jueves, 27 de septiembre de 2007

La difamación a Vicente Fox

No hay ninguna sustancia, nada que ayude a este país a ser mejor, nada, en toda la basura que sólo tiene por objetivo levantar una ola de difamación en contra de un ser humano, Vicente Fox, que quizás no haya sido un genio, pero sí fue un hombre bien intencionado, apasionado por lo que cree y dispuesto a arriesgarse para defenderlo. Cada vez que la regó, fue producto de su pasión.

"Hoy, hoy, hoy". Se les olvida que lo que estaba diciendo es que ese día debería de resolverse el tema y no dejarlo para después cuando podría olvidarse.

Le gritaron "Juárez, Juárez, Juárez" en el auditorio nacional, interrumpiendo así su discurso. Una falta total de respeto, una falta pública, en un recinto oficial. Era la pacotilla para golpearlo, si era posible, todos los días. Achacarle algo, por idiota que fuera, pero hacerles creer al resto de los mexicanos que habían sido "idiotas" al votar por "alguien como él".

Ése era realmente el mensaje. Decirles a los que lograron que ganara, que habían sido pendejos.

No habían sido ni idiotas ni pendejos. Fox fue una magnífica elección. Pero la grillada lo hizo sucumbir e ir disminuyendo progresivamente su imagen y ese apoyo popular total que tuvo en un principio.

Los medios lo golpearon cada vez que pudieron. Eran medios acostumbrados a recibir "línea", a que les cortaran el interruptor desde gobernación. Y había llegado un verdadero demócrata a la presidencia del país. Eso no lo podían entender, era demasiado para reporteros y locutores acostumbrados a la represión.

Fox era una figura para apoyar todos los días, no para buscarle elementos para burlarse de él. Si los medios hubiesen apoyado a Vicente Fox, minimizando esos actos ingenuos y sin significado alguno para el bien o mal del estado mexicano, otro tipo de sexenio habríamos tenido. Se perdieron miserablemente 6 años en la forma más estúpida al no apoyar a un equipo que sólo buscaba una mejoría para los ciudadanos mexicanos a todos los niveles.

A pesar de las constantes esforzadas acciones de golpeteo, el país no se cayó, y mucho menos se calló.

En cambio, en otra oficina pública, los medios estaban formando a un dios. Puntuales llegaban a escuchar la palabra del mesías. Así estuvieron durante cinco años. ¿Por qué? Porque sonaba "diferente", sonaba "sencillo". Sí que es diferente, sí que es "sencillo". No es discutible eso. Pero su diferencia radica en una gran capacidad para lanzar pensamientos al aire y coincidirlos con el rumor exacto de lo populista superficial. Reverenciaban al sencillo, al del poder de la gran ciudad; golpeaban a más no poder al del poder de la nación.

México tiene 2 grandes regiones: el Norte y el Sur. El D.F. está ideológicamente, en el Sur. Son tradicionalmente las grandes ciudades las que apoyan las posturas más populistas. En la ciudad se encuentra una "chamba". En la provincia se tiene que crear una ocupación. La "chamba" es algo que una entidad provee a alguien. El trabajo de propia iniciativa es algo que proviene de la inventiva del ser. La perfecta dicotomización la provoca el dios en formación de adulación reporteril diaria: con él y por ellos, "los pobres"; con los demás, los ricos, que siempre son "perversos" (según él). Detrás de la obra, una comedia que pudo ser trágica, una gran falacia.

¿Malo, perverso, mentiroso, advenedizo u oportunista? ¡Nada que ver! Es el mejor de los casos: sencillamente ignorante. El endiosantándose es un hombre bueno, tan bueno y tan bien intencionado como el Vicente Fox. Excepto que Chente cree en la iniciativa personal del ser humano, en tanto que Andrés piensa que lo necesitan a él para defenderlos "de los malosos".

Los hombres, ambos mexicanos buenos, personas de profundas buenas intenciones, pero ambos con un grado de ignorancia no deseable para alguien en sus posiciones. Dos posiciones encontradas imposibles de conciliarse. De un lado, se piensa que el ser humano debe de ser defendido de los otros seres humanos que logran triunfos en el sistema capitalista; del otro lado, se piensa que hay que promover en el ser humano la capacidad de resolver por sí mismo su problemática existencial, proveyendo un ambiente de justicia y equidad. La dádiva contra la educación; el proteccionismo contra la competitividad; el populismo contra la democracia; el estado que se mete en todo contra el estado que debe de proveer seguridad, justicia y equidad ante la ley; ambos partidarios de la libertad religiosa total, pero uno de ellos con el cosquilleo de un ateísmo inconfesable (perfectamente respetable y bien escondido), en tanto que el otro sufre de las añoranzas cristeras (muy su gusto).

