos lo aclare.