martes, 25 de septiembre de 2007

Imagen e información

Hay cifras duras que muestran diferencias sustanciales entre los gobiernos previos al cambio del 2000 y los posteriores. El problema con estas cifras, es que se trata de números inmersos en la maraña muy profunda de la historia financiera de los gobiernos anteriores y de los actuales.

La delicada victoria electoral de julio 2 de 2006 es un fenómeno especial. El partido que a muy duras penas ganó, no era ni remotamente el que se esperaba unos seis meses antes. La apretada victoria fue claramente producto de una figura que supo mostrar "algo" que convenció a ciudadanos que antes no pensaban darle su voto a ese partido. De hecho, si se analizan las encuestas de intención de voto, vamos a notar que tuvo un momento mucho más alto que el momento de la final. El descenso se dio cuando el oponente cercano decidió lanzar una campaña negativa, sustentada en un hecho que jamás se comprobó pero que sí fue útil para provocar pérdida de votos. Lo curioso es que las encuestas muestran que la campaña negativa provocó un descenso en el número de ciudadanos que tenía la intención de votar. Estos ciudadanos decidieron no votar como consecuencia de la campaña negativa. Lo iban a hacer a favor del partido que finalmente obtuvo la apretada victoria. El cambio no fue a favor de otra alternativa, sino hacia la abstención. La encuesta después del primer debate mostraba más de dos millones a favor, con un 65% de participación. Al final se dio un bajonazo en la participación, con la pérdida mayor para el de la apretada victoria. Las consecuencias de esta situación ya son bastante ámpliamente conocidas.

En el estado de Yucatán se dio el escenario de un proceso mucho más complejo. Los números duros también habrían reflejado un gobierno de mucha más calidad que los anteriores. Sin embargo, esa calidad no fue transferida como pieza de conocimiento a los ciudadanos. Entre éstos se dieron dos posturas: los que confiaron en que lo que sea que se estuviere haciendo estaba y bien y los que no confiaron, sencillamente porque históricamente jamás lo habrían hecho a ciegas. De hecho, los del "voto duro" de la opción fuera del poder durante el sexenio 2001-07, en forma automática fueron desacreditando consistentemente cualquier acción del gobierno en funciones.

Ese golpeteo automático no habría tenido gran trascendencia de no haber sido por tratarse de ataques no esperables: la prensa de mayor circulación en Yucatán. Ésta, en forma tradicional, apoyó cuando fue oposición, al partido y a los partidarios y políticos que se encontraban en el poder en 2001-07. Sin embargo, ya siendo gobierno, esa prensa fuerte comenzó a emitir sus propios golpes.

Entre el golpeteo "en automático" de la oposición "dura" y el golpeteo especialmente agudo de la prensa que otrora les dio su apoyo a los que estaban en el poder, las piezas de información que le llegaron al electorado fueron confusas, pero con tendencia a lo negativo. Si a esto le agregamos el resquebrajamiento de los grupos de los precandidatos contendientes y la descalificación (sólo políticamente sustentada por los que perdieron en 2001), vamos a tener un consomé perfecto para provocar una elección de relajo.

Debemos de partir del supuesto de que la elección fue limpia y que el total de los votos registrados es el mismo que el de los anunciados. Esa contundente victoria electoral de quien ganó no concuerda con ninguna de las encuestas previas o de salida aplicadas el día de la elección. Beneficia la duda favorable el hecho de que las encuestas han sido tradicionalmente difíciles de aplicar en Yucatán. La gente dice lo que le da la gana al encuestador, y, desde luego, hace exactamente lo mismo: lo que le da la gana. De 9 encuestas importantes levantadas, sólo 2 han concordado con los resultados (federales ambas). El resto, federales o estatales, jamás han medido las verdaderas intenciones. Por lo tanto, asentemos hipotéticamente que es sostenible un fenómeno "extraño y atípico" lo que aconteció el 20 de mayo del 2007.

La realidad es que el resultado es producto del golpeteo mediático proveniente de todos lados. La cadena televisiva con emisarios en Yucatán, dominada por enemigos extremos del gobernador 2001-07, golpearon fuerte en forma constante. Ellos diseminaron verdades a medias y mentiras totales a nivel nacional. La maledicencia y la calumnia alcanzaron minutos en las cadenas internacionales de noticias. Fue vergonzoso para los yucatecos en general, sobre todo porque la conclusión tendría que haber sido que se trataba de un pueblo de gente con poca capacidad mental para elegir a sus gobernantes. Pero la conclusión habría sido falsa. Cuando se hace un análisis serio, comparativo entre la importancia de lo materializado en 2001-07 contra lo materializado en 3 o 4 sexenios locales anteriores, es factible concluir que el sexenio 2001-07 fue efectivamente de logros y buen aprovechamiento de los recursos.

En otras palabras: se hizo lo que se podía y se debería de hacer. No se dejó de hacer sino lo que no estuvo al alcance. Claro, ésta no es sólo una opinión, sino una manera de concluir lo que se sustenta con números mucho más fríos que los calurosos golpeteos mediáticos constantes.

Confusión: ése fue el principal logro de la orquesta disonante.

¿Cómo se puede evitar esa confusión masiva?


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