¿Por qué al uno se le endiosa en tanto que al otro se le desacraliza? Y no es que desacralizar al poder del presidente en México sea algo indeseable, no, para nada. La cuestión es, por qué ensañamiento en el golpeteo, por qué ese deporte nacional de darle duro, de burlarse, de desacreditarlo.

El IVA generalizado le habría aportado al gobierno federal los fondos, sin concentrarse en la extracción de los mismos de siempre, haciendo peligrar la creación de más empleos. Hoy Calderón los llama a que "jalen" parejo. El capital "no jala parajo", sólo va a dónde tiene réditos. Si en México el capital deja de tener las ganancias esperadas o que se reciben en otros lugares del mundo, entonces el capital se irá a esos lugares. Ésa es la atracción del capital: la ganancia. Y no depende de los dueños del capital, sino de la inercia de los negocios, que están en manos de juntas directivas que buscan productividad y ganancia.

El 16.5% de la diferencia entre las entradas y las salidas, será lo que se pague cuando el ISR sea menor a esa cifra.

El IVA generalizado, con repartición vía los programas asistencialistas, era la fórmula perfecta para evitar la fuga de capitales. Esperemos que al sacar cuentas éstas cuadren.

Fox no fue ningún inepto, sino un simple cristero, ingenuo, bien intencionado y con nulo apoyo de los medios. Los adoradores históricos de los Grandes Tlatoanis no toleraron la abrupta desacralización del poder a manos de un cristero.

El humanismo y espíritu democrático de Fox llegó al punto de cancelar cualquier acción contra el endiosado, devolverle su fuero al populista y dejarlo pelear limpiamente. Lo que jamás dejó de hacer Fox es de dar su opinión. Eso, ¿es peor que tratar de engañar al ciudadano mexicano con la difamación y calumnia desatada en los anuncios de la campaña sucia? Sucio no es dar una opinión, sino pretender hacerles creer a los electores algo que no es verdad.

martes, 25 de septiembre de 2007

Imagen e información

Hay cifras duras que muestran diferencias sustanciales entre los gobiernos previos al cambio del 2000 y los posteriores. El problema con estas cifras, es que se trata de números inmersos en la maraña muy profunda de la historia financiera de los gobiernos anteriores y de los actuales.

La delicada victoria electoral de julio 2 de 2006 es un fenómeno especial. El partido que a muy duras penas ganó, no era ni remotamente el que se esperaba unos seis meses antes. La apretada victoria fue claramente producto de una figura que supo mostrar "algo" que convenció a ciudadanos que antes no pensaban darle su voto a ese partido. De hecho, si se analizan las encuestas de intención de voto, vamos a notar que tuvo un momento mucho más alto que el momento de la final. El descenso se dio cuando el oponente cercano decidió lanzar una campaña negativa, sustentada en un hecho que jamás se comprobó pero que sí fue útil para provocar pérdida de votos. Lo curioso es que las encuestas muestran que la campaña negativa provocó un descenso en el número de ciudadanos que tenía la intención de votar. Estos ciudadanos decidieron no votar como consecuencia de la campaña negativa. Lo iban a hacer a favor del partido que finalmente obtuvo la apretada victoria. El cambio no fue a favor de otra alternativa, sino hacia la abstención. La encuesta después del primer debate mostraba más de dos millones a favor, con un 65% de participación. Al final se dio un bajonazo en la participación, con la pérdida mayor para el de la apretada victoria. Las consecuencias de esta situación ya son bastante ámpliamente conocidas.

En el estado de Yucatán se dio el escenario de un proceso mucho más complejo. Los números duros también habrían reflejado un gobierno de mucha más calidad que los anteriores. Sin embargo, esa calidad no fue transferida como pieza de conocimiento a los ciudadanos. Entre éstos se dieron dos posturas: los que confiaron en que lo que sea que se estuviere haciendo estaba y bien y los que no confiaron, sencillamente porque históricamente jamás lo habrían hecho a ciegas. De hecho, los del "voto duro" de la opción fuera del poder durante el sexenio 2001-07, en forma automática fueron desacreditando consistentemente cualquier acción del gobierno en funciones.

Ese golpeteo automático no habría tenido gran trascendencia de no haber sido por tratarse de ataques no esperables: la prensa de mayor circulación en Yucatán. Ésta, en forma tradicional, apoyó cuando fue oposición, al partido y a los partidarios y políticos que se encontraban en el poder en 2001-07. Sin embargo, ya siendo gobierno, esa prensa fuerte comenzó a emitir sus propios golpes.

