domingo, 25 de noviembre de 2007

Terrenos, empresarios y gobierno

Nuestro país, México, como sucede en muchos otros países del mundo, contiene en su seno básicamente dos culturas: la capitalista y la diferente. A la "diferente" no le podemos llamar "no capitalista" porque sí lo es, por lo menos parcialmente. La capitalista queda bien nombrada así porque coincide con las características más relevantes del resto del mundo clasificable como tal.

En la cultura capitalista la tierra es una de dos: capital o terreno. La tecnología de la producción acentúa cada vez con mayor énfasis la separación del concepto de "capital" del concepto de terreno. La cultura "diferente" requiere terreno cuando vive de su tecnología "diferente". En la medida en que los miembros de la cultura "diferente" se convierten en miembros activos de la cultura capitalista, pierden el arraigo al terreno como elemento de subsistencia. El alimento en el capitalismo viene empacado o enlatado y se obtiene con el pago de moneda en cualquier almacén o tienda. El alimento en la cultura "diferente" proviene del cultivo del terreno. En vez del trabajo del cultivo del terreno, el ser de la cultura "diferente" va transfiriendo el sustento de su vida al método del intercambio de su trabajo personal por moneda.

El modo de producción resultante del uso de la tecnología avanzada hace que, tanto con menos personas como en menos metros cuadrados de terreno, se puedan producir mayores cantidades de lo que sea que el individuo requiere para la vida. La cultura "diferente" se ve obligada a ceder sus modos (sus usos y costumbres) en aras del capitalismo, sistema que hace posible, entre otras cosas malas o buenas, el que más gente exista viva al mismo tiempo sobre el planeta tierra.

Cuando el capitalista ve un terreno, es en último lugar que visualiza tractores arando la tierra para sembrar trigo, maíz, arroz, frijoles, tomates, plátanos o aguacates. Hay capitalistas agrícolas que en un número muy reducido y usando también superficies cada día más pequeñas, generan en sus operaciones productivas grandes cantidades de esos alimentos. Son los que vemos nosotros, todos, expuestos en toda gama de calidad de exhibidores, para que intercambiemos por moneda. Si esos capitalistas agrícolas no estuvieran haciendo su trabajo, además de todos los desastres de nuestra humanidad hoy, tendríamos el de hambre generalizada.

El terreno, a los ojos del inversionista capitalista, tiene, en primera instancia, un atractivo: bajo precio para comprarlo. Los terrenos sólo se usan para hacer desarrollos en ellos. Los terrenos abandonados son totalmente inútiles. Se dice que "van ganando valor" conforme el tiempo pasa. Sí: es lógico. La población aumenta y cada familia nueva requiere un espacio para vivir. En la medida en que los terrenos no aumentan pero los potenciales usuarios sí, tenemos el caso elemental de un aumento de demandantes sin un aumenta en lo ofertado. Es la forma garantizada para que el precio del bien estático aumente irremediablemente.

El gobierno, intermediario entre las culturas del país, tiene entre otras miles de funciones, la de transferir de la cultura "diferente" a la cultura capitalista, los terrenos. La cultura "diferente", poseedora de un terreno, llega al punto en que la sola posesión de dicho terreno no aporta beneficio subsistencial alguno. Por otra parte, los potenciales inversionistas capitalistas ante terrenos ociosos (y consecuentemente, improductivos), crean planes de inversión.

Éste es el momento crucial, cuando el terreno pasa de la posesión del individuo de la cultura "diferente" al proceso que convierte a ese terreno en un bien registrado en el catastro de la propiedad de los del mundo plenamente capitalista. Y en ese paso fino y único en la historia, es el gobierno el encargado de hacer el papel de árbitro para que se dé el proceso. El gobierno no es un ente amorfo, sino que tiene funcionarios. Son éstos los encargados de hacer el movimiento. Ya que se trata de un momento crucial, veamos las circunstancias en torno al suceso.

Por un lado existen terrenos ociosos, poseedores de los mismos (no propietarios) sin capital para invertir en ellos y hacerlos más útiles o productivos; por otro lado existen inversionistas buscando en dónde colocar capital que reditúe, que crezca. ¿Habría alguna forma de impedir cualquier sospecha de ilegalidad al dar este paso? Ésta es la segunda ocasión en que el ciudadano que esto escribe sugiere (a ver si algún legislador le hace caso) que el mecanismo legislado debería contener por lo menos lo que trato de explicar a continuación.

En el preciso instante en que se conozca la existencia de tierras ociosas factibles de transferirse de la cultura "diferente" a la capitalista, se debe de comenzar por informar públicamente de ese inventario. A partir de ese momento, la autoridad intermediaria debe de tener la obligación de recibir ofertas de potenciales compradores. Las ofertas deben de llegar y de inmediato colocarse a la vista de todos los ciudadanos: quién ofrece cuánto por cada metro cuadrado, cuántos compraría, en qué ubicación y qué planea hacer con el terreno. Esta publicación tiene hoy un modo idóneo: la Internet.

Entonces, el precio que finalmente se pagaría por los terrenos sería el fijado por las leyes efectivas de la oferta y la demanda. Para algunos esto suena a "mala idea", porque se pierde una cosa que se llama el ventajismo. ¿Por qué los legisladores, los más grilleros de toda la política mexicana, no han pensado en legislar este tema?

El día de hoy nadie puede acusar al funcionario encargado del traspaso del modo "diferente" al modo capitalista de ningún tipo de delito, porque no existe legislación que ordene el método para hacerlo que no sea el que se siguió. Es un hecho que no todos los capitalistas del mundo se enteraron de la oferta de terrenos. Se enteró un grupo que aceptó pagar un precio. Es muy factible que en una subasta abierta, el precio habría sido algo más cercano a lo que finalmente se pagó que algo cercano a lo que se sugiere en la acusación. La acusación es altamente especulativa. Es factible especular con la tierra y las acciones de la bolsa, pero no con la libertad de un ser humano por obrar con el método sugerido en la ley. Es malo el método; podría ser. Pero, ¿delito?

No nos queda otro remedio: tenemos que concluir que se trata de una movida política.