martes, 5 de febrero de 2008

Patanbenz: para quien no existe ningún cambio

"Patanbenz" es el nombre que usa en YouTube el ser humano que me ha empujado a escribir este artículo. Algunos de ustedes han visto mis vídeos, otros no. El caso es que el contenido de estos vídeos ha provocado que "Patanbenz" se indigne en mi contra y escriba, en un lenguaje de odio y desprecio observaciones que no tienen un gran valor como debate.

En mi cuenta de YouTube, el ser humano escribió, por ejemplo, lo siguiente:
Lo que en realidad te duele es el PRIVILEGISMO de quienes pensaban diferente que tu(sic), pues ahora que tienes la oportunidad de formar parte de un PRIVILEGISMO no la desaprovechas. He de recordarte que es por tu participación en los medios de tu comunidad que tu hija participó en la campaña del excandidato vencido por la fracción Panista a la Gobernatura de Yucatán.
Patanbenz asegura que "me duele" el PRIVILEGISMO de quienes pensaban diferente de mi, y que hoy, el que tiene los privilegios ¡soy yo! O sea que, la posibilidad de usar YouTube, de decir lo que siento, lo que creo; de nombrar aquello en lo que creo y aquello en lo que no creo, es todo producto de un PRIVILEGISMO del que hoy gozo. Me pregunto cuáles serán esos privilegios.

Me "recuerda" Patanbenz que mi hija participa en la campaña de Xavier Abreu debido a que yo he participado en los medios de mi comunidad. Esto, obvio es, raya en ¿qué? ¿Tontería? ¿Ignorancia? Patanbenz no tiene por qué saber la historia académica de mi hija. Que yo sepa ésta no es pública. Sí, ella hasta hoy comparte conmigo ciertas convicciones, aunque la realidad es que estamos muy lejos de estar de acuerdo en todo. Pero, ¿no podría ser que sean los mérito propios de mi hija las que en alguna forma la colocaron en esa campaña?

El lenguaje (la redacción) de Patanbenz es realmente impecable. Merece, Patanbenz, las becas que lo han beneficiado. Lo que no concibo es que Patanbenz no alcance a ver que mis acciones en YouTube son totalmente espóntaneas. Nada está planeado. Las grabaciones son hechas cuando algún pensamiento me llega al punto de ebullición. Y sería estúpido tratar de negar que yo no haya sido calderonista desde el día en que escuché el discurso del señor, en el 2000, en el monumental mitin de Fox, en la Plaza Grande de Mérida.

Es lamentable que Patanbenz, después de estudios con becas en varias universidades de diferentes países del mundo, no pueda descubrir la libre espontaneidad de cada cosa que escribo o digo. Me es difícil concebir que Patanbenz, después de los años que con recursos de diferentes sociedades del mundo, ha pasado en universidades, no logre aún entender el régimen de privilegios que se vivió en México antes de la Reforma del Estado durante el sexenio de Zedillo. Patanbenz, después de su profunda inmersión en libros en varios idiomas y deliciosas aulas históricas, no logra entender el que un simple ciudadano mexicano, que tiene 58 años en el 2008, cuando tuvo 35 años en 1985, sufrió las consecuencias de un régimen proteccionista, que exigia petición de permiso para ser productivo.

No, Patanbenz, mi queja no tiene como raíz el no haber pertenecido en ese entonces a los "privilegiados", porque cualquiera podría serlo, con solo sucumbir a las componendas, las mordidas y las tranzas. Muchas veces fui "aconsejado" en el sentido de que "el que no tranza, no avanza". Me negué, como me sigo negando el día de hoy y me seguiré negando el resto de mi vida.

Sólo pido una sociedad en la que sea posible que todos participen en la competencia y que sea el que mejor logre hacer las cosas el que se lleve el premio del éxito en la vida. El día de hoy, el panismo de Patricio Patrón en Yucatán, que no me favoreció ni en lo ínfimo, sí mantuvo en todo momento condiciones para que fuera el éxito en la competencia lo que determinara el resultado final del emprendedor de lo que fuere. No se le protegió a ningún deportista, a ningún profesional, a ninguna religión, a ninguna escuela. Se crearon condiciones de libre competencia. Ésas son las condiciones que siempre pedí.

Cuando en 1985 solicité el permiso que me exigían las "leyes" (proteccionistas) para importar los componentes (chips, capacitores, resistencias, etc.) me dijeron que yo "trabajara en alguna empresa" (en lugar de hacer la mía), y me mencionaron los nombres de las "aceptables" (desde luego, transnacionales en "buena relación" con el gobierno en turno). Mientras aquí se nos negaba el permiso para armar nuestros experimentos, en los garages de Estados Unidos o Alemania, los adolescentes podían jugar con piezas que compraban en la tienda de electrónica del barrio. Las grandes empresas nacionales (ya "amarradas" con el régimen), requerían "cerrar las fronteras" para evitar la competencia al máximo.

A ver si el párrafo anterior le facilita a Patanbenz la comprensión de los "privilegios" a los que me refería. Claro, hoy el mundo ha cambiado; pero cuando en 1984 intenté por primera vez tener una cuenta de e-mail con un servicio que me permitía llamar a un teléfono para hacer mis envíos, ¡requerí un permiso especial de la Secretaría de Comunicaciones! Ése es el régimen de privilegios que jamás aceptaré; un régimen que les convenía a los políticos de esos momentos y que ferozmente defendían, pero no por el bien del país, sino por el bien de los "protegidos".

Esto, ¿es muy difícil de entender, ser humano Patanbenz?

Entre otros calificativos, Patanbenz me coloca el de "yunkista-mocho". Tengo varios vídeos en que me declaro ateo, tanto en inglés como en español. Es tan grande mi indiferencia ante el "Yunque" y es tan grave el daño que puede provocarle a Acción Nacional, que gustoso entraría en debate público contra estos grupúsculos de ideologías obsoletas y religiones desgastadas e inútiles. Por desgracia, es necesario "respetar" la libertad de pensamiento y de culto que consagra la Constitución Mexicana; pero también ellos deben de respetar la también consagrada libertad de expresión de que yo disfruto, con la protección de esa misma Constitución.

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