Entre el golpeteo "en automático" de la oposición "dura" y el golpeteo especialmente agudo de la prensa que otrora les dio su apoyo a los que estaban en el poder, las piezas de información que le llegaron al electorado fueron confusas, pero con tendencia a lo negativo. Si a esto le agregamos el resquebrajamiento de los grupos de los precandidatos contendientes y la descalificación (sólo políticamente sustentada por los que perdieron en 2001), vamos a tener un consomé perfecto para provocar una elección de relajo.

Debemos de partir del supuesto de que la elección fue limpia y que el total de los votos registrados es el mismo que el de los anunciados. Esa contundente victoria electoral de quien ganó no concuerda con ninguna de las encuestas previas o de salida aplicadas el día de la elección. Beneficia la duda favorable el hecho de que las encuestas han sido tradicionalmente difíciles de aplicar en Yucatán. La gente dice lo que le da la gana al encuestador, y, desde luego, hace exactamente lo mismo: lo que le da la gana. De 9 encuestas importantes levantadas, sólo 2 han concordado con los resultados (federales ambas). El resto, federales o estatales, jamás han medido las verdaderas intenciones. Por lo tanto, asentemos hipotéticamente que es sostenible un fenómeno "extraño y atípico" lo que aconteció el 20 de mayo del 2007.

La realidad es que el resultado es producto del golpeteo mediático proveniente de todos lados. La cadena televisiva con emisarios en Yucatán, dominada por enemigos extremos del gobernador 2001-07, golpearon fuerte en forma constante. Ellos diseminaron verdades a medias y mentiras totales a nivel nacional. La maledicencia y la calumnia alcanzaron minutos en las cadenas internacionales de noticias. Fue vergonzoso para los yucatecos en general, sobre todo porque la conclusión tendría que haber sido que se trataba de un pueblo de gente con poca capacidad mental para elegir a sus gobernantes. Pero la conclusión habría sido falsa. Cuando se hace un análisis serio, comparativo entre la importancia de lo materializado en 2001-07 contra lo materializado en 3 o 4 sexenios locales anteriores, es factible concluir que el sexenio 2001-07 fue efectivamente de logros y buen aprovechamiento de los recursos.

En otras palabras: se hizo lo que se podía y se debería de hacer. No se dejó de hacer sino lo que no estuvo al alcance. Claro, ésta no es sólo una opinión, sino una manera de concluir lo que se sustenta con números mucho más fríos que los calurosos golpeteos mediáticos constantes.

Confusión: ése fue el principal logro de la orquesta disonante.

¿Cómo se puede evitar esa confusión masiva?


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domingo, 23 de septiembre de 2007

Aclarando la nueva Ley Electoral en México

Durante algún tiempo los mexicanos tuvimos una gran cantidad de información que provenía de los gobiernos del PRI en la era de los 71 años. Era información exactamente a la medida de lo que deberíamos de pensar con respecto a la idea del político promoviendo alguna ley. Éste siempre era, básicamente, el presidente, el Gran Tlatoani, el único ser del cual se podrían desprender las leyes, reglamentos, legisladores, jueces, gobernadores y hasta presidentes municipales de las ciudades importantes del país. No se movía una sola hoja del árbol político sin el palomeo aprobatorio del Gran Tlatoani, el presidente indiscutible, sagrado.

En el 2000, a partir del primero de diciembre, se formalizó la desacralización del poder, que había comenzado con la primera interpelación hecha por Muñoz Ledo a Carlos Salinas. Éste y Zedillo fueron los único dos presidentes del PRI que realmente trataron de modernizar al país. Son, desde luego, los dos personajes más rechazados en las filas internas de ese partido.

Durante el tlatoanado de Zedillo se comenzaron a instrumentar las reformas más importantes. Urgía la reforma electoral y se pudo dar a partir de 1994. En 1997, un elegante IFE, totalmente ciudadanizado, organizó las elecciones federales del 97, año en que por primera vez el PRI no pudo ser mayoría por sí solo para hacer y deshacer las leyes. Tres años después, con ese IFE ciudadanizado, perdería la primera elección presidencial en su historia de 71 años.

El IFE organizó las cosas para que los votos fueran efectivamente contados. Las elecciones, a partir de ese momento, sólo se podrían ganar con votos.

Pero la forma de convencer a la gente para que votara por una opción o la otra, comenzó a depender totalmente del éxito de los partidos en comunicar en los medios masivos de audio e imagen. Miles de millones de pesos fueron a convertirse en "ventas" (automáticas y sin mérito comercial alguno) de "publicidad política" de las televisoras y de las estaciones de radio. Algunas de éstas dependían para su subsistencia, plenamente de ese periodo de anuncios constantes pagados por los partidos políticos, bajo un supuesto reglamento de máximos permisibles.

Las televisoras, hoy convertidas en gigantes de la comunicación, no lo son por méritos propios, sino por la graciosa concesión que los gobiernos precisamente del PRI, les dieron únicamente a los que consideraban "amigables" (y controlables) los gobiernos tlatoánicos. La palabra dicha en la TV nacional era siempre producto, ya sea de una orden directa del presidente en turno, o bien, de lo permitido en un sagrado filtro de la otrora omnipotente secretaría de gobernación. Todo esto se acabó a partir del gobierno de Fox. Pero no se acabaron los privilegios en el uso de las frecuencias para la transmisión de imagen y sonido en forma masiva.

Esta reforma electoral y la reforma de medios que viene, finalmente provocan madurez en el país mexicano. Es triste que se haya logrado el consenso de los tres partidos necesarios para lograr reformas constitucionales sólo con el costo de la decapitación, que por lo menos se consiguió "progresiva", de todos los consejeros del IFE. La vendetta en contra de Ugalde por parte de los que no aceptan haber perdido la elección del 2006, exigió el rodar de esa cabeza, un personaje nacional que sólo se limitó a cantar los números que todos estábamos viendo en nuestras pantallas de televisión y a través de Internet. Esperemos que los consejeros del futuro no actúen para dejar contentos a los partidos políticos, sino sólo para dejar correcto y preciso el cumplimiento de la ley, como efectivamente lo hicieron Ugalde y el resto de los consejeros. La historia de Ugalde será siempre un ejemplo de la magia mexicana, en la que los oídos sólo advierten las ondas sonoras que desean escuchar.

A parte de esa odiosa y reprochable negociación, la reforma electoral parece ser totalmente positiva. Esto es afirmable por lo menos por las siguientes razones:
  1. Significa un ahorro efectivo en las campañas de unos 5000 millones de pesos sexenales (a nivel federal), más otros tantos para las campañas estatales.
  2. Las televisoras y las estaciones de radio no recibirán moneda alguna por concepto de los anuncios políticos. Sí tendrán que publicarlos, pero como "pago parcial" del derecho de explotar la parte de la banda que les hemos concedido (como sociedad) para su trabajo de comunicación, que buenas ganancias les deja. Lo que no era correcto es que las ganancias fueran "obligadas" o "amarradas". Ahora sólo el IFE negociará con las televisoras los tiempos de los anuncios para los partidos, sin que medie pago alguno por la aparición de los mismos.
  3. Las personas físicas y las personas morales no podrán pagar anuncios que tengan como objetivo variar hacia alguna opción política el voto de los ciudadanos. Puede haber dinero bueno, legal, detrás de los anuncios ideológicos, pero, por desgracia, también puede ese dinero provenir de fuentes no deseables. Esto es lo que han dado por llamar "coartar la libertad de expresión". En cierta forma sí, por primera vez, a nivel constitucional, se prohíbe una forma de comunicación pagada por quien sea, para decir públicamente algo que pueda variar el sentido del voto. Sin embargo, la reforma constitucional no prohíbe que en entrevistas se exprese lo que se desee (aún cuando lo dicho provoque cambios en las intenciones de voto). Por lo tanto, se agrega el derecho de réplica: si te dicen algo públicamente por 10 minutos, tienes derecho a decir tú lo que tengas que decir para defenderte, por ese mismo tiempo, en un horario semejante y en los mismos medios que te mencionaron.
  4. Los anuncios que hacen los gobiernos federales, estatales y municipales para comunicar sus obras (o sea, para hacerse propaganda), no podrán mostrar foto, nombre o perfil de político alguno: ya sea gobernador, presidente municipal o presidente nacional. Esto evitará que los políticos usen sus puestos para vender sus imágenes con presupuestos de los erarios públicos de todos los niveles.
  5. Las campañas federales no podrán ser prolongadas por más de 90 días. Esto es un alivio para todos los ciudadanos, dado que los tiempos electorales pueden llegar a ser agotadores, fastidiosos y provocar rechazo y falta de interés, que es exactamente lo contrario de lo que se busca.
El tiempo nos demostrará otros beneficios de la reforma y también otros elementos no tan beneficiosos que tendrán que ser corregidos conforme experimentemos los resultados. Parece que el país mexicano está comenzando a avanzar. Lo más importante es que logremos un sistema en que la información de lo real no se tergiverse, sino que se esfuerce en comunicar lo objetivamente comprobable.